domingo, 28 de diciembre de 2014

Médicos sin Fronteras

La labor de cooperación de una entidad ejemplar

01.11.2014 | 06:01
Médicos sin Fronteras
Médicos sin Fronteras
En una reciente visita al HUCA, nuestro gran e increíble hospital, mi admirado Mauricio Telenti, hijo de Amalio, aquel humanista inigualable, me señaló varios datos de la pandemia internacional del ébola, entre ellos el extraordinario y ejemplar comportamiento de Médicos sin Fronteras. En el encomiable canal 24 horas de TVE, lo más parecido en la piel de toro al espíritu informador de la BBC, acababa de ver yo a una enfermera española, con un amplio escote, de los que Jorge Guillén, entonces a las puertas del Nobel, denominaba "buzón para miradas", dispuesta a viajar al Congo "para ayudar". Alberto Polledo puso en esta páginas el dedo en la llaga por el abandono de los países principalmente afectados.
Médicos sin Fronteras no es solo de "médicos" sino de sanitarios y cooperantes, sencillos y entregados, y ¡hasta qué extraordinario punto!
Un día me crucé en un aeropuerto, ya no recuerdo en qué lugar recóndito del ancho mundo, a un asturiano, David Oterino creo que se llamaba, agotado por un viaje extenuante de, o hacia, el corazón de África; otra mañana un senador belga, Pierre Galand, me llevó en Francfort a conocer a miembros de esa organización sanitaria y aún, en la frontera convulsa de Melilla, "en pleno follón", me topé una pareja, francesa y español, preocupados por lo que está sucediendo; y en el Sahara, en fecha tan remota como 1975, conocí el trabajo de una médico centroeuropea que protegía la buena arribada de material imprescindible para primeros auxilios de quienes escapaban del genocidio. Médicos sin Fronteras se me han aparecido por doquier. Son ubicuos como, a su nivel, el Padre Ángel, de la Rebollada, que un día te llama desde Lampedusa y otro de La Valetta. Lo he resaltado en "Ni más ni menos" un programa de Teleasturias. Otros paisanos universales con los que me topado en lugares convulsos son Javier Bauluz y Alberto Arce.
Ahora me entero que somos cuatrocientos mil españoles sosteniendo leve y modestamente Médicos sin Fronteras, y es quizá un dato sin demasiada trascendencia que, no obstante, tiene la virtud de levantarme la moral y confiar un poco en esta sociedad, tantas veces injusta cuando, con demasiada frecuencia, "mira para otro lado"

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