lunes, 2 de febrero de 2015

Cristina Almeida escribe necrológica de Lola González Ruiz

En esta versión,más amplia,de El País digital,Cristina escribe obituario de Lola González Ruiz, a la que conocí en la abogacía,y antes en el FLP,junto a Enrique Ruano,su pareja de entonces,asesinado por la Policía Social.Tb conocí a Javier Sauquillo,su marido, luego asesinado por la extrema derecha,en Atocha,en el espantoso atentado que hirió gravemente a Lola.No los olvido como compañeros y víctimas.

La abogada laboralista Dolores González Ruiz. / GORKA LEJARCEGI
Hoy, 1 de febrero, hemos despedido a nuestra compañera y amiga Dolores González Ruiz y a su compañero de estos últimos 20 años José María Zahera, en un frío día de invierno en el que el calor del recuerdo y el orgullo de nuestra vivencia con ellos ha sido un aliciente toda nuestra vida.
Lola murió en enero, en ese mes tan ligado a su recuerdo, al nuestro, a su dolor y a nuestro dolor. Y por ese recuerdo quiero hablaros, personal y colectivamente, sobre todo de Lola, sin dejar de reconocer el afecto a José María, con el que ella vivió todos estos últimos años, pero sabiendo que con Lola nos ha unido, y nos seguirá uniendo, una larga y vibrante historia.
Nos conocimos la mayoría de nosotr@s en la Facultad de Derecho de Madrid, en distintos años, pero unidos al final por un común compromiso en la militancia de izquierdas de nuestro país. Ella empezó en el Frente de Liberación Popular (FELIPE), otr@s veníamos de la FUDE, del sindicato democrático de estudiantes y de los cristianos de base, para confluir en la Organización de Abogad@s del Partido Comunista de España, que después dejaríamos tras diversas vicisitudes, pero siempre hemos mantenido un compromiso con la izquierda.
Les dispararon a ellos, indefensos,
que solo tenían leyes en sus manos
Nuestra actividad la ejercíamos sobre todo como abogad@s defensores de las fuerzas antifranquistas, de los sindicatos clandestinos, sobre todo CC OO, y de las personas que necesitaban ser defendidas en la reclamación de sus derechos. Personalmente, con Lola trabajamos juntas desde principios de los años setenta, cuando unimos nuestros despachos profesionales de General Oraá y Modesto Lafuente, formando un único despacho, el de Españoleto 13, en el que nos mantuvimos unidos hasta después de 1977, cuando tuvo lugar la legalización de los partidos y de los sindicatos que defendíamos hasta entonces. He de recordar los innumerables despachos de profesionales dedicados a estas tareas en muchos puntos de España, pero en Madrid, desde el de la calle Cruz 16 con María Luisa Suárez, Antonio Montesinos, etcétera, que fueron nuestros maestros, continuando sus enseñanzas en despachos como Atocha, Españoleto, Alcalá, etcétera y con distintos centros en Getafe, Torrejón, Vallecas, etcétera, etcétera, donde se asesoraba a las asociaciones de vecinos en sus luchas importantes en esos años.
Valga esta enumeración mínima de la vida profesional vibrante a la que nos enfrentamos cientos de abogad@s en aquellos años, pero lo que me interesa destacar hoy, después del adiós a Lola, es el dolor que vivimos junt@s en los últimos años del franquismo y la llamada Transición democrática.
Lola tenía el corazón helado por el mes de enero. Enero la separó de su primer compañero de amores, Enrique Ruano, asesinado por la policía el 20 de enero de 1969, sin poder estar a su lado porque ella estaba detenida en la propia policía. Un 24 de enero de 1977 unos asesinos de la extrema derecha entraron en el despacho de Atocha 55 y, reunidos allí los abogados del partido que asesoraban a las asociaciones de vecinos, les dispararon sus armas a ellos, indefensos, que solo tenían leyes en sus manos para defender a los más combativos y luchar por la democracia. Allí cayeron Javier Sauquillo, Enrique Valdelvira, Luis Javier Benavides, Ángel Rodríguez y Serafín Holgado. Sobrevivieron con graves lesiones, tú, Lola, Luis Ramos, Miguel Sarabia y Alejandro Ruiz Huertas. Luis y Miguel también murieron años después. Tú, ahora, y solo nos queda Alejandro en vida, pero vosotros en nuestros corazones.
También ese 24 de enero te heló y nos heló el corazón a tod@s, pero muy especialmente a ti, pues allí perdió la vida tu compañero inseparable en tu amor, Javier Sauquillo, hermano de Paca, amiga y compañera del alma, y tampoco pudiste estar a su lado, pues te debatías entre la vida y la muerte en el hospital 12 de Octubre. Pero en ambas fechas trágicas de enero pudimos estar a tu lado y compartir contigo tu dolor y el nuestro.
Cuando ayer estaba hecha polvo al saber la noticia, vi en televisión la imagen de un gentío impresionante que reclamaba democracia y que gritaba que era la hora del cambio y de la ilusión.
Pues aunque hayan pasado tantas y tan terribles cosas después de todos estos años, yo recordé aquel silencio impresionante de cientos de miles de personas con lágrimas en los ojos que garantizaron la seguridad que las autoridades de entonces no podían asegurarnos en ese entierro y que, sin hablar, sabían que no se podía negar la democracia, no por la Transición que ellos dicen hicieron, sino por el dolor y la muerte de tanta gente en todo ese tiempo del franquismo y después, en enero de ese año, las de Arturo Ruiz, Ray Luiz Nájera y los compañeros de Atocha. Además de las cárceles y condenas de cientos de miles de represaliados, exiliados, que clamaban por restaurar la democracia arrancada a los españoles por el golpe militar del general Franco, al que hoy, incluso autoridades del actual Gobierno, llaman “cruzada nacional”.
Por eso reivindico el dolor de Lola, el dolor de todos los que lucharon por la democracia, que el silencio de aquel entierro de ojos rojos del llanto supusieron la misma ilusión de cambio que hoy, cuando otras generaciones que tienen el compromiso con su tiempo piden un cambio para hacer real la democracia que con tanto dolor conseguimos. Por eso tenemos que recordar para atrás con ilusión e igualmente tenemos que rebelarnos con compromiso contra la situación de destrozo democrático que estamos viviendo.
Hace pocos días, la Fundación Abogados de Atocha, que creó CC OO en 2004 en vuestro recuerdo y de la que eras presidenta de honor, ha dado como todos estos años los premios Abogados de Atocha a la jueza María Servini, que lleva la querella argentina por los crímenes del franquismo y a los actores que lucharon más de 40 años por la mejora de sus condiciones. Tú no pudiste venir porque todavía te dolía la historia.
Lo malo para nosotros es que en estos eneros que te helaron y que nos helaron el corazón podíamos estar a tu lado, pero hoy nos has dejado solos, con nuestro corazón helado pero con nuestro compromiso inquebrantable contigo, y queremos vivir hoy dando consuelo a vuestras familias, con nuestro abrazo a tus hermanos y a sus hijos, tus queridos sobrinos, y a los hijos de José María. Con Paca, con Margot, con los compañeros que te queremos pasaremos un nuevo enero para llenar de ilusión la democracia como las llenasteis vosotros incluso con vuestra vida. ¡¡¡Hasta siempre Lola!!! Que descanses en tu Santander querido, con tus cenizas cara al mar, como diría Serrat: “En la ladera de un monte, más alto que el horizonte quiero tener buena vista...”.
Cristina Almeida en nombre de todos tus compañeros y amigos y de la Fundación Abogados de Atocha.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí, querido Antonio. Como te puedes imaginar, to también les conocí a todos y sufrí, como todos nosotros el asesinato de Ruano, Sauqui y los demás.

Ya sabes que ayer venía otra larga necrológica en EL PAIS.

ABRAZOS,
Emilio.

Anónimo dijo...

MAGNÍFICO¡¡¡

ABRAZOS
Gerardo

Anónimo dijo...

​Muchas gracias, Antonio, pues si no fuera por ti no habría leído la sentida necrológica que escribe Cristina Almeida sobre Lola González Ruiz. Descanse en paz, tras una vida intensa y dolorosa. Un fuerte abrazo,
Be

Anónimo dijo...

La había leido ayer en El País. Saludos.L