viernes, 4 de julio de 2014

Homenaje a Paco Rodríguez de unos amigos.


El madrileño Liceo francés promovía a uno de sus destacados alumnos al cuadro de honor. Consta en un manuscrito que fue hallado en Corias por Nieves Miranda y Eloina Fernández.
Así, los mazos de legajos que habían custodiado los frailes, primero benitos y luego dominicos, se entremezclaban con otros más recientes de la Vega del Narcea, surgiendo, amarillento, el resplandor del citado documento en el que cabe leerse en sus últimas líneas: "El alumno Rodríguez, Francisco, ha merecido por su buena conducta y su aplicación la inscripción en el Cuadro de Honor". Era el curso escolar 1944/45 y se trataba de la clase 10. Pues bien, sus amigos: Nieves, José Manuel, Ricardo, Elisa, José Miguel, Sefa, Manuel, Felisa, Elías, Rosa, Fernando, José Manuel, Amparo, Eloina y Antonio, reunidos en este mismo Monasterio cangués, de los orígenes de Paco, transformado en Parador, quieren dejar constancia de que pasados los años, habiendo sido recorrido el ancho mundo por aquel espabilado y aplicado muchacho, con especiales paradas en cuatro continentes y ambos hemisferios, en todos los que dejó constancia de su admirable genio emprendedor, Francisco Rodríguez es personalidad gratísima, extraordinaria, que no solo era justo fuese merecedor entonces de Honor sino que aquellas razones se han visto incrementadas exponencialmente entre las que destaca, en efecto, la buena conducta y la aplicación escolares del boletín del alumno sino ya el reconocimiento por nuestra parte de su alto sentido de la amistad que nos mueve a dar especial testimonio de uno de los raros quijotes que, en su larga andanza, promueven por cordialidad, cultura y dinamismo, La Paz Perpetua.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Fuimos 17 y no pudimos admitir mås por falta de espacio en el pequeño comedor del Restaurante Blanco de Cangas