domingo, 28 de diciembre de 2014

De Pepe García a Pepe López... Muñiz

22.11.2014 | 01:21
De Pepe García a Pepe López... Muñiz
De Pepe García a Pepe López... Muñiz
Mis soledades me están deparando benéficamente la recuperación de narrativas abandonadas que he de terminar antes de "que llegue la nave" y la visita de amigos que me enriquecen. Entre estos, recibo a Pepe García, exconsejero de Sanidad, que me trae un ejemplar de su "La implantación del Hospital Moderno en España. El Hospital General de Asturias".
Si este libro no es de reciente aparición, su mensaje se ha revitalizado con el frenético impacto social del nuevo Hospital en la antigua Cadellada, cuyo psiquiátrico bien conocían Pepe y el aguerrido grupo de los MIR, a cuya lucha por una sanidad apropiada tanto debemos los asturianos. Lejos de la autoestima contemplativa, el Dr. García hace un canto a dos personalidades que distan de su praxis democrática, el Dr. Carles Soler, director que fue del Hospital General de Asturias, y López Muñiz, Presidente de la desaparecida Diputación Provincial.
López Muñiz es también objeto de un cierto revival mediático, incluso sobre asuntos en los que apenas se le recordaba, la creación de SADEI, centro de estudios económicos que dirigía Ricardo Gómez Muñoz, por cierto militante clandestino del FLP, y la fallida reconversión minera, a la que se han referido, con particulares acentos, José Luis Marrón y Manolo Díaz-Faes.
Que Pepe López Muñiz fue un tipo con agallas siempre lo supe. Lo reconocí antaño, tal una entrevista amplia que para "Asturias Semanal" me hizo J. M. Vaquero en mi práctico estreno para la vida pública. No en vano, tampoco, Rafael Fernández, primer presidente autonómico, le tenía en alta estima con el insólito hecho de que mantuvieron discretos contactos. De todas maneras, la figura de Pepe López Muñiz, con el que gasté mucha confianza desde niño, merecería un estudio en sede universitaria con el distanciamiento que da el paso de los años.
Bien me gustaría saber de paso cómo, bajo un poder tan autocrático, al lado del Hospital se implantó la Residencia y la duplicidad de servicios sin conexión alguna hasta que el consejero Rodríguez Vigil logró ir unificando.
No todo fueron luces. A esa impronta historiográfica hicieron también aportaciones de mérito Sanchis Moll, en su ingreso en la Academia de Medicina, y Miguel Somovilla, redactor tan recordado de este periódico.
Fui testigo cualificado, Hospital aparte, de algunas otras secuelas de decisiones muy ensalzadas, CADASA y el Hotel de La Reconquista, en cuyas sociedades asumí, muy luego, respectivamente, vicepresidencia primera y presidencia. En aquel consorcio supramunicipal nos tocó pechar con los créditos e "intereses de los intereses", que López Muñiz había contraído y que a punto estuvieron de hacer capotar las débiles economías de los ayuntamientos avalistas de Oviedo, Gijón y Avilés, antes incluso de recibir un primer hectómetro del líquido elemento. En Hoasa/Reconquista, por la disposición de Cajastur a ser permanente víctima propiciatoria y la magnífica gestión del gerente, J. M. Álvarez, fue menos traumático redefinir la financiación y conseguir, en mi escaso tiempo societario, incluso algunos beneficios, que ahora me dicen resultarían quiméricos.
Si la inversión hotelera de lujo fue éxito, los sabios ciudadanos que enfoquen críticamente la historia urbanística, no olvidarán el sacrificio de los solares de las entonces nuevas calles de Arquitecto Reguera y Ventura Rodríguez, a un lado y a otro del Hotel, cuyos volúmenes se volcaron en dineros para Hoasa. ¿Cómo hubiera sido Oviedo sin las construcciones de la todavía llamada General Yagüe, salvo la vetusta Jefatura de Policía, y esas Reguera y Ventura convertidas en zona verde y/o deportiva abierta?
López Muñiz tuvo carácter autoritario. Recuerdo la amenaza que le hizo a Ángel Menéndez, diputado republicano, que a la vuelta de su exilio mexicano había logrado reincorporarse a su puesto funcionarial, y muchas otras muestras que bien me constan.
Su acceso a la Presidencia de la Diputación coincidió con el de mi padre para la Alcaldía. Ambos propuestos por Álvarez de Toledo a Marcos Peña, gobernador, del mismo cuerpo de Hacienda, que se había encontrado con el plante falangista de Alonso de Nora, Beltrán Rojo y otros, solidarios con Labadíe Otermín, gobernador cesado.
La sombra de López Muñiz es bien alargada y Marrón, Díaz Faes y, sobre todo, Pepe García la extienden hasta nosotros.
Lo dicho, merecería, insisto, la investigación de un tesinando desapasionado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Como ya te comenté yo me animé a escribirlo porque no estaba documentado ni escrito suficientemente lo que representó el Hospital General de Asturias en la medicina española y en la formación de los profesionales.
Coincido contigo que la figura de López Muñiz es compleja. Yo me limité a su análisis en relación con el hospital.
Te cuento una anecdota . Yo he escrito mi tesis doctoral sobre la reforma del Hospital Psiquiátrico de Oviedo, y con el objeto de ampliar mi información sobre esa cuestión tuve una entrevista con López Muñiz una mañana en el Hotel reconquista, en el año 97: me contó cosas de interés, sobre las resistencias que encontró para llevar a cabo la reforma y las gestiones para incoporar profesionales que estaban en EEUU y los contactos con los médicos catalanes. Al cabo de unos meses me llamó para proponerme escribir conjuntamente con él y con otra persona, que no me mencionó, un libro sobre los dos hospitales asturianos.
Quedamos en una cita para planificar el trabajo, a la que él no acudió. Yo no le llamé porque sospeché que había cambiado de criterio.
Más tarde me llegó una información de que él una vez que se enteró con más detalle quien era yo desistió de la propuesta y no me dio ninguna explicación
En fin , me cuidé que ese detalle no me impidiera reconocer la labor pionera que hizo con la puesta en marcha del HGA