lunes, 7 de julio de 2014

Don Donluin se trae de Alsacia una crisálida gigante

Don Donluin  tenía ya muy amortizada la salida de Estrasburgo que, no obstante, fue premiosa y lentificada por un calendario que parecía hecho para repetir, en Alsacia, aquel clásico de Hemingway/Vila-Matas de que "París no se acaba nunca". En el pequeño avión resultaba premonitorio de proverbial normalidad que del lado derecho estuvieran los derechistas y él, como siempre, de la izquierda, lo mismo que algún otro compañero más de periplo decenal que de viaje circunstancial. Una tormenta seca y brutal, como jamás Don Donluin había sufrido, hizo creer que antes de horas veinticuatro se podía pasar del teatro parlamentario a las musas celestiales, con baches entre nubes y gritos de niño que venían de detrás. Una diputada, que apenas había pasado unos meses en el escaño, tan pocos como para que no supiéramos su nombre, empezó a rezar los misterios dolorosos del martes, que interrumpió abruptamente para solicitar una bolsa de mareo. Poco después salimos de la turbulencia ventosa, que nos llegó a parecer tornado caribeño. Pese a lo muy viajado Don Donluin recuperó el semblante y, haciéndose no ya el valiente sino el tranquilo sureño que dice ser, giró la testa y, entre las rendijas de los asientos, me espetó como si jamás hubiera sucedido nada: Fíjate al fondo, muy al fondo, a tu izquierda, cómo se desliza un gran gusano que tiene que ser el Ave. No encontré nada a la vista que se moviera en el horizonte de la planicie pero no dudé que él sí se lo creía pues bien me sé que los sevillanos, y más la generación política de Don Donluin, se agarraron al Ave como salvadora apuesta multidimensional. En la escalerilla del avión una nube de crisálidas, recientes gusanos, anunciaba otra tormenta, mientras Don Donluin se las quitaba de sí con la mano. Poco después recibí su SMS: Aturdido no me pude ni despedir.Ya estoy en el Ave. He de preguntar si el paso de gusano alsaciano a crisálida sevillana es reversible. Pasados dos días, me citó en Madrid para conjurar que no se le ocurriera a nadie, como hiciera el Ministro, hoy embajador, Trillo, intercambiar nuestras cenizas si nos pasa trágicamente otra movida como la que vivimos saliendo de Estrasburgo y de ser eurodiputados. No hay peligro: París puede que no se acabe nunca, pero Estrasburgo y Le Pont des Vogues,sí.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Antonio menudo susto !! Aunque con tu manera de contarlo una sonríe... Pero diselo a mi madre que hace un año viniendo a Bruselas pensó que no saldría con vida de aquel avión!!!

Menos mal que fue en la última vuelta de Estrasburgo... Algo de señal tendría...

Un abrazo fuerte

C

Anónimo dijo...

Muy ingenioso, como siempre, el alcalde perpetuo de Vetusta, L

Anónimo dijo...

Te ha salido una magnífica crónica, que tb ha encantado a M
E

Anónimo dijo...

No hay quién entienda porqué has dejado el Europarlamento que tan bien te iba

Anónimo dijo...

Genial! Tú y don duanin! Cómo esta jaime, tu hermano? Resistes todo el día encerrado en oviedo❤️💋

Anónimo dijo...

Jaja genial relato Antonio.CCU

Anónimo dijo...

Me encantó.CRF

Anónimo dijo...

En aeroplano y entre espesos nubarrones, truenos y rayos...buena despedida del parlamento eur.L