sábado, 12 de abril de 2014

Del IES Clarín y el Centenario de la Gran Guerra


Mucho me prestó la invitación de un escogido grupo de profesores y alumnos del IES Leopoldo Alas para que inaugurase una exposición sobre el centenario de la que se llamó Gran Guerra del 14.

Fue en el ovetense Palacete de la Lila, en cuyo magnífico salón de actos nunca había estado, pese a ser un logro parido en mis tiempos de Alcalde, a cuya recuperación, o salvación de la piqueta incivil, que diría Pérez de Ayala, presté especial modesta atención.

Gran iniciativa de esta comunidad educativa que lleva el tan glorioso nombre de Leopoldo Alas para Oviedo y la cultura universal.

La maravillosa idea de una Europa unida sale de las cenizas de aquella guerra y de la siguiente del 39/45 que devastaron, entre ambas, los campos y las poblaciones centroeuropeos. Desde el piso onceno del Parlamento, en Estrasburgo, diviso los lugares donde se apostaron las trincheras de los dos bandos que parecían irreconciliables y que hogaño, generaciones pasadas, colaboran estrechamente en esta U.E. en el que he trabajado diez años.

El profesor, Juancho García, y los alumnos de tan loable iniciativa me recibieron en La Lila con camisetas del azul europeo y grandes estrellas amarillas:

-Comprenda que no nos entraban, bordadas, 28 estrellas ni siquiera las doce de la bandera oficial- me dice hasta emocionarme una de las promotoras.

Precisamente la entrada oficial del Parlamento de Estrasburgo está dedicada a Mariana Pineda, la legendaria liberal granadina que murió por bordar la bandera constitucional.

Insisto en la oportunidad de estos jóvenes ovetenses en la que se reiteraron con un reparto de folletos europeístas ante el Teatro Campoamor y la presencia de mi compañera María Muñiz y el anuncio de que también aparecería Salva Garriga.

Menos mal que no me pidieron me enfundara una de sus camisetas ante la televisión regional pues con mi volumen hubiera hecho el ridículo cuando ya próximo mi retiro parlamentario, siguiendo al venerable Tarradellas,"estoy dispuesto a todo menos al ridículo"; si bien, no obstante, acabo de leer, en Tommy Cederholm, médico, investigador de la nutrición de la vejez, que "Después de los 65 un ligero sobrepeso, sin diabetes, cardiopatías e hipertensión, es saludable".



¡Adelante amigos del Clarín!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

A cierta edad ya no se hace el ridículo ni preocupa.Es buen artículo.AP

Anónimo dijo...

Mi suegro viajó con su padre a París en la guerra del 14 para colaborar con los franceses. Por lo visto vinieron reclutando especialistas para fabricar armas.I