sábado, 23 de mayo de 2015

Resoplido de balón

Evocaciones tumbado en la clínica rehabilitadora Se ha roto el silencio sonoro / que envilece. Miguel Niño, "Hojas de laurel" En la clínica rehabilitadora me tumban todas las mañanas. Son movilizaciones contra las secuelas de malditos azares vengativos de la Madre Naturaleza, por el desalmado ictus. Pese a la rutina, el prodigio de la vida es siempre ilusionante como sucedía al personaje de Paul Auster que fotografiaba sin hartazgo el mismo ángulo de un Brooklyn diferente cada día. Así, hoy, entre ensoñaciones varias, inopinadamente escuché el leve jadeo de un balón. Evoco balones, denominados castizamente "de reglamento", de una cámara que se expandía con el artilugio de una bomba de bicicleta y cerraban caracoleando con costura de cuero en exótica trenza ad hoc. Tendría siete añinos cuando asistí, en el viejo Chamartín, a un partido amistoso entre Real Madrid y Botafogo. Cada vez que el portero brasileño agarraba la pelota, ésta se desinflaba y los visitantes trataban de imponer su propio esférico que salía de su banquillo. La colorista bola carioca volvía a la banda pues el árbitro optaba por la tradicional que servía el utillero merengue. "El Marca" a la mañana siguiente aclaraba que los atletas de Río de Janeiro querían exhibir habilidades con ligero balón de playa. El balón de la clínica Cárcaba se escondía esta mañana entre las rodillas heridas de una paciente amiga. Ya no quedan, al menos no los aprecio entre los abalorios de mis nietos, balones que resoplen lenguaje semejante. Dominique Lapierre cuenta, en uno de sus oportunistas bestsellers, cómo recorría la antigua URSS. Era un entonces insólito reportaje. Como quiera que Dominique hubo de parar en un remoto taller, el mecánico le deshinchó por completo la rueda y se puso a olerla inhalando teatralmente el supuesto "aire de París". La sonoridad de la rústica pelota no me condujo hogaño a ninguna ciudad soñada pero sí a que durante una fracción de segundo se evaporasen seis largas décadas de mi vida; más o menos de la primera comunión, en que me regalaron "el balón que respiraba", hasta aquí.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustó, Antonio.J

Anónimo dijo...

Nunca desinflarse.MJF

Anónimo dijo...

Delicioso resoplido.J

Anónimo dijo...

Que bonito Antonio!!!!
Pero un poco nostalgico preñado de una cierta tristeza y de un mucho inconformismo.
Piensas y escribes.Te rodean quienes te quieren y te miran muchos que te admiran.
Vivir es vivir como se puede.Cada uno se apaña con lo que tiene y no por eso es menor su vida.
Animo Antonio. Eres grande
Tu amigo.R.

Anónimo dijo...

No sé cómo sería el balón que utilizaba el R. Madrid y el Botafogo; lo que sí recuerdo como eran los balones que utilizaba en el campo de Pilla, la Sociedad Deportiva Piloñesa - "la Piloñesa" -. En los endurecidos partidos de futbol - eran tremendos algunos de ellos, como cuando jugaba, por ejemplo, "la Piloñesa" contra vecinos y muy duros rivales, como "El Europa" de Nava, o el "Iberia", de Bimenes, "El Arenas del Sella", de Arriondas; o "El Fortuna" de Villamayor (como ves todos ellos, salvo el de Arriondas, nombress propios de equipos de Copa de la UEFA, que no de equipos de la 2ª Categoría Regional de Futbol, pero que denotan un estirpe de directivos imaginativos, y claramente transcentales) - en la epidermis de cuero de los balones hinchados efectivamente con bomba de bicicleta, el utillero (no recuerdo el nombre, recuerdo que era ejercía el oficio de zapatero en Infiesto) para evitar que brotase la vejiga interior que encarcelaba "aire", ligaba, aplicando su saber de zapatero, con atadura también de cuero la boca de la epidermis del balón, para evitar que brotase la vejiga interior que mantenía el "aire". El resultado era un balón que sonreía, que convertía al atadura en dientes. El hombre aquel hacia siempre penos esfuerzos para conseguir que diere su trabajo un balón esférico. No lo conseguía: los partidos tenía que jugarse siempre con balones con chinchón, o mejor con morro, lo que hacía siempre imprevisible el resultado de los pases, disparos a puerta, y estiradas de los porteros. En esos trances, todo podía ocurrir; el valor era autónomo; hacia lo que le daba la gana. El utillero se servía para el traslado de los balones (siempre eran 3, uno para el "calentamiento" de la Piloñesa, otro para el "calentamiento" del equipo visitante, y otro para el árbitro) de un saco que había sido usado antes para patatas. En esto de los balones había una tercera persona que tenia la sacrificada función (que le impedía estar presente en los partidos) de estar en la ribera del Piloña, para rescatar de las aguas los balones que acababan en el Piloña. No eran pocos. Esa tarea (que no se cómo se retribuían, o si eran gratuitas) tenía sus riesgos, especialmente en el invierno cuando el Piloña se hacia marrón, cubria las ribera, y bajaba furioso, y la riada hacia temible intentar rescatar el balón del Piloña.C

Anónimo dijo...

Este utillero era también el portador del cabas, y del "agua milagrosa". No se que llevaba en el cabas. Lo que aquellos fubtolistas suplían la técnica con valor, y todos ellos se atrevían, cuando el juego lo obligaba, a rematar y despejar "de cabeza". La consecuencia de tan valiente y osada decisión era que cuando el punto de contacto el balón con la frente coincidía con la "sonrisa" del balón, el osado futbolista, solía sufrir daño en su frente, lo que obligaba a nuestro sin par utillero, a transformase, sin más, en enfermero, e intervenir, con permiso, o sin permiso del arbitro: envolvia la frente del herido con una gasa blanca que circundaba la frente del futbolista perjudicado. Y así con mas de dos futbolistas con la frente vendada de blanco no teníamos un partido, teníamos una batalla épica.

Cosas del ayer. F.C.

Anónimo dijo...


Prefiero al adversario conocido que el lobo camuflado de oveja dentro del rebaño...
En todo caso demasiadas incertidumbres en el GMS y AMSO....F