jueves, 29 de octubre de 2015

El tenor Joisés Molín saluda la maravillosa irrupción bruselense de Carlo


BIENVENIDO CARLO 
a este mundo en obras.

Uno de los grandes placeres que he disfrutado viajando en metro es la cada vez mas rara delicia de leer por encima del hombro los periódicos gratuitos que gentilmente me sujetan mis compañeros de vagón. 

Aquellos maravillosos años en los que una o como máximo dos vueltas a la línea 6 circular bastaban para ponerte al día dieron paso en 2015, tras el fracaso del libro electrónico y del iPad, a tiempos, también efímeros y mucho menos interesantes, en los que hubimos de conformarnos con el furtivo cotilleo del Whatsapp y Facebook ajenos. 

Placeres menores que el estrechamiento de la brecha digital y el ensimismamiento que ha propiciado la proliferación de smartphones se han encargado de arrebatarnos definitivamente. 

Sin ir más lejos yo mismo que no soy mucho de Halloween, esta misma mañana compartí una suerte de trayecto zombi en metro entre las estaciones de Núñez de Balboa y Alonso Martínez con una desconocida señora recién jubilada.  

Era la de hoy una mañana movida, como todas, plagada de noticias catastróficas y desmotivadoras. 

Entre ellas nuestras apretadas agendas cotidianas convivían con bienintencionados chistes, con noticias serias y con un montón de noticias ambiguas de esas que nos abocan indistintamente al llanto o a la carcajada dependiendo de la alineación de nuestros neurotransmisores en la parrilla de salida del día.

Añadir por cierto que este miércoles 28 de octubre de 2015 había asimismo amanecido sin yo haberme posicionado aún a favor de Rossi o de Márquez. Y sin haber decidido si sería o no conveniente el editar un vídeo divulgativo de ambos dos, unidos a Zidane, Tassotti, Suarez y demás versionando la célebre canción didáctica inglesa "Head and Shoulders..."

Se me amontonaba el trabajo pues nuevos cables informaban desde primera hora de la voluntad de los herederos de Mozart de levantar una valla para contener a los refugiados sirios, de la detención de los Pujol, de la declaración unilateral de independencia en Cataluña y de lo que es más grave: De la resolución de la OMS advirtiéndonos acerca de los peligros que conlleva el consumo canibal de chorizos y de carnes. Alerta que proscribe, como indeseable efecto colateral, el consumo de chuletones, embutidos y jamones ibéricos y que invita a una dieta rica en soja, maíces transgénicos y saludables carnes de laboratorio.

Las consecuencias de esta hiperactividad mental con las que bajé las escaleras y fui engullido por la boca del metro eran previsibles... Inmersos en nuestros respectivos teléfonos móviles tanto la señora recién jubilada como yo olvidamos la inexcusable obligación social de sonreírnos y saludarnos. 

Haciéndose cargo de nuestra no pretendida descortesía, la veterana mujer tomó felizmente la iniciativa. Y con exquisita magistral elegancia, le bastaron dos sencillas frases lanzadas al aire para humanizar nuestro casual encuentro haciéndome partícipe de su día.

Dos frases a pleno pulmón y una suma total de 7 palabras dictadas en voz alta al Siri de su teléfono, le aliviaron por añadidura a la señora recién jubilada el engorro de digitalizarlas y la presumible lucha con el autocorrector.

- "Felicidades!" fue la primera de ellas. Una frase exclamativa e integradora que dictada entre Núñez de Balboa y Rubén Darío creó un par de minutos de expectación que serían resueltos por una segunda frase que resonó cuando ya casi estábamos entrando en Alonso Martínez...

- "Pues sí que me he adelantado"
Frase abierta que aclaró nuestras primeras dudas, que puso a trabajar nuestra imaginación y que propició una carcajada muda al unísono de los 50 interlocutores que habíamos disimuladamente permanecido en vilo.

Entre ellos yo, que aunque tan solo me giré hacia ella el ángulo exacto que me permitía leer de reojo su cara Gioconda, no estaba dispuesto a perder la oportunidad de recoger con asturiana distinción y nobleza, el guante que me había sido lanzado. 

Me vinieron entonces a la mente en forma de pregunta algunas incongruencias de este mundo en obras que hemos heredado y que debemos perfeccionar para nosotros y para las nuevas generaciones: 
- Qué tiene de malo hablar con desconocidos? 
- Conozco yo o me conoce a mi todo el mundo? 
- Si concluimos que todos somos o podemos ser desconocidos... Por qué toleramos y practicamos el bullying al "desconocido", al extraño o al extranjero? Es por tanto coherente hacerle el vacío a ese "desconocido", que somos todos y que se sienta a nuestro lado, mientras priorizamos conversar con glamorosos desconocidos cibernéticos?

El caso es que durante los escasos 30 segundos en frenada que faltaban de túnel llegué a la conclusión de que, a partir de los 25 años, debería prescribir esa prohibición muy de abuela de hablar en la calle con extraños.

En cualquier caso es divertido, pensé, observar cómo la tecnología acaba siempre recuperando su principal sentido y razón de ser: Dar cobertura a la necesidad de comunicarnos y compartir alegría que es común a todos los seres humanos.

En ese instante sonó mi teléfono y con inmenso júbilo recibí el primer vídeo de mi nuevo sobrinito Carlo que hacía las delicias de sus papis, del personal médico de un hospital en Bruselas y que era ya trending topic en los grupos de los Carniceres, los Molines, los Fuertes y los Botos. 

Me levanté del asiento como si fuese un globo aerostático, aupado por el impulso del gas sonrisa que llenaba mis mofletes. Y, a vista de pájaro, hice una foto panorámica a las magníficas esculturas de cera con las que el destino había querido que compartiese la llegada al mundo del hermanito de Lea. 

Antes de darle al play me cercioré que el volumen del vídeo estuviese bien alto. 

Y... Una nueva carcajada muda unánime inundó el vagón de la línea 5 del metro de Madrid.

Al bajarme dejé a mis 49 interlocutores y a la señora recién jubilada enfrascados en sus respectivos Whatsapp. Nadie por supuesto se había dado por aludido... 

Este 28 de octubre a partir de las 9:39 continuaba siendo un día normal lleno de noticias y de importantes citas al que dos anónimos desconocidos y un 15 días madrugador Carlo Fernández Fuertes habíamos añadido un nuevo motivo de estrés: Las 50 nuevas, enormes y contagiosas sonrisas que a duras penas cabían en el vagón de la línea 5 del Metro de Madrid... La de color verde esperanza. 

José Moisés Fernández Carnicer.
En Madrid, miércoles 28 de octubre de 201

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