jueves, 11 de febrero de 2016

Nacho Quintana con el Museo de la ciudad en Lne/Oviedo

Exsecretario de Estado de Cultura Clarín sin el Museo de la Ciudad En Oviedo sigue soplando "el viento sur, caliente y perezoso". Y la plaza de la Catedral la preside, además de su única torre, la gentil escultura de la Regenta enfrentada al antiguo casino de Vetusta. Al mismo tiempo, Leopoldo Alas, con su seudónimo Clarín, (1852-1901), sigue sin tener la exposición permanente de su vida y de su obra en una importante sala del también inexistente Museo de la Ciudad. Ese imprescindible y moderno museo local se incorporaría al triángulo dorado que forman la Catedral, el Bellas Artes y el Arqueológico. Ya comenté públicamente hace un par de años (LNE, 13-5-2014) este Museo de la Ciudad que, más recientemente, defendió el presidente de la novedosa asociación "Amigos de Vetusta, Lancia y Pilares". Es un viejo problema que deben solucionar los gobernantes del Ayuntamiento carbayón. Recordemos que Leopoldo Alas Argüelles, hijo de Clarín, de convicciones republicanas y rector de la Universidad, fue fusilado en 1937 por las autoridades franquistas de un Oviedo cercado por los republicanos. El escritor Pedro de Silva, con su impresionante libro "El Rector" (2014), ha recreado, paso a paso, el espanto de ese asesinato "legal" de este hijo de Clarín. Uno de los muchos tremendos dramas concretos de la Guerra Civil Española. Si Clarín hubiese vivido en 1937 tendría entonces ochenta y cuatro años, y también habría sido fusilado al lado de ese hijo, fundamentalmente, por haber sido el autor de "La Regenta". En aquellos años treinta del pasado siglo todavía le maldecían en Oviedo. Por eso los malditos destruyeron con villanía el monumento que sus admiradores le habían erigido en el Campo San Francisco en 1931. Fue un adelanto de los cuarenta años de la dictadura franquista. Lean el extenso y exhaustivo artículo del historiador David Ruiz sobre este tema (LNE, 10-1-2002). Leopoldo Alas, Clarín, murió con el siglo XIX en 1901, al igual que su último libro que fue póstumo y tituló, precisamente, "Siglo pasado". No había cumplido los cincuenta años. Este autor, que tenemos que honrar, había sido catedrático, periodista, cuentista, ensayista, crítico, novelista y, también, concejal de Oviedo, y en el siglo XX, después de haber pasado el infierno y luego el purgatorio del mencionado franquismo, se empezó a elevar al cielo literario en nuestra importante transición democrática, hasta ser coronado con sus dos centenarios: el del nacimiento de "La Regenta" (1984) y el de la muerte de su autor (2001). Con unos cuantos datos resumo la lenta y luego acelerada rehabilitación de nuestro conciudadano universal, en España y fuera de nuestro país: los muchos trabajos de Martínez Cachero, máximo devoto universitario de Clarín, o los del también recordado Emilio Alarcos, como "Las notas a La Regenta" (1952) o "Clarín y la lengua" (1977); el incremento progresivo de las ediciones de sus obras en español y luego traducidas en muchos países extranjeros, resaltando su primera edición de bolsillo de "La Regenta" (1966) en España, o la traducida por John Rutherford en su doble edición inglesa y norteamericana (1984); recuperación y detallado prólogo del citado "Siglo pasado" por el profesor José Luis García Martín; edición de su obra completa en doce volúmenes por una meritoria editorial asturiana; diversos números de homenaje de las principales revistas culturales, resaltando la desaparecida "Argumentos" y aquellos tres excepcionales números monográficos de "Los Cuadernos del Norte", también desaparecida, que creó y dirigió Juan Cueto Alas, con artículos suyos como esa encantadora ruta literaria de "Los senderos de Vetusta o la provincia como espectáculo" y "La Regenta, la dictadora y la esfera espantosa" publicada en "Triunfo"; cuatro importantes congresos internacionales, como el que patrocinó el Ayuntamiento de Oviedo, que regía el alcalde socialista Antonio Masip, y organizó la Universidad con su rector Alberto Marcos Vallaure; y las dos exposiciones conmemorativas, la primera organizada por el Ministerio de Cultura (1984), con sus comisarios Martínez Cachero y Andrés Amorós, así como la segunda exposición, la del Ministerio de Fomento (2001), siendo comisario Javier Barón. Los catálogos de aquellas magníficas exposiciones efímeras pueden servir perfectamente para preparar hoy esa exposición permanente de Clarín en Oviedo, exposición y museo que he comentado al principio de este artículo. Lo que he resumido sobre Clarín en esos últimos años del siglo XX sería hoy un pasado perfecto, siempre que en estos primeros quince años de este nuevo siglo XXI el mito de Oviedo-Vetusta y el aliento de Clarín se hubieran alimentado mutuamente y de forma definitiva en nuestra ciudad. Repito que Clarín ha pasado por el infierno, el purgatorio y el cielo. Ahora hemos conseguido instalarlo en el limbo ovetense, ese lugar bíblico donde nuestras almas inconscientes pueden ignorar los asuntos que nos deberían interesar. Por eso ahora en Oviedo se esperan tranquilamente otros cien años para celebrar las segundas conmemoraciones. El escritor L. A. Argüelles-Meres ya había dicho, muy claramente, que los ovetenses "aún no somos conscientes del significado que tuvo la figura de Clarín como faro de una España que buscó la modernidad" (Atlántica XXII, nº 41, 20015). ¡Ay amor, amor! Ojalá que los responsables políticos de nuestro Ayuntamiento se enamoren de Clarín lo suficiente, para que construyan ese Museo de la Ciudad, con una importante sala dedicada a esta extraordinaria figura ovetense de las letras españolas. Esa necesaria construcción museística que se debería de poner en marcha, al igual que ese nuevo Museo de Alfarería y centro de cerámica de Faro (Limanes) que inaugurará el Ayuntamiento el próximo año. Estoy seguro de que Wenceslao López, veterano socialista y actual alcalde de Oviedo, conseguirá que desaparezcan definitivamente el olvido y la ingratitud a Leopoldo Alas, Clarín, en nuestra Vetusta clariniana.

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