jueves, 2 de julio de 2015

Anarquista en El Valle de los Caídos/art de La Nueva España


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Un anarquista en el Valle de los Caídos

La gijonesa Maribel Luna recurre a la ONU junto a otros familiares de republicanos para sacar del mausoleo los restos de su abuelo

02.07.2015 | 03:57
Maribel Luna, con un retrato de su abuelo, Aquilino Baragaño.
Maribel Luna, con un retrato de su abuelo, Aquilino Baragaño.
Aquilino Baragaño Montes era un minero del Pozo Fondón de Sama comprometido con sus ideas anarquistas. Fue de los primeros en alistarse en las milicias republicanas tras el fallido golpe de Estado de julio de 1936. Luchó en la columna de Higinio Carrocera, el Batallón 210. Un año después, en 1937, con 26 años, cayó herido en la cabeza en uno de los combates de la Guerra Civil registrados en la zona de Belmonte. Terminó en un hospital de campaña de Salas y no se supo más de él. Su familia pensaba que había muerto, aunque desconocía en qué circunstancias. Baragaño era uno de tantos desaparecidos de las guerras del siglo XX. 
Sin embargo, su familia, especialmente su nieta, la gijonesa Maribel Luna Baragaño, no se resignaba a ese silencio y comenzó a investigar, con la ayuda de Luis Miguel Cuervo, de la asociación "Todos los nombres". Rebuscó en archivos y, poco a poco, se fue acercando a una verdad histórica que jamás hubiese imaginado. "El mismo día que llegó al hospital militar, lo cogieron los de Franco y lo fusilaron. Lo enterraron allí, en Salas, en un prado, junto a otros republicanos. Me lo contó un paisanín que había vivido aquel horror", asegura Maribel Luna. 
Los restos de su abuelo ya no se encontraban, sin embargo, en aquel prado. En 1959, por orden del entonces ministro de Gobernación, Camilo Alonso Vega, los restos de Aquilino y otros caídos republicanos fueron exhumados y trasladados al Valle de los Caídos, en El Escorial. "Nos quedamos estupefactos, fatal. Una persona como él, anarquista convencido, que no había bautizado a su hijos, estaba enterrado bajo esa cruz, al lado de su asesino indirecto. Fue entonces cuando inicié mi lucha para sacarlo de allí", relata Maribel Luna. 
Periplo judicial
Una lucha del todo infructuosa, aunque esta mujer sigue sin perder la esperanza. Primero solicitó la exhumación de los restos en el juzgado de El Escorial. Luego en la Audiencia Provincial de Madrid. Más tarde apeló al Constitucional. "En todos los casos archivaron nuestra petición, decían que no era competencia de ellos", asegura Maribel Luna. También lo intentó con la Iglesia. "Me reuní con un sacerdote, pero el abad del Valle de los Caídos no quiere saber nada. En 1985 sacaron a unos navarros. No sé por qué ahora, en 2015, no nos dejan", sostiene. 
Maribel asegura sentirse "desatendida" por el actual Gobierno del PP, tanto como por el anterior Gobierno socialista, aunque éste, por lo menos, abrió las fosas y les permitió ver los restos. Fue así como supo que los de su abuelo están mezclados con los de otros diez exhumados en Asturias, se supone que republicanos. "Tengo los nombres de los que están con él en la caja. Es complicado dar con sus familiares. Lo que quiero es que se haga una análisis de ADN para identificar los restos de mi abuelo y cumplir el deseo de mi madre, de 82 años, que es enterrar a su padre en Candaneo (Langreo)", dice esta mujer.
Pero la lucha de Maribel Luna no se ha circunscrito únicamente a los tribunales españoles. También recurrió al Tribunal de Estrasburgo, que se lavó las manos, al considerar que no observaba ninguna violación de derechos humanos. Pero esta gijonesa no se ha quedado ahí. Ayer mismo, el abogado Eduardo Ranz, presentó ante el Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU tres peticiones urgentes, una de ellas la de Maribel Luna, para que se ordene la exhumación de los restos del Valle de los Caídos. Otra petición es la de Paco Cansado, que exige la exhumación de su abuelo y un tío abuelo, José Cansado Lamata y Antonio Cansado Lamata, dos hermanos agricultores desaparecidos en 1936. Ambos fueron detenidos y trasladados al mercado de abastos de Calatayud, donde se formó el grupo conocido como "Los doce de Ateca", cuyos miembros fueron trasladados en un camión hasta las afueras de Zaragoza donde fueron obligados a cavar sus propias fosas.
La tercera petición es la de Sagrario Fortea, quien reclama exhumar a su abuelo Manuel Herrero, detenido en octubre de 1936 en Calatayud (Zaragoza). Su cuerpo, junto al de otros diez vecinos, fue enterrado en una fosa común del término municipal de Munegra, para después ser trasladado al Valle de los Caídos. "No lo llenaban con los suyos y desenterraron a 2.000", dice esta mujer, que no pierde la esperanza que su abuelo regrese a su tierra.
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