sábado, 27 de diciembre de 2014

Trubia en guerra

“Trubia en guerra

El caso del coronel Franco Mussió, una incógnita sin resolver de la Guerra Civil

Conocí al escritor argentino Horacio Vázquez Rial porque era asiduo en los noventa a los encuentros literarios del Campoamor, desgraciadamente perdidos, aunque quedan magníficas publicaciones de aquella mítica Fundación de Cultura, que debo agradecer a Munárriz, Juan Vega, Luengos, Pilar de Castro, Bueres, Barral, Manjarrés y varios más.

Uno de los últimos libros de Horacio fue sobre incógnitas sin resolver de la incivil guerra española. Le advertí entonces, en un acto de la entrañable librería Cervantes, que le faltaba indagar en el caso del coronel Franco Mussió, director de la Fábrica de Trubia, con una vida apasionante, de la que algo escribí en publicaciones de Historia Contemporánea, y de la que me habló mucho el querido profesor José María Martínez Cachero, que le había conocido antes de la guerra.

Un gran tipo, inquieto abogado trubieco, Juan Carlos García Miranda, ha llegado a la conclusión de que pese a haber sido ejecutado por el franquismo a la caída del frente norte, el coronel fue un aliado de los sublevados. Es la tesis contraria a la que escuché en México a una personalidad republicana, el mierense Juan Pablo García Álvarez, presidente del Tribunal Popular de Gijón, que apenas pronunció penas de muerte en su delicado puesto, que ocupó del 15 de octubre de 1936 al 12 de octubre del año siguiente.

Franco Mussió había desobedecido la orden de Aranda de volar la Fábrica y de juntarse luego a él para el golpe de la tarde del 19 de julio de 1936. En junio de 1937 fue juzgado en Gijón, “acusado de colaborar con el enemigo”, que él mismo alegaría a su favor a la ocupación definitiva de Asturias por las tropas franquistas.
Mi amigo argentino había quedado en investigar esto a fondo pues las decisiones de Franco Mussió, de gran calado, pudieron ser decisivas para entender lo sucedido aquí en 1936 y 1937. La muerte no obstante sobrevino a Horacio pronto truncando un proyecto que alguien, espero, recoja.

La Fábrica sigue ahí con su historia a cuestas y confío que, pronto, sin el lacerante estigma del arbitrario despido de…¡sus 55!.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Muy bien por ese compromiso con el Oviedo industrial! Evocar la sirena, la fiambrera y el traje de mahón es recordar que los obreros de antaño no eran analfabetos. Y de aquellos talleres salió la maestría industrial. Aunque adaptada y en consonancia con los nuevos tiempos, esos operarios y esa industria nunca debieron perderse en la capital. Menos mal que alguien en Oviedo lo defiende desde una tribuna y trata de sensibilizar a la opinión ovetense, anestesiada y atrofiada. Aunque mejor lo hubiera sido hacerlo desde el programa ciudadano de la Alcaldía