viernes, 9 de octubre de 2015

Artículo del concejal Diego Valiño en Asturias 24 sobre el dolor

De vez en cuando vuelve a la actualidad temas que pueden resultar para algunos sensibles. En concreto y a costa de una niña que está ingresada desde el 9 de junio en el Hospital de Santiago de Compostela (a causa de una trombopenia que agravó su estado de salud), se ha retomado la cuestión de la muerte digna.
Andrea lleva 12 años luchando. Su enemiga es una enfermedad rara, neurodegenerativa e irreversible. Sus padres comenzaron una batalla para conseguir que su hija no tenga más dolor. Desde hace cuatro meses, la menor se alimentaba de forma artificial, con una sonda conectada directamente a su estómago, hasta que la presión a través de los medios de comunicación ha hecho cambiar la postura del equipo de Pediatría del Hospital, que sólo la va a mantener con una mínima dosis de hidratación para que los fármacos hagan efecto (con lo que el desenlace será cuestión de días).
En situaciones como la de Andrea empiezan a salir diversos conceptos de los cuales a veces se confunden sus verdaderos significados. Muerte digna, suicidio asistido, eutanasia, cuidados paliativos y testamente vital son algunos de los utilizados estos días. Siempre me he mostrado a favor de no legislar a golpe de telediario, pero tampoco apoyo que una vez que han dejado de tener interés mediático caigan en el olvido hasta la próxima ocasión. Cada persona es un mundo y, siempre y cuando tenga la suficiente facultad para decidir, creo que es la dueña de hacer con su vida lo que estime oportuno. No me parece que nuestra vida tenga que consistir en sufrir dolor, pero en última instancia es cada persona la que tiene que decidir qué hacer.
Durante mis primeros años en la Facultad compartí aula con una mujer muy valiente y luchadora. Un programa de La 2 le hizo un reportaje una vez y empezaba así su presentación: “Estoy en silla de ruedas por una enfermedad degenerativa sin diagnóstico desde los seis años pero eso no quita que tenga ganas de vivir”. Su decisión era que la vida hay que vivirla cada segundo, que es un regalo de Dios y que no hay que desaprovechar ni un segundo. Esta opinión es para mí tan respetable como la de querer morir sin sufrimiento. Hoy asistiré en la Biblioteca del Fontán a la conferencia del doctor Luis Montes a las 18:30 horas titulada ‘Derecho a Morir Dignamente’. Seguro que será muy interesante. 

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