sábado, 13 de diciembre de 2014

Cercas, "El impostor"

Uno de los mejores críticos literarios de este país comentaba en una tertulia recién no sé qué de "El Impostor", "una novela de la que todos hablan y no han leído".
Pues yo sí la he leído, y las anteriores del mismo autor, pero es que, apasionado ahora del circunloquio parabólico de Javier Cercas, mucho antes he conocido casualmente al protagonista novelístico, aquí mismo, en Oviedo, justo cuando el personaje se decidió a la audacia de marcar los heroicos perfiles de sí mismo.
Fue el 2 de febrero de 1978. El anuncio de la presencia de la legendaria ministra de Sanidad, anarquista, Federica Montseny me resultó de una curiosidad irresistible. Mis amigos J. A. Bergel y Corsino Suárez me llevaron al mitin de la plaza de toros, en una mañana dominical de aguacero, y luego a un contacto en la calle Bernardo del Carpio, número 12. No éramos muchos en el coso de Buenavista, debido sin duda al mal tiempo, pero por la tarde conté exactamente doce sentados en sillas de tijera, expectantes ante una personalidad histórica y enigmática, más algunos varios que entraban y salían, ajenos a mi extrema y concentrada curiosidad. Lo que no me imaginaba es que simultáneamente estaba conociendo, casi a mi lado, a otro personaje de fábula que acompañaba a la famosa luchadora ácrata: Enrique, o Enric, Marco, o Marcos, en aquellas calendas secretario general de la CNT de Cataluña, y luego de España, y hoy personaje central de "El Impostor", que llegó a presidir Amical Mauthausen haciéndose pasar falsamente por deportado en el campo de exterminio nazi de Flossenbürg.
El tal Impostor, antes de serlo y de saber yo lo que cuenta Cercas, me resultó la cara más parecida jamás vista a los hermanos Dupont, de "Tintin et Milou", que absurdamente han introducido en España como "Fernández y Hernández"o viceversa. Le faltaba hongo en la testa, pero además de su caricaturesca imagen le recuerdo defendiendo de forma inconexa a los detenidos por un luctuoso y siniestro atentado contra una sala de fiestas barcelonesa, La Scala, que entonces era noticia y sobre el que precisamente vuelve Cercas en su libro.
"El Impostor" desmenuza la impostura y los perfiles de un personaje cuya eficaz mentira llegó a defender mi admirado Claudio Magris, también conocido de Vetusta.
El autor trae al relato a su criatura a dialogar y protestar como nos hizo alguna vez Unamuno, sólo que el Impostor no es de ficción, es de verdad, y su polémica con el creador es auténtica, salvo cuando Cercas advierte de sus suposiciones. Cercas cita mucho "Sangre fría", de Truman Capote, y creo que nunca al Gary Gilmore de Norman Mailer, que a mí me interesó más y que varios escritores me negaron en público ("Los encuentros del Campoamor") cualquier relación con la novela como género. El impostor de "El Impostor" es un Alonso Quijano prendado y asumiendo ser, y queriendo ser, el Quijote. Son pues clarificadoras las referencias al Quijote, supuestamente escrito y traducido en su primera parte por el morisco Cide Hamete Benengeli, del que Borges nos advertía sobre lo mucho que nos intranquilizaba "la obra dentro de la obra" que sucede también en Hamlet, otra cumbre de la literatura universal.
"El Impostor"es magnífico como novela, digan lo que digan tantos puristas de los supuestos linderos del término, también como investigación y, sobre todo, como reflexión filosófica y moral en el borde y el pánico de la verdad de la mentira. No otra cosa es la novela misma.
Y me queda como rescoldo lamentar que no haya un Cercas, por cierto visitante próximo de la langreana "Cauce", que nos aproxime a lo que pasa por estos pagos con personajes sonámbulos en busca de autor, que diría un Nobel italiano, flotando en el ambiente, acusados de delación miserabilista, siniestra fortuna económica, influencia y ascensos pícaros, políticos y sindicales, en la frontera, como Enric Marco, de la falsedad cruel y la grandeza imaginativa y teatrera a la caricatura y la conmiseración.
En fin, conocí al Impostor para mayor cierre del "happening" en una calle dedicada a Bernardo, otro impostor, que existió y no existió en la realidad y la estampa, muy bien glosado en sus supuestas batallas heroicas por los juglares... medievales... anteriores a Cervantes y a Cercas.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

