viernes, 29 de enero de 2016

LEPRA MENTAL

A Don Julián Hidalgo Vázquez,que compartía con mi abuelo Antonio la dirección del Banco Herrero, de acogedores y espesos bigotes rizados,al que llamábamos en familia,tío Emilio, un reloj de pulsera había dejado marca en la piel que,decía,"no se quita con nada".Un galeno llegó a temer que se tratara de ¡lepra!.El mero nombre de la enfermedad mítica ponía estado de alarma higienista pero no a tío Emilio,impasible donde los hubiera,cuyas sobrinas juzgaron se había precipitado,en un exceso de modernidad impropia e irreverente,a sustituir el inofensivo y más elegante reloj de bolsillo del chaleco.Jamás llegaría,sin embargo,a ser un "leproso que causa horror",como sucedía a la obsesiva hija de un extraordinario personaje clariniano. La lepra estaba considerada erráticamente con el estigma del contagio.Del carácter incurable da cuenta San Marcos al describir el milagro sobre un leproso muy parlanchín.Bien recuerdo la película Molokai, que pusieron en el Campoamor una semana santa, pues su naturaleza hipercristiana, tal La túnica sagrada,El Milagro de Fátima,Fray Escoba,y aún la socorrida Ben-Hur, saltaban las restricciones cinéfilas cuaresmales. Ahora se ha desvelado el informe de un censor sobre la obra de Blas de Otero, tachado por "¡lepra mental!".Y yo,ingenuo de mí, que estuve muy feliz y orgulloso de apretar la mano al poeta que me presentó José María Laso en la tertulia sabatina del cafetón La Concordia,en Bilbao! Emilio Alarcos,siempre en la excelencia y la vanguardia,dedicó a Blas la solemne lección inaugural del curso universitario 1955/56 cuyo discurso sería luego retirado de la tradicional circulación no venal. Los términos de la diatriba contra el sublime autor de "Con la inmensa mayorìa"no tienen desperdicio:"Maloliendo la historia contemporánea española y reduciéndola -por arte de metro y rima- a una sucesión de anécdotas de lupanar y sangre, Otero pretende, a codazos, situarse en la primera fila de los poetas tremendistas, ilusionado sin duda con la idea de sentar plaza en la posteridad como el bíblico Walt Whitman del descontento seudohispánico" ¡¿Blas de Otero,leproso mental,tío Emilio leproso en su muñeca izquierda?! Algo hay del mundo al revés, pues de oro eran los versos y el reloj en estas dos asociaciones de mi satánico roce con el pasado...naturalmente MENTAL.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Cómo me gusta tu forma de relatar .Gracias por ello.B

Anónimo dijo...

¿Cómo te acuerdas de éso de tío Emilio?Parece imposible pero algo recuerdo también.C

ANTONIO MASIP dijo...

En 1929 el Partido conservador consideraba a Churchill como "leproso en sus propias filas"