sábado, 17 de enero de 2015

La banalidad carcelaria

La gestualidad de los ladrones de alto rango que prefieren entrar en prisión y luego vivir de sus botines a buen recaudo


La banalidad carcelaria
La banalidad carcelaria
Recuerdo una tarde lluviosa en el tardofranquismo. Me sentía feliz por haber convencido a un buen juez, Don Jaime Barrio, y al Secretario, Don Carlos Cima, humanistas y liberales, ambos de grata memoria, de que esperasen a un detenido. Éste iba a ser conducido por la llamada eufemísticamente Policía Social, al objeto de valorar su posible puesta en libertad por una acusación inocua.
Esperamos y esperamos, como en la famosa pieza de Beckett, pero ni la "Social" y su preso ni Godot alguno se presentaron antes de la caída del sol como marcaban la costumbre y la vetusta Ley de trámites. La propia siniestra brigada policial se había percatado de la generosa voluntad del Magistrado pretendiendo entonces neutralizarlo con una antigua multa gubernativa impagada de 25.000 pesetas. Ofrecieron al sancionado, sufridor de especial aversión, una perversa disyuntiva: el pago inmediato o se le conduciría a la cárcel modelo por un mes. Mi defendido optó por la prisión, muy orgulloso de sí, despreciando luego la cantidad que su clandestino partido puso enseguida a mi disposición. Poco antes, en el campamento leonés de la mili, tres reclutas, recientes presos políticos, me confesaron que sufrían más en El Ferral que en el penal. En uno y otro caso, la desvalorización relativa de la cárcel era manifiesta, y yo me di cuenta de que el régimen, perdiendo una de sus claves represivas, se extinguía. Así sucedió pronto. Entrar en la cárcel se convertía en banalidad. Los demócratas querían evitar la comisaría, donde durante setenta y dos horas cabía la tortura y que, en Asturias, fue llamativa en Avilés, aún con un jefe especialmente sádico, incluso ya muerto Franco, pero la prisión era mejor que abonar onerosas multas o las meras instrucción y disciplina militares.
Los tiempos han cambiado mucho naturalmente pero no dejo de pensar cómo entran y salen de la cárcel los Fabra, Matas, Blesa, Díaz Ferrán, Pantoja...y pronto quizá Urdangarín, Rato, Pujol, Alavedra... sin un ápice de arrepentimiento ni reparación, incluso en algún caso con vejación del juez instructor. Aquellos perseguidos del tardofranquismo, olvidados o no, eran héroes sociales, cuya conciencia se reafirmaba, nada que ver con los que ahora, hez social, se aproximan a los otrora fatídicos barrotes; unos y otros encausados, de tan dispar talla moral, tienen en común una misma y superficial displicencia.
La represión no cumple su íntegra función. Recuerdo también, una noche en el encopetado Club Naútico de Salinas, que imponía corbata para las veladas sabatinas, donde un provocador humorista, Fernando Esteso, aseguraba que los políticos de aquellas calendas preparaban el confort carcelario dado que se tenían por futuros usuarios. La transición fue luego otra cosa, pero, descubiertos un montón de pícaros del llamado "cuello blanco", como describe Modiano, el último Nobel, cabe plantearse si esos ingresos en prisión no se convierten en pura banalidad.
Me vienen las primeras lecciones de Penal y Criminología, de la Universidad de Deusto; ya de aquella, Antonio Beristain S. J., triste y recientemente fallecido, se planteaba que habría alternativas más aleccionadoras que la misma cárcel para algún tipo de delincuentes y delitos. Los gestos y la semiótica de algunos condenados de hogaño merecerían una amplia reflexión del cuerpo social sobre la toma en consideración de eficaces medidas disuasorias a ladrones y evasores de alto rango que, como ya ocurriera antes con los Roldán y otros, prefieren entrar en prisión y vivir luego de sus botines a buen recaudo. Contraste con la dureza de las penas a algunos sindicalistas, como ha advertido sin ambages el actual Ministro de Justicia, y las desproporciones de las sanciones administrativas y de orden público que han revelado órganos consultivos del Estado y, de forma rotunda, Mercedes Gallizo, exdirectora de Prisiones.
www.antoniomasip.net
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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Lástima que Bárcenas,Blesa y Rato todavīa no hayan entrado definitivamente en la cárcel

Anónimo dijo...


CADA DIA ESTOY MAS CERCA DE VOTAR A PODEMOS(O NO VOTAR).

NO LAMENTO QUE ESTÉ LIBRE SINO QUE NO ESTEN EN PRISION LOS QUE DEBIAN ESTAR HACE TIEMPO
¡¡QUÉ VERGÜENZA¡¡¡¡
GERARDO

Anónimo dijo...

Aprovecho la ocasión para agradecerle el envío de todas las sabatinas. A través de su lectura, entiendo un poco más la sociedad y el mundo que me rodea.V