En el tranvía de Valencia, donde viví hasta acabar la carrera, me fascinaba el hombre que recorría la ciudad con una cazoleta que limpiaba cada vía y ahora recuerdo en una visita a los Fraguas (en una de los llamativos edificios altos "la Torre Valencia" que creo recordar me relataron una relación familiar con Masip ?me equivoco?
Te ví en el palacete Miñor "Teoria Literaria de J Cercas" un inextricable intento desmitificador que me apuntó más contenido del que ya admiraba en él. Me tuve que ir cuando más enfrascado estabas en la discusión, por lo que no pude saludarte.
Gracias Antonio por el regalo de Navidad de tu reciente (2011) "Con vistas al naranco" que veo dedicado a tus médicos, que bien conozco y aprecio.TM

Anónimo dijo...

Javier Cercas, en Langreo
El encuentro con el escritor extremeño, hoy, en el Nuevo Teatro
Francisco Villar
Escribo estas líneas congratulándome por contar con la presencia del escritor Javier Cercas, hoy viernes a partir de las 20 horas en el Nuevo Teatro de Langreo, en mi triple condición de extremeño y paisano suyo, como Presidente de la Asociación Cauce del Nalón, y como entusiasta lector de su obra, una de las mejores de nuestro país, como acreditan tanto el público como la crítica y certifican
(...)ambos somos extremeños de nacimiento, ambos vinimos al mundo en el pequeño pueblo de Ibahernando (provincia de Cáceres) a dieciocho kilómetros de Trujillo
En segundo lugar, y aunque nos separan 10 años cronológicos, los dos compartimos también el mismo escenario histórico; los años cincuenta y sesenta del franquismo que llevaron a nuestras familias a emigrar hacía las zonas industrializadas, en mi caso a Barredos (Asturias) en la cuenca minera del Nalón y en el suyo hacia Barcelona. En la actualidad, vivo en Langreo y Javier Cercas hace años que vive en Gerona, donde es profesor de Literatura Española.
Hay un último hilo que me conecta a nivel personal con Javier Cercas y es que yo, del primer Cercas que tuve referencia fue de su tío Alejandro Cercas (exdiputado socialista y europarlamentario) también nacido en Ibahernando, a través de mi querido amigo de Barredos -ya fallecido (habiendo sido socio de Cauce y formando parte de su junta directiva)- Longinos Montes, gracias a que ambos se conocieron y trabajaron en la década de los setenta en Madrid, en el antiguo Instituto Nacional de Previsión. No me negarán que la vida teje nuestros hilos de forma coincidente.

(...)Y como reconocimiento a la tertulia literaria de los martes en La Toscana, hago una pequeña reflexión y un breve comentario de su obra "Las leyes de la frontera," que leímos y pusimos en común, en la que, a través de un grupo de tres jóvenes delincuentes, drogadictos y personajes principales, "El Zarco", "Tere" y "el Gafitas", Javier Cercas nos habla de la joven generación que protagonizó los primeros años de la Transición y del impacto que tuvo la llegada de las drogas. Las leyes de la frontera pretende así trasladar al lector esa adicción que todos sentimos alguna vez por lo distinto, por la vida al otro lado, por el precipicio mismo.

Sus artículos, en mi opinión, son todos interesantes y aportan sensibilidad y conocimiento global, pero particularmente señalaría dos aspectos, resumidos en algunas frases importantes de dos de ellos que nos pueden ayudar a comprender y llevar algo mejor la dura realidad. El primero, "La Transición, papá y mamá". La transición política, en la que afirma: "La solución está en reformar lo que hemos hecho. La transición es imperfecta igual que la democracia, pero prefiero esta imperfección que hicieron nuestros padres que generó democracia y nos colocó en Europa". El segundo, "Sobre el momento que empiezas a corromperte". La izquierda "empezó a corromperse y perder la batalla cuando empezó a justificar los abusos y errores de los suyos"

Estoy seguro que hoy a partir de las 20 horas será un día especial para todos los asistentes de distintos municipios asturianos y de Langreo, en particular, por contar con el privilegio en ese diálogo literario con Javier Cercas, "El presente del pasado", que en un primer momento pondrá en común el también escritor, editor asturiano y articulista del Cultural de LA NUEVA ESPAÑA Antón García, y que, posteriormente, el público asistente va a tener su oportunidad, si así lo desea, de dialogar, preguntar y sugerir acerca de los temas que desarrolle el propio Javier Cercas. Y termino señalando que su última novela, "El Impostor", estará en la entrada del Nuevo Teatro de Langreo al servicio de las personas que deseen adquirirla. Invitamos a todos los ciudadanos de Asturias, junto con el club LA NUEVA ESPAÑA en las Cuencas a este acontecimiento cultural.

