sábado, 3 de enero de 2015

Espárragos y mejillones.Mes Octubre


Publicado el 11-10-2014

Mejillones y Espárragos

El plato de Brubru, como llamaba a mi particular Bruselas, más característico era los mejillones, lo que llaman les moules. Hay más de una calle, plagada de restaurantes en hilera, en que los maitres salen a ofrecerlos. Los amigos que visitaban mi despacho me miraban con escepticismo cuando les decía que allí no los he probado. Apenas iba a los aledaños de la Grand Place, pero, en cualquier caso, el escepticismo era el mío. ¿De qué aguas salen tantos supuestamente frescos y cuidados?; a la vista, al menos, no me parecen comparables con los exquisitos que se sirvieron este verano en el Peñalba, de Figueras; en Casa Vicente o El Risón, de Castropol; en Casa Jorge, de Puerto de Vega; en Casa Consuelo, de Otur; en La Escollera, de La Arena; en la Viavélez de Corín Tellado; en Casa Lin, La Chalana, Alvarín o La Parra, de Avilés; en La Marina, Palermo y La Terraza, de Tapia; en Tazones, en Kanene y demás glorias llaniscas...

En Estrasburgo, según temporada, la prioridad son los espárragos. Eran otra cosa y calidad. Es la gastronomía preferida por Marcel Proust en su búsqueda del tiempo perdido, que está todavía de centenario. Se habla mucho de "la magdalena de Proust", origen del prolijo y extenso razonamiento genial del escritor, que hay quien traduce, rizando el rizo, por "galleta" pero la preferencia gastronómica y fisiológica son los espárragos. Tampoco falta quien absurdamente relaciona los espárragos con la homosexualidad de Proust, que en una novela bien forzada, "La visita", Fernando Quiñones hace aparecer por Oviedo a conocer a Clarín.

Los espárragos también están en el impresionista Manet del que se cuenta, que, hombre de honor escrupuloso, al enviarle el comprador del cuadro estipendio mayor al estipulado, le pintaría un solo espárrago en otro lienzo más para casar el ramillete y la cuenta correctamente.

Mi tía Lelé Hidalgo, pintora de tanta confesada influencia en Patricia Urquiola, tiene como una de sus mejores obras un bodegón de espárragos. Es de los años cuarenta, casi seguro antes de conocer el tema y la ejecución de Edouard Manet. En cambio, pienso que Gabriel García Márquez, cuando escribe, en "El amor en los tiempos del cólera", sobre el olor de la orina tras la ingestión de espárragos, tuvo que inspirarse en Proust que lo puso antes en su obra maestra que ningún escritor ha podido eludir luego. En la entrañable presentación gijonesa que de mi librín, "Aquí, Bruselas", hizo Carmen Gómez Ojea, la admirada escritora recordaba cómo el mismo Jovellanos apreciaba esa manifiesta relación olorosa entre pises y espárragos, que quizá cuestione mi supuesto hallazgo de Proust en García Márquez. Por cierto, Carmen Gómez Ojea y Cristina Fontana Hidalgo, y al parecer también Andrés de la Fuente, discrepan de mi desinterés para probar el bruselense guiso de mejillones con apio.

Aprecié que algunos establecimientos bruselenses, no obstante, empiezan a marginar les moules y crece la oferta de espárragos, asperges. También ahí los españoles son mejores, aunque me dicen que chinos y peruanos se apropian de denominaciones de origen, e, incluso, cadenas de distribución, confundiendo textos en las etiquetas navarras y/o de Tudela.

En fin, los espárragos, a diferencia de los mejillones, sí los probaba en Estrasburgo y, al final, en Brubru.

De mejillones me compensé en Asturias este agosto pasado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y no olvidemos los espárragos que traía mi padre socio que se llamaban y llaman Cojonudos !!! Jaja
Impresionantes ! Besin Cocoliso

Anónimo dijo...

Discrepo con lo de los mejillones de Brubru.Son magníficos.C