domingo, 26 de julio de 2015

Luciano de Pirulí

Luciano de Pirulí.

Joaquin Calvo Sotelo,el académico autor de La Muralla, gustaba pasear por la Ría del Eo,como la llamaba evitando el localismo acaparador de Ría de Ribadeo,a la búsqueda de decires populares.En la breve correspondencia que sostuvimos se refiere a un cometa que se le habría destartalado a un chaval y que mereció la conmiseración de una vieja lugareña:"¡esparirollouse O Papaventos!".Como quiera que desde Figueras hay tardes que logro oír frases,perfectamente pronunciadas, en Porcillán,el Puerto ribadense,lo mismo que Don Joaquín,y antes que Cunqueiro y Gamallo,me presta escuchar a los ribereños genuinos.

Julián, uno de mis mejores amigos y confidentes,me cuenta hazañas de un tal Luciano de Pirulí, hijo de un carabinero republicano sordo,que ansiaba montar en bicicleta.Por fin,el trabajo en el mar permitió a Luciano ahorrar para una Orbea de paseo y liberarse del alquiler,que al monstruoso precio de una peseta le ponía Alejandro, propietario de un taller.

Feliz con su flamante bici, Luciano fue a saludar la presencia de la Vuelta a España, que,sin el Puente de los Santos,bordeaba la Ría.Uno de los ídolos entonces era Delio Rodriguez,que también aparece en "Viaje a la Alcarria" de Cela.Pudo haber sido la edición de 1947.Luciano siguió detrás de la serpiente multicolor por Villadevelle y el paso de Vegadeo, y ya en Galicia,sin los controles de hogaño,con su manillar convencional y sin cambios de piñón ni de catalina adelantó al pelotónLuciano de Pirulí.

Joaquin Calvo Sotelo,el académico autor de La Muralla, gustaba pasear por la Ría del Eo,como la llamaba evitando el localismo acaparador de Ría de Ribadeo,a la búsqueda de decires populares.En la breve correspondencia que sostuvimos se refiere a un cometa que se le habría destartalado a un chaval y que mereció la conmiseración de una vieja lugareña:"¡esparirollouse O Papaventos!".Como quiera que desde Figueras hay tardes que logro oír frases,perfectamente pronunciadas, en Porcillán,el Puerto ribadense,lo mismo que Don Joaquín,y antes que Cunqueiro y Gamallo,me presta escuchar a los ribereños genuinos.

Julián, uno de mis mejores amigos y confidentes,me cuenta hazañas de un tal Luciano de Pirulí, hijo de un carabinero republicano sordo,que ansiaba montar en bicicleta.Por fin,el trabajo en el mar permitió a Luciano ahorrar para una Orbea de paseo y liberarse del alquiler,que al monstruoso precio de una peseta le ponía Alejandro, propietario de un taller.

Feliz con su flamante bici, Luciano fue a saludar la presencia de la Vuelta a España, que,sin el Puente de los Santos,bordeaba la Ría.Uno de los ídolos entonces era Delio Rodriguez,que también aparece en "Viaje a la Alcarria" de Cela.Luciano siguió detrás de la serpiente multicolor por Villadevelle y el paso de Vegadeo. Ya en Galicia,con su manillar convencional y sin los controles de hogaño ni cambios de piñón ni de catalina adelantó al pelotón en la cuesta llamada de la Villavieja para llegar el primero al Campo de Ribadeo en que se instalaba la meta.

Al franquearla ante la sorpresa de los ribadenses y de la caravana que acompañaba a los ciclistas, el médico oficial reclamó auscultarle.Dio cuarenta y dos pulsaciones, lo que no estaba nada mal, aunque todos sabían que en el Tour y el Giro había un ser sobrehumano llamado Fausto Coppi que alcanzaba insólitamente el récord de treinta y una. 

Recuerdo en la calle de Uría,en Oviedo,una etapa en línea que ganaría Angelo Conterno, que luego sería también vencedor de la Vuelta.Era 1956.En el pelotón entró un jovencísimo José Segú con bicicleta de señora, cuadro convencional de paseo y redecilla de color blanco,amarillo y rosa sobre el antibarro de la rueda trasera. Segú se había caído en la calle Fray Ceferino,antes de doblar Uría,y se tomó prestada la máquina de una espectadora que le devolvería en meta.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias, mi querido amigo, espero que todavía quede por esa ribera algún retazo, aunque marchito, de "... las montañas, los valles solitarios nemorosos, ...los ríos sonorosos, el silbo de los aires amorosos; la noche sosegada, en par de los levantes de la aurora,la música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora". Yo sigo en el tostadero con tensiones y glucosas y .... una vieja muleta.
Suscribo a Dionisio (1958) : "Cuando me acerque a la final frontera ... yo tendré que volver a recalar en mi natal ribera ... con festón de de espuma y humedad ¡ Que el Eo se convierta en mi laguna estigía y en el se pierda el sueño de inmortalidad." L

Anónimo dijo...

Guapas las dos anécdotas que cuentas. No tengo ahora mis notas a mano y no te puedo dar nombre y apellidos, pero hubo un lavianés que en los años 40 escapó a Francia vestido de ciclista y con una bici ad hoc en medio del pelotón del Tour de Francia, en una de aquellas etapas en que entraban en España.
Un abrazo.T

Anónimo dijo...

Antonio con lo que cayendo en España con unos dirigiendo a una región hacia la selección, esta el horno para bicicletas?.aprovecha La Atalaya para poner tus conocimientos que los tienes y experiencia para introducir desde ahi orden y razón en tan importante asunto para nuestros hijos y nietos.
F