miércoles, 7 de enero de 2015

Importante artículo Jonás Fernández en El País

TRIBUNA

Tribulaciones sobre el Plan Juncker

El Gobierno español permanece distante cuando debería liderar el proyecto en el seno del Consejo

En los últimos meses hemos observado el inicio de una reorientación de la política económica en la Unión fruto, sin duda, del mayor peso relativo de los socialistas en el Parlamento Europeo. Este viraje se está produciendo con menor intensidad de la necesaria —al fin y al cabo, los socialistas seguimos siendo el segundo grupo de la cámara—, pero el paradigma que ha cubierto los últimos años centrados en los ajustes fiscales ha dado paso a un nuevo debate focalizado en la urgencia de nuevas medidas para acelerar la demanda en la eurozona. Ese fue nuestro principal objetivo en la campaña electoral y la investidura de Jean Claude Juncker estuvo supeditada al compromiso de lanzar un plan de inversión que recogiera la inmensa liquidez disponible, transformándola en demanda adicional.
Sin duda, el BCE aún debe hacer más para permitir una mejor transmisión de la política monetaria, y esperamos impacientes la compra de deuda pública por parte del ente emisor, pero aún así seguirá siendo necesaria la transformación de esa expansión monetaria en inversión. Y dada la atonía de la demanda privada ante las pobres perspectivas de crecimiento deberá ser el sector público quien se implique directamente en tal misión. Para ello, la Comisión acaba de presentar un plan de inversión que los socialistas europeos analizamos ahora con detenimiento para conocer si tal proyecto cumple con los compromisos adquiridos por Juncker y si podrá acelerar a corto plazo la salida de esta larga la crisis.
El plan presentado se centra en la creación de un fondo especial con un capital inicial de 5.000 millones de euros del Banco Europeo de Inversiones y 16.000 millones adicionales del presupuesto de la Comisión Europea mediante garantías. A partir de estos 21.000 millones de euros, el nuevo vehículo se endeudaría, respaldada por el propio BEI y la Comisión, hasta 63.000 millones de euros, lo que supone la emisión de una especie de eurobonos, al menos en la parte defendida por el presupuesto comunitario. Esta financiación inicial debería usarse para impulsar proyectos con una participación privada estimada en 252.000 millones de euros, sumando así los 315.000 millones de euros globales del programa a invertir en el trienio 2015-18.
La dotación global del fondo se queda escasa, a la espera de la participación de los Estados
Adicionalmente, el fondo europeo prevé la participación voluntaria en el capital inicial de los Estados Miembros, lo que podría elevar la disponibilidad global de recursos. Por su parte, este nuevo fondo estaría dirigido a financiar proyectos en el sector energético, digital y transportes. Asimismo, la Comisión recomienda el apalancamiento de los recursos ya comprometidos derivados de los fondos estructurales, que podría sumar 20.000 millones de euros adicionales.
Pues bien, en primer lugar, la dotación global del fondo se queda escasa dado que supone poco más del dos por ciento del PIB europeo a repartir en tres años, a la espera de conocer la posible participación de los Estados. En segundo lugar, el fondo parte con demasiado poco capital inicial, lo que dificultará la atracción de financiación privada en los porcentajes que se estiman. Este hándicap complica el conjunto del proyecto, dado que exige una ratio de financiación privada muy elevada. Por ambas cosas, sería vital la participación de los Estados con financiación adicional que, por ciento, no sería computable como déficit, debido a que la aportación estaría bajo el epígrafe de capital.
Estos problemas nos conducen a dos reflexiones adicionales. Por una parte, los proyectos deberán pasar un proceso de selección transparente y profesional que evidencie la rentabilidad asociada a los mismos, sin la cual será muy complicado atraer a la financiación privada, y parece ser que los Estados miembros ya quieren condicionar el destino de los fondos, huyendo de una visión paneuropea de los mismos. Y por otra parte, debido a ese reducido capital inicial, sólo serán financiables aquellos proyectos cuya rentabilidad privada no sea discutible, eliminando de la escena aquellas inversiones con un mayor carácter de “bien público”, donde los beneficios son más difícilmente apropiables, que suponen a su vez los principales objetivos a financiar, véase infraestructuras de transporte de mercancías, redes de telecomunicaciones y energía. Este problema de selección es crítico porque puede llegar a invalidar el conjunto de los esfuerzos públicos.
Se financiarán los proyectos cuya rentabilidad privada no sea discutible
Así pues, el plan de inversión presentado ofrece incertidumbres en la medida en que la financiación resulta insuficiente, lo que debe ser corregido con una aportación adicional de los Estados en el capital inicial, que facilite la entrada de inversores privados y aminore, a su vez, el problema de selección identificado previamente. En este sentido, los países miembros se han reunido recientemente en el marco del Consejo Europeo y, aún tras haber respaldado el plan, no se han comprometido a realizar aportaciones individuales.
Ciertamente, este plan supone nuestro gran compromiso electoral y no cejaremos hasta sacarlo adelante, comprometiéndonos en cada decisión, porque no sólo está en juego la salida de la crisis sino también el futuro del propio proyecto europeo. Resulta, por tanto, extraño la distancia del Gobierno español que no parece ser consciente de la necesidad imperiosa del propio plan y prefiere centrar su presión en el BCE, cuando debiera liderar este proyecto en el seno del Consejo.
Con todo, el Parlamento y la Comisión deberían aunar esfuerzos para presionar al Consejo, de modo que aquellos países con mayor holgura fiscal contribuyan decididamente en el fondeo del plan. Sin duda, no será sencillo pero este compromiso es esencial para el éxito del programa.
Jonás Fernández es diputado socialista al Parlamento Europeo y miembro de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios. Autor de Una alternativa progresista(Deusto).

