sábado, 18 de octubre de 2014

Trubia está ahí

A principios de los sesenta, los jóvenes recién contratados por el Banco Herrero solían preferir como iniciación la Oficina de Trubia. Aquel director, sin tener carácter expansivo ni pedagógico especial era un probo empleado capaz de transmitir su sapiencia de forma práctica. La primera lección era que junto al tintero para la obligada rúbrica se colocase visiblemente la posibilidad de mojar el dedo y estampar la huella: “No esperes que te lo pidan. Los analfabetos son muchos más de los que imaginas y tienen su sensibilidad. Jamás, de otra manera, podrías recoger los recibos de tantas pensiones”.
Esa era Trubia.
Su progreso cierto pero inarmónico. Hogaño las cosas son, sin duda, muy distintas. La Fábrica sigue con su enorme superficie y ahora, dicen, con carga de trabajo, como no podía ser menos en un mundo belicoso,asegurada hasta,al menos, 2026, pero las contradicciones palmarias y bien apreciables, al ladito mismo de la gran ciudad. La más lacerante es ese burdo engaño a 55 despedidos, que conllevó el vergonzoso cierre de la Vega ovetense y de los que se quiere olvidar el Ministerio de Defensa y su subcontratada, la americana General Dynamics.
Acompaño a estos amigos en su concentración periódica y me sigue sin entrar en la cabeza que la Corporación Municipal y la empresa hayan abierto las instalaciones armeras para danzar sobre sus ruinas.
Si me acerco una vez al mes a saludar a estos amigos, víctimas de la sinrazón, no es por mera solidaridad, que también, sino porque no concibo nuestra ciudad y nuestro Concejo amputados de su historia industrial.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La utilización de los terrenos la antigua Fábrica de Armas de La Vega ha sentado mal entre los trabajadores despedidos del complejo, que no han tenido éxito en su petición de que no se abrieran sus puertas a las actividades lúdicas

Anónimo dijo...

¡Muy bien por ese compromiso con el Oviedo industrial! Evocar la sirena, la fiambrera y el traje de mahón es recordar que los obreros de antaño no eran analfabetos. Y de aquellos talleres salió la maestría industrial. Aunque adaptada y en consonancia con los nuevos tiempos, esos operarios y esa industria nunca debieron perderse en la capital. Menos mal que alguien en Oviedo lo defiende desde una tribuna y trata de sensibilizar a la opinión ovetense, anestesiada y atrofiada. Aunque mejor lo hubiera sido hacerlo desde el programa ciudadano de aspirante a la alcaldía. CLH