martes, 9 de septiembre de 2014

Gamallo en su centenario


Se ha cumplido el centenario de un personaje maravilloso y/o mágico, en cualquier caso muy superior al escritor que fue, Dionisio Gamallo Fierros. Susobrino Toni, la Academia gallega y la comunidad ribadense le han recordado con este motivo en importantes aportaciones, entre ellas una interesante exposición. Nacho Gracia y J.M. Ponte Mitelbrun lo hicieron también en las páginas de La Nueva España y "La Comarca del Eo" le ha dedicado un extraordinario monográfico.

El personaje trascendía, insisto, a sus eruditas escrituras por las que el futuro seguirá conociéndole. En Oviedo tenía Dionisio una parte muy significativa de su corazón. Gustaba de pasear por el San Francisco introduciendo su mano en la oquedad de árboles secos en los que su madre, ovetense, "pudo haber jugado de niña", como recojo en mi libro "Con Vistas al Naranco", editado por Marta Magadán.

Era proverbial la amistad de Dionisio con los Alarcos, Emilio y Josefina, que ensalzaban sus saberes y ocurrencias en la tertulia, o "sanedrin", de Alvabusto y en otros foros. Bien recuerdo sus polémicas, en el Simposium del centenario de La Regenta; de un lado, con Carmen Bobes, pretextando el presuntuoso colorete facial del Magistral De Pas y, de otro, con mi no menos admirado Tolívar Faes, por la procedencia del epistolario de Clarín, que Gamallo sigue blandiendo, afortunadamente, aún de forma póstuma.

Daniel Cortezón, su amigo y confidente, depositario circunstancial de la entrañable carpeta que siempre le acompañaba, nos ha legado una bonísima biografía. Como tuve entre mis próximos a Lauro Olmo y Pilar Enciso, me resultó emocionante cómo llegó personalmente a solidarizarse cuando el vergonzoso e histórico desahucio que sufrió ese matrimonio de escritores y sus hijos en el madrileño barrio de Pozas.

El encuentro con su topadiza figura nocturna, en el Breogán o el Cantón, era un aliciente de todos los veranos, como, sigue siendo quedarme un minuto ante su bien caracterizada estatua del parque de Ribadeo. Inolvidable igualmente la visita habitual que hacíamos, Cándido Riesgo y yo, en su compañía, al piso alto de la farmacia de Diaz, su primo, con los retratos del abuelo de ambos, el pintor Dionisio Fierros.

Ya se ha contado por muchos sus sarcásticas tarjetas volterianas de "Varón de Porcillán". Frente a tanto título provocador, como no eludí manifestar en vida de Leopoldo Calvo Sotelo y su absurdo topónimo de Ría de Ribadeo, el de Gamallo era real ("Puedo probar que soy varón, nacido en Porcillán, puerto de Ribadeo") y partidario entusiasta de la cordialidad ribereña con su asociación de "Amigos del Eo", a la que me incorporó y que, José Luis Mediavilla, Julián Guerra y yo, los tres de Figueras, fuimos excluidos a su muerte.

Sabiendo algo de su ideario político radical, no me extrañó, sin embargo, que Manuel Fraga y otros conspicuos derechistas le manifestasen su admiración sincera. Al fin y al cabo, sería bueno reconocer en su centenario que Dionisio, en la comarca Asturgalaica de la Ría, es de todos.

Antonio Masip

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bien.Un abrazo.No sabía lo de las exclusiones.G.

Anónimo dijo...

Le recuerdo,en efecto,en Alvabusto con su boina,su abrigo y su carpeta.J