viernes, 25 de julio de 2014

Churchill en Flandes

"Nos amparamos en el desconocimiento de la historia para no tener que interpretarla". Luis García, Cartas del Norte.

Por doquier se conmemora el centenario de la cruel Gran Guerra, cuando se cumple el centenario del asesinato del archiduque Francisco Fernando. Predominan, sin embargo, las reflexiones pacifistas. Fue, en nuestro ámbito local, ejemplar el mensaje del ÍES Leopoldo Alas, al que ya me he referido. También hay leyendas menores que se transmiten oralmente de generación en generación. En Flandes, me hablaron de un relativamente joven Churchill, antes de su merecida fama de heroica y clarividente resistencia antinazi de la Segunda Guerra Mundial. El que pasó a la Historia con su archiconocido "sangre, sudor y lágrimas" pisó Bruselas, Amberes, Dunkerke ... Le gustaba la buena vida y sus famosos puros y brandys. Se cuenta, incluso, que llegó en tren con un amplio equipaje que incluía... ¡una bañera portátil!. Jovellanos, otro siglo y pico antes, pese a sus influencias anglófilas, solo se lavaba los pies seis veces al año, como recojo en "Desde mi ventana". Sir Wiston menciona igualmente la calidad de las comidas (!) y de los hoteles de Amberes, que consideraba entre los mejores del mundo, ¿utilizaba además, mientras oía fuego bélico real, la bañerita traída consigo desde la londinense estación Vitoria? Hubiera hecho, de saberse, las delicias narrativas de los corresponsales de guerra, cumbres de nuestra literatura: Carmen de Burgos, Blasco Ibáñez y el ovetense Pérez de Ayala. Y leyenda es igualmente el propio nombre de Amberes, o Anvers, que proviene de un gigante, cuya perversa mano fue arrebatada y tirada al río de la ciudad. Churchill, gigante de nuestro tiempo, salió indemne y victorioso de su visita, lo mismo que de nuestro recuerdo, trastocado,sin duda, por la tradición oral.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bien.L