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4 comentarios:

Anónimo dijo...

Se lo paso a Goyo,le gustará.L

Anónimo dijo...

Querido Antonio:
Gracias por artículo de Jonás Fernández.
Como sabes, a pesar de que dejé el Parlamento Europeo hace cinco anos, sigo los temas de nuestra Unión, sobre todo desde el punto de vista académico. Lo que hoy se debate en la Unión va más allá de lo que plantea nuestro companero. Se trata de la viabilidad misma de la construcción europea y de las políticas sociales que les son consustanciales. El aparentemente inevitable ascenso al poder de la nueva izquierda griega plantea un riesgo sin precedentes, ya que el Banco Central Europeo no podría aceptar la quita o reestructuración de la deuda que propone esa nueva izquierda. El resultado se ha dejado sentir en la economía espanola, con el Ibex 35 perdiendo la cota de los 9.500 Euros y nuestra prima de riesgo subiendo a los 111 puntos. Se teme en Europa el efecto contagio de la "enfermedad griega" con el posible acceso al poder de "Podemos". En estas condiciones, los capitales se retiran de Espana y nadie está dispuesto a prestar dinero a un país que pudiera seguir la senda de Grecia. Sin inversiones extranjeras y sin créditos de las instituciones europeas estaríamos condenados a volver a la autarquía económica que Espana sufrió entre 1936 y 1957.
Las nuevas izquierdas del sur de Europa han olvidado las lecciones del pasado. Las reestructuraciones de la deuda no se aceptan en la Unión Europea, que cuenta con mecanismos más sutiles de apoyo a los países endeudados como los que han sido disenados por Draghi desde que asumió la presidencia del Banco Central Europeo.
El problema se plantea, en gran parte, por la falta de conocimientos en materia de economía internacional de la opinión pública espanola y, sobre todo, de la opinión publicada. Nuestros periodistas no se han tomado la molestia de estudiar economía internacional y plantean las cuestiones de una manera excesivamente simplicada, olvidando que la economia espanola depende de una situación internacional muy compleja en la que hay que hacer grandes equilibrios para que los gobiernos puedan cumplir sus funciones, incluyendo las políticas sociales, en una situación caracterizada por grandes desequilibrios mundiales. Viví como diputado europeo el error de Zapatero de abandonar las políticas prudentes que recomendaba Solbes para embarcarse, en la segunda legislatura, en un programa económico temerario que nos costó perder las elecciones y que todavía está pasando factura al PSOE. La nueva dirección federal del Partido parece haber aprendido de esta experiencia y el PSOE ha pasado a convertirse en un elemento esencial para la estabilidad de la política y de la economía espanola.Tenemos al lado el ejemplo de Francia y el coste para el PS francés del buenismo de Hollande, que Valls pretende rectificar, aunque tardíamente. Desde luego, en ese marco, las propuestas de Juncker ayudan, pero no podemos ofrecer al electorado un futuro idílico ante las grandes incertidumbres de la economía internacional.
Espero que algún día podamos discutir éstos y otros temas parecidos en torno a una mesa de café en un futuro no muy lejano.
Con todo afecto,M.

Anónimo dijo...

Gracias, me gusta.
Beso Antonio.
G.

Anónimo dijo...

Luego voy al centro a comprar el libro de Jonás sobre la alternativa progresista, y el de Enrique Barón, La era del federalismo.
En una reunión en el Parlamento andaluz del Movimiento Federal Europeo, presidida por Eugenio Nasarre, a la que fui invitado, conocí a Domènec Valls. Parece competente, más bien social-liberal.
Quiero comparar los libros de Jonás, Barón, Pachi Blanco (sobre la economía socialdemócrata que presenté en Luanco) y el documento de Torres-Navarro para Podemos, y sacar conclusiones.

En principio, creo que para aplicar una política socialdemócrata en Europa se necesitan dos requisitos previos:
a) que la socialdemocracia sea socialdemócrata, porque si no lo serán otros.
b) modificar los tratados constitutivos, concretamente el Cap. I del Título VIII del TFUE, que deposita la política económica en el Consejo.

Es importante la opinión de Cruz Villalón, uno de los abogados generales del TJ, en el sentido de que la compra de eurobonos por parte del BCE no excede sus competencias monetarias. El BCE es una esperanza keynesiana, hay que potenciarlo. En cuanto al plan de Júnker, el propio Jonás es prudente. Demasiada aportación privada, que puede ser condicional sobre los proyectos que se presenten.
Pero el gran principio de la UE es el mercado interior en detrimento de las competencias económicas del Estado-nación, sin sustituirlo por un Estado europeo. Y la socialdemocracia ha contribuido a ello. Ahora es tarde para remediarlo, se ha metido en una ratonera.

D.