Anónimo dijo...

aquí todos fuimos valientes opositores a Franco... El caso es que, durante la Transición, casi todo el mundo se construyó una biografía falsa; y Marco, a los cincuenta años -la edad que tenía Alonso Quijano cuando se convirtió en Don Quijote-, hace lo mismo: inventarse una vida y un personaje. Alonso Quijano se pasó la vida encerrado en un poblachón leyendo libros hasta que, un día, se dijo: ya no puedo más, mi vida es una porquería, voy a vivir la vida que he leído en los libros; y vive todas las aventuras que no había podido vivir. Lo mismo hace Marco: se había pasado la vida trabajando en un taller en Collblanc, junto al campo del Barça, y se inventa un pasado de héroe durante la guerra civil, de víctima de los campos nazis, de paladín de la resistencia antifranquista... Pero a Don Quijote no se lo creyó nadie y a Marco todo el mundo, hasta el punto de que acaba presidiendo la Amical de Mauthausen, la asociación de ex deportados, y es nada menos que secretario general de la CNT durante la transición, cuando se creía que la CNT iba a mandar mucho en este país. Vive la vida de héroe que había soñado.

Volvamos a la memoria histórica...
Fue un movimiento totalmente justo. Se trataba de algo tan sencillo como resarcir a las víctimas, sacar los cadáveres de las cunetas y restituir la dignidad a aquellos que sufrieron injusticia. ¿Qué pasó? Que se convirtió en una industria. Adorno y Horkheimer nos enseñaron que la industria del entretenimiento provoca el kitsch, la falsa literatura, el falso arte. Pues el resultado de la industria de la memoria fue la falsa memoria, la falsificación de la historia. Y Marco es el emblema de eso, él era una falsedad viviente, la encarnación del kitsch de la historia, con todo su sentimentalismo y su heroísmo de pacotilla. Y por eso se acabó la memoria histórica y los muertos siguen en las cunetas. No necesitábamos ninguna ley de memoria histórica, sino simplemente que el Estado cumpliera con su obligación y resarciera a las víctimas.

Usted también critica a Marco varios elementos kitsch de su relato, como la partida de ajedrez que le gana a un carcelero del campo nazi, arriesgando con ello su vida. Lo ve muy melodramático.
Lo de la partida de ajedrez es apoteósico, una cima de Marco. Él es un novelista de sí mismo, como todos, pero su novela es monstruosa, barata y sentimentaloide; es decir: falsa. Me temo que por eso la aceptó todo el mundo.

Ha descubierto muchas mentiras nuevas de Marco. Y lo hace sin haber roto nunca el contacto con él. Desmenuza todas sus imposturas como nunca nadie había hecho, pero, cuando parece a punto de rematarlo tras tantas indignidades, no le condena ni absuelve, deja el juicio final al lector.
Por eso es una novela: una novela formula preguntas, cuanto más complejas mejor, pero la respuesta la tiene siempre el lector. Por lo demás, en estos casos se plantea siempre un dilema moral: ¿qué derecho tengo yo a escribir sobre este hombre, a revelar aspectos de la vida de alguien que incluso su propia familia ignora?

Y usted ¿qué hizo? ¿Fue como Truman Capote, que traicionó la confianza de sus asesinos y llegó a desear sus ejecuciones, o como Dickens, que cambió cosas de su libro para no molestar a una señora?. Por citarle dos ejemplos que aparecen en su libro.
Yo no podía ser Dickens, que cambió un personaje de la novela que estaba publicando por entregas para no perjudicar a una señora de provincias con quien la gente empezaba a meterse por su culpa. Mi libro es una novela sin ficción, así que no podía alterar la realidad. Obviamente, estoy más cerca de Capote o de Carrère. Hay una perversión que asumí, que en realidad me torturó. Por eso aparezco en el libro y muestro mi relación con Marco, no me escondo, como Capote, que desaparece de su novela. Además, convierto este problema en uno de los temas del libro. Si me salvo o no, si salvo a Marco o no, eso lo tiene que decidir el lector.