lunes, 17 de agosto de 2015

Helicópteros SAGI


Hace no mucho escuché a nuestro admirado Emilio Sagi, cuya capacidad escénica me alabó extraordinariamente Plácido Domingo una tarde en Ocean Drive de Miami,unos comentarios sobre un concierto de helicópteros que se había dado en Alemania.

Cuánto hubiéramos disfrutado debatiendo semejante audacia en la tertulia "Los Puritanos" en el Rialto de la calle Argüelles,de la que ejercía de Decano Plácido Buylla y luego Arturo Buylla,"Bigotes", ambos para mí inolvidables como otros tertulianos con los que compartí afectos y conversaciones,aunque pertenecieran a otras generaciones.

En efecto un sorprendido público había asistido en el aeropuerto de Braunschweig al estreno del Cuarteto de cuerda para helicóptero, de Karlheinz Stockhausen;obra que cuatro solistas interpretaron subidos en helicópteros a 700 metros de altitud acompañados por una orquesta en tierra. Los solistas interpretaron su parte cada uno desde un aparato, mientras su imagen y sonido eran retransmitidos a un hangar donde se seguía en pantalla lo que sucedía y se veía la orquesta.

Todas las innovaciones que hemos visto del Campoamor son pocas ante semejante sucedido.Vaya,sin embargo,mi mejor deseo de que la temporada operística resulte un éxito y la nueva Corporación municipal apoye a una Asociacion de Amigos de la Ópera de verdadero mérito y ejemplaridad. 

1 comentario:

Anónimo dijo...


El sentido del humor de Stockhausen resulta inclasificable en estos tiempos en que la ironía está de capa caída en todo el mundo, excepto en nuestra querida Asturias, constituyendo nuestro "Oviedín del Alma" la reserva espiritual de la ironía en todo el Occidente civilizado.

Hay que tener cuidado ahora cuando en los medios se habla de este compositor, porque Stockhausen cayó en desgracia cuando calificó los sucesos del 11-S como "obra de arte" y ello, por mucho que precisó que el autor de tal obra de arte era Lucifer, cayó muy mal en ambientes yanquis, que luego de escuchar tres ideas seguidas en un período de cinco minutos, se marean y se indisponen.

Las consideraciones extravagantes en esta materia quedan para algún autor, debidamente embalsamado y autocalificado de "opiófago", como Thomas de Quincey en su obra "Murder considered as one of the Fine Arts":

"If once a man indulges himself in murder, very soon he comes to think little of robbing; and from robbing he comes next to drinking and Sabbath-breaking, and from that to incivility and procrastination. Once begun upon this downward path, you never know where you are to stop. Many a man has dated his ruin from some murder or other that perhaps he thought little of at the time."

Hoy en día, este retorcimiento del lenguaje, que incide en un estilo afectado y redicho, queda fuera del cuadro de ondas perceptible por la gran mayoría. Del mismo modo, la imagen de Stockhausen manteniendo a un equipo de varios cientos de personas y a un público de miles de ellas, más los de los medios de comunicación congregados, en tensión con varios helicópteros suspendidos en el aire para interpretar unas notas musicales, es un monumento a la ironía, pero en la vertiente alemana de la mofa, befa y ludibrio para con los embromados.

Suerte que este tipo de espectáculos (me refiero al de los helicópteros, que no se me entienda que considero el 11-S como un espectáculo que me veo condenado ipso facto al ostracismo) no se pueden dar en Oviedo. Imagino la primera reacción al proyecto: ¿Qué ye ho? ¡Chinflos!"