sábado, 7 de noviembre de 2015

Incierto Sr.Lorente

Incierto, señor Lorente
Incierto, señor Lorente
Vetan acceso de particulares al parqué de la Bolsa. ¡Qué barbaridad! 
Ya obligaban a vestir corbata a quienes contemplaban corrillos y casaciones. 
Las féminas no accedían. "Las Chicas de la Cruz Roja", sin embargo, rodó escenas dentro, cuya excepcionalidad era advertida en el cachazudo guión. 
En Oviedo, la información llegaba al patio del Banco Herrero, suministrada por un tal señor Lorente, agente madrileño, que la transmitía como Gay Talese describe al riguroso cronometrador del Madison Square Garden. Los escasos jugadores no corporativos improvisaban "órdenes de compraventa" que salían sobrepasadas pues el señor Lorente no podría ejercitarlas hasta el día siguiente. "Ser bolsista provinciano es absurdo", decían los bancarios, que, no obstante, propiciaban el surrealismo, mientras cedían ediciones atrasadas del Journal de Généve. De tarde, subalternos uniformados colocaban, en dos grandes paneles de la calle Fruela, letras y números metálicos de la cotización sobre elegante terciopelo oscuro ranurado. A la vez, en la menos céntrica Fray Ceferino, con mayor expectación, tiza y abrupta pizarra, Región daba cuenta, real o supuesta, de la etapa del Tour. 
Uno de aquellos ordenanzas del Herrero, Arsenio, que se encaramaba a la escalera, contrariado y titubeante, devendría luego en millonario, aunque, me aclaró, "¡con valores mobiliarios fuera de la cotización!". 
Tras haber oído mentar mucho al incierto señor Lorente, un día lo conocí: traje de paño inglés, anchas gafas de burócrata, escaso pelo pasado por grumo de fijador; voz queda, escuchaba más que hablar... Nada que ver con personajes de Clarín, pues no había tal Mercado en Vetusta. En cambio, el pintor Paul Gauguin, antes de su fulgurante entrega a la bohemia y la Polinesia, fue próspero agente parisino de Bolsa. 

Ahora la estética bursátil, aunque conserve la ritual campanina (¡Qué ocasión perdió Rato de evitarse con Bankia!) se la cargan al escudriño directo de un público negado para entretener su jubilación mientras calcula de primera mano el valor, o disvalor, de sus ahorrillos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Antonio me haces dudar:¿era Lorente o Llorente?P

Anónimo dijo...

5
Querido Antonio:
Creo no equivocarme si te digo que conocí bien al incierto “Sr Lorente” al que haces referencia.Era tío de mi padre y asiduo participante en interminables partidas de bridge en casa de mis abuelos, dónde yo acudía con frecuencia, sobre todo en sus últimos años, pues siempre mantuve con ellos una relación entrañable. El Sr Lorente al que me refiero, antiguo militar y “persona de orden” entendido esto como se entendía en aquella época (te estoy hablando de finales de los sesenta y comienzo de los setenta del pasado siglo) era, efectivamente Agente de Bolsa en Madrid. Siempre me llevaba de vuelta a mi casa en su coche y siempre fue conmigo sumamente cariñoso e, incluso, bastante respetuoso con mis opiniones políticas, no precisamente coincidentes con las suyas ya en aquellos años. Algunos fines de semana me llevaba con él a su finca de Guadalajara, dónde dábamos largos paseos levantando perdices y conejos. De todo ello guardo un grato recuerdo.I

Anónimo dijo...

Cierto Incierto Lorente.G

Anónimo dijo...

MUY BONITO

ABRAZOS
G