sábado, 21 de diciembre de 2013

Playas sin arena





Un abogado francés, Denis Delastrac, que antes se adentró en Misterios del Nilo, es autor del laureado documental "La guerra de la arena", cuyas declaraciones promocionales me impresionan grandemente: "En el año 2100 las playas del mundo habrán desaparecido. Mirad alrededor. En su grabadora hay un chip que contiene arena, igual que su teléfono móvil, este vaso de cristal, el vino, la pasta de dientes...El dióxido de silicio está en todas partes...En los plásticos de los aviones y en las aleaciones ligeras, en la pintura, en los neumáticos, la cosmética y la construcción. La arena que se extrae no vuelve; está en nuestros edificios, puentes, carreteras, aeropuertos. En el 2020 China no tendrá ni un solo río que llegue al mar con su carga de arena. Las arenas del desierto no se pueden utilizar para la construcción pues no compacta".


Me ha conmovido hasta preguntar a expertos medioambitalistas comunitarios, entre los que cuento muy próximo a mi compañero valenciano Andreu Perelló, bestia negra del lobismo tabaquista, y en especial de la insufrible Philips Morris, muy preocupado por el lacerante efecto costero del cambio climático.



Los problemas son reales, con independencia de enfatizar las aristas más graves, la temperatura del planeta y/o la administrada escasez del dióxido de silicio. Para Andreu la renovación mental de nuestra civilización va demasiado lenta aunque la Humanidad, en la cercanía del precipicio, puede reaccionar aún.



La falta de arena siembra enseguida alarma. Bien recuerdo la de los vecinos de las playas de Salinas/San Juan/El Espartal y de la gijonesa de San Lorenzo que han visto pérdidas sensibles de arena robada por el comportamiento de unas olas cuya inesperada terquedad fue provocada. El senador Iglesias había pedido un informe limitado, causal y territorialmente, pero que revela, junto a otras expresiones, sentida preocupación social. En Gijón quedan al descubierto, en la bajamar, los pilotes de las