martes, 5 de mayo de 2015

BRÚJULA

Brújula Me encuentro con un antiguo líder del pequeño comercio. Es difícil,me alega razonablemente,orientarse en el panorama político y más,si cabe,en el local. A mi llegada a Estrasburgo me topé con un laberinto de pasillos y ascensores que te despistaban en edificios superpuestos de diversas lógicas arquitectónicas. Del laberinto te salvaba la vista,a través de las vidrieras, de un canal que hacía recodo pero marcaba imprescindibles e imaginarios puntos cardinales. Uno de aquellos primeros días alsacianos los compañeros me invitaron a un pequeño festejo según las normas del llamado código "del amigo invisible",en el que me obsequiaron con una valiosa y amparadora brújula. Conrard, y antes Julio Verne, se refirieron a una brújula a la que la cercanía de un objeto metálico producía el extravío de una nave.Una tripulación creyendo encallar en Chile resultó frente a la costa angoleña.El novelista tiene que introducir verosimilitud pero todo cabe,lo mismo que en este puzzle de la política patria,y aún de la local. Por fortuna,soy fiel a mi vieja brújula,fabricada hace ya tanto, la friolera de 136 años,por un impresor, más joven que Verne y algo mayor que Conrard. Espero no falle encontrando el Norte.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Simpático relato.E

Anónimo dijo...

Rerflexión aguda y muy bien escrita.
Agunos del mundillo representativo del comercio ovetense, ni con brújula...

Un abrazo,
L.

Anónimo dijo...

bien Antonio. Saludos F