sábado, 18 de enero de 2014

Panama Hat

En mi despacho-biblioteca de casa me acompaña un perchero coronado por un par de sombreros de los llamados "Panamá", regalos generosos y, como tales, desinteresados de dos amigos, Federico, de As Figueiras, y Don Luin, de Coria del Río. Son idénticos y, como buenos gemelos univitelinos, se pasan entrelazados en abrazo envolvente tres estaciones del año, es decir nueve meses de hibernación gestante, contemplando, o sintiendo, cómo cambian, enfrente, ventana por medio, los árboles franciscos, las tercas lluvias y los vientos hojarascados, hasta que el sol del verano les saque de su pasmo y me anime a pasearlos separada e indistintamente. Su paciente quietud me llama, en forma constante, a la melancolía estival y el crema de su color y porte, también con frecuencia, a cómo Úrculo y/o Arroyo, ambos Eduardo, eternizaron el género pictórico de tema sombreril.

Estos días mis panamás no me hacen añorar tanto la luz del calor natural como inducen a la preocupación por lo que está sucediendo con la magna obra en la que se discuten sobrecostes de quitar el hipo.

La Universidad de Panamá me invitó tiempo ha a pronunciar una conferencia sobre lo que fue Proyecto de Constitución Europea. Compromiso que no pude cumplir, como hice en Caracas y Bogotá, por no pocos imponderables, pero bien me hubiera gustado conocer el lejano espacio de los actuales autos controvertidos y de esas míticas esclusas que alzan los paquebotes de una a otra mar océana, mientras leo de la existencia de un fabuloso ingeniero langreano, Bernardo González, abriendo las nuevas sendas. El volumen de hormigón será de 5 millones de metros cúbicos, dos veces y media la pirámide de Keops, y el acero de refuerzo (200.000 toneladas) equivalente a veintiuna torres Eiffel. Nada que ver, aunque el concepto de elevación de niveles sea el mismo, con las pequeñas compuertas del canal alsaciano, apto para  yates, que bordea mi despacho del Parlamento estrasburgués. Mi interés por Panamá se ha visto acrecentado por la preocupante falta de noticias de mi admirado Aurelio Díaz Valdés, cuyo entrañable libro de memorias ("Yeyo, el emigrante") tuve el honor de prologar, y aún por el recuerdo de Renato Ozores, personalidad singular ya ido, con una familia encomiable que ha acertado depositando sus libros de prolífico creador en el Fontán, Biblioteca Pérez de Ayala. Renato me contaba, fina y poéticamente, cómo vio de una misma primera mirada el Pacífico y los grandes y bellos ojos de la que sería su mujer.

Lejos de mí perjudicar intereses españoles en lo que dicen es el concurso de obra pública más importante del ancho mundo, antes al contrario, favorecerlos, pero no deja de sorprenderme que tantas empresas, tras ganar a la baja licitaciones, reclaman luego sobrecostes. Y eso sucede como una herida lacerante y abierta en nuestra triste cotidianeidad de la que no se libra ni el Hospital HUCA, que coincide en más de una mota o muro de contención mal valorado con el Canal y la misma firma calculista.

No conozco el denso expediente, insisto, del que solo llegan olores de todo tipo pero, en cualquier caso, resulta vomitiva la calaña de quiénes aparecen sosteniendo a Gürtel, a Bárcenas y a la demás ralea.

Ojalá se arregle todo. Menos mal que el arquitecto-ingeniero no es el siniestro Calatrava.

¡Cuánto pleito amargó los últimos días del bueno de Pepe Cosmen! Y, aunque flagelados por Calatrava, en las tripas de la ciudad de Oviedo, bien que nos libramos de aquellas trillizas, a no dudar candidatas, que hubieran sido algún día, al sobrecoste y la mala ejecución; rascacielos que, ya de plano, querían sobrepasar  y condicionar nuestra querida Catedral y que, a la vez que a los auténticos asturianos, alarmaron a la UNESCO.

No deja de resultar curiosa la referencia de Quijano, Presidente del Consorcio del Canal, y del Jefe de Estado panameño, Martinelli, a que: “Nos toman por aborígenes con plumas”. Lo cierto es que los corruptos y sus paraísos fiscales nos despluman a este otro lado de un Atlántico sin, en principio, aborígenes a los que recurrir dialécticamente. No he olvidado a Sacha Distel cuando cantaba, en verso torpe, a la pluma que colocaba a su sombrero.

Mis panamás son solo mellizos; de ser trillizos serían demasiado para el corto verano de estos lares.

Ah, el panamá era el jipijapa que el Presidente yanqui Teddy Roosevelt encargó  en número de 50.000 para los braceros ecuatorianos que se morían de sol abrasador e infecciones múltiples en el Canal inaugurado hace un siglo. Don Luin me adquirió uno en Quito, donde los lugareños han asumido que la imagen de marca acuñada de éxito es la vecina Panamá. Ojalá que no se resienta la Marca España que con tanta pompa se ha lanzado últimamente. Mi prima, la genial diseñadora Patricia Urquiola, ha recordado, en su salida a los medios estas navidades, cómo Made in Italy está hoy por hoy más acreditada. Sin embargo, estoy seguro que la corrupción, siendo excesiva en España, es muy superior en Italia.

En fin, "Genuine Panama. Made in Ecuador".

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por compartir este bello articulo...lo pasare a mis hermanos.
Felicidades en el 2014 !.
R

Anónimo dijo...

Bonito Masip.

Conocí bien a Urculo (vivimos en la misma casa cuatro años) y me encantan sus sombreros.
E.

Anónimo dijo...

Muy hermoso.Carlos

Anónimo dijo...

Preciso y adecuado.AP

Anónimo dijo...

Deberías meterlo en tu libro si llegas a tiempo pues sé que lo presentas ya.L.L.

Anónimo dijo...

Tan ingenioso como siempre, amigo Antonio. Y tan crítico con prácticas que también deploro, o con ídolos de papanatas sobre los que comparto tu opinión.
Mi abrazo más fuerte,AV