domingo, 27 de septiembre de 2015

CARLOS CASARIEGO

Las ciudades de Carlos Casariego

La fotografía pura y el juego de los encuentros con la pintura desde el "fotografiar es amar lo que miramos"

18.02.2014 | 01:45
"Volcano", obra de la serie "Paisajes imaginados".
"Volcano", obra de la serie "Paisajes imaginados". 
Es Carlos Casariego (Oviedo, 1952) uno de los más destacados fotógrafos del arte asturiano y también uno de los profesionales de la fotografía con mayor diversidad de registros expresivos, géneros y temáticas en su obra. Después de una destacada trayectoria como fotógrafo industrial, sus imágenes nos hablaron de instalaciones, arquitecturas, paisajes urbanos o de la naturaleza, escenas callejeras, rostros, lugares, íntimos rincones o simplemente formas sugestivamente plásticas, de los lugares en los que ha vivido y trabajado. Ahora acaba de publicar un muy atractivo libro, con el título de "Ciudades/cities", que recoge una selección de fotografías tomadas en tres continentes, un buen número en Asturias, y que fue presentado no hace mucho en la librería-galería Cornión de Gijón y hace unos días en el Colegio de Arquitectos de Oviedo.
Carlos Casariego fue también, conviene recordarlo ahora que ha pasado tanto tiempo, y a propósito de este libro, uno de los mejores pintores asturianos de la abstracción expresionista. Pocos habrán lamentado tanto como yo que dejara de pintar, como ocurrió con Francisco Velasco. Pero cuando apostó por la fotografía, en el otro caso fue por el grabado, lo hizo con seguridad, sin mirar atrás, y resultó una apuesta de éxito. Digo esto para aclarar que, aunque más adelante intentaré rastrear posibles referencias pictóricas, y aunque de hecho permanezcan en su memoria estética, Carlos Casariego está bien alejado de la tentación de aquello que se llamó "pictorialismo" en el pasado siglo, por imitar prácticas, encuadres, manipulaciones, reminiscencias pictóricas. Y por otra parte hay en este libro magníficos ejemplos de lo que se llamó fotografía pura, por ejemplo la "abstracción del corte" según Steglitz, o la fotografía necesariamente cortada de un todo más grande, o eso me parecen las imágenes que describen formas geométricas de apariencia abstracta configurando líneas, espacios y sombras.
Con el título, el año y el lugar donde se obtuvo, incluye Casariego junto a cada fotografía un breve texto de bella prosa poética. En uno de ellos escribe: "Fotografiar es amar lo que miramos". Y a menudo las imágenes parecen acercarnos a este pensamiento, nos dan la sensación de que el artista ha retratado cosas que le afectaban especialmente, por lo que el libro tiene también algo de auto-biografía. Aunque esto puede ser cierto para diferentes temas, me seduce la idea, y es apropiada para esta página, de referirme a los encuentros o íntimos diálogos con la pintura, probablemente inconscientes para él hasta no haber visto la imagen impresa.
Por ejemplo, cualquier aficionado al arte no habría podido evitar, contemplando en la foto Océano Atlántico la masa oscurecida del mar llegando a la línea del horizonte para coincidir allí con los rojos y anaranjados del ocaso, siguiendo luego la imagen hacia el incierto azul del cielo, recordar las vibraciones de los inundantes campos de color atmosférico de Rotkho, sus rectángulos de temblorosos límites, volátiles como éter coloreado.
"Volcano", la imagen "imborrable" de un volcán en erupción en plena noche, puede ser vista como una superficie muy bellamente texturada de calidades plásticas y de armoniosas tonalidades cromáticas, dentro del informalismo europeo más esteticista, pero a la vez atravesada por el "dripping" de los negros profundos de Pollock.
En "Black is not black", en el puerto industrial de Gijón, aparecen unas formas redondeadas, como una sugestiva pintura que podría ilustrar la transición del expresionismo abstracto a las configuraciones de la abstracción post-pictórica, como antesala del pop. A mí, en su intensidad, me recordó el efecto cromático de los anillos concéntricos de Kenneth Noland.
En Museo Berlin Wall recibimos la impresionante mirada de unos grandes ojos pintados sobre un muro herido de arrancamientos, incisiones e inscripciones. Una ruina hermosa en su abandono y por la bella sensualidad de sus tiernos colores. No merece llamarse graffiti, sino realismo mágico que puede ser leído como retrato. Hay muchas cosas más: minimalismo de estructuras primarias, efectos "op", modernismo, clasicismo y hasta pinturas metafísicas. Pero lo que hay sobre todo son buenas fotografías.

1 comentario:

Anónimo dijo...


Celebramos que te haya gustado el libro, está hecho con mucho amor, y ha
ganado un premio nacional de arte en el concurso del Ministerio de Cultura,
"Libros mejor editados en España, en 2013".
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