miércoles, 11 de febrero de 2015

Bienvenidos a la corrupcion

Ha provocado enorme satisfacción entre nuestros políticos más corruptos (y no menor entre los periodistas afines) saber que el número tres de Podemos, Juan Carlos Monedero, se apresuró a presentar una declaración complementaria del IRPF sobre unos ingresos al parecer incorrectamente calculados en el ejercicio fiscal de 2013, y que la Hacienda de Montoro investigaba con ánimo de pillarlo en un renuncio. Los ingresos (425.150 euros) habían sido facturados a través de una sociedad instrumental por unos supuestos trabajos de asesoramiento a los gobiernos de Ecuador, Bolivia, Venezuela y Nicaragua, a los que se viene acusando de apoyar financieramente a Podemos.
Es dudoso que el Ejecutivo español se atreva a investigar contratos declarados legales por cuatro gobiernos con los que tiene tantos intereses comerciales (y menos después de su colaboración en el bochornoso secuestro del avión de Evo Morales), pero ese hecho continuará alimentando la especie de la connivencia bolivariana con la formación dirigida por Pablo Iglesias.
La diferencia entre pagar 70.417 euros por unos ingresos de 425.150 (tipo efectivo del 19,27% si se aplica el impuesto de Sociedades) o 200.000 (tipo efectivo del 44% si se aplica el IRPF) es notable y plantea un dilema ético, ya que el asunto, tanto desde el punto de vista penal como del administrativo, queda resuelto mediante la declaración complementaria. Porque lo que ha hecho Monedero, montar una sociedad pantalla para pagar menos a Hacienda, es una práctica habitual en España entre artistas, deportistas financieros, políticos y profesionales liberales. Una práctica de la que hizo cumplidos elogios Josep Piqué, conspicuo militante comunista que acabó siendo ministro de Aznar. A Piqué, que fue acusado de fraude e investigado por la Audiencia Nacional, se le descubrió que tenía alquilada su lujosa mansión de Barcelona y un chalé de veraneo en el Pirineo catalán a nombre de una sociedad pantalla llamada Loreto Consulting, pero reaccionó con gran agilidad mental. "Lo que tiene que hacer la gente -vino a decir- es disponer de un buen asesor, o ingeniero fiscal, y acogerse a lo que más conviene". Ni qué decir tiene que fue absuelto con todos los pronunciamientos favorables. La doctrina Piqué tuvo un éxito enorme y en los años felices del pelotazo continuo se acogieron a ella los más listos del país. Hasta hoy.
No me gusta lo que ha hecho Monedero, ni tampoco creo que ese dinero fuese para su exclusivo beneficio. Pero me horroriza aún más que la misma Hacienda pública que decretó una amnistía fiscal para los grandes defraudadores pueda convertirse en un instrumento de acoso político. Y sobre todo me horroriza ver las expresiones de regocijo de todos aquellos que, habiendo practicado y ocultado la corrupción a gran escala, se escandalizan con la actuación de Monedero. Ni cuantitativa ni cualitativamente son equivalentes. El mensaje de esa gente es demoledor. Por una parte, nos quieren demostrar que los de Podemos son un partido tan corrupto como cualquiera, y por otro, que si no lo son todavía en la misma medida alcanzaran ese nivel en cuanto accedan al gobierno. Triste destino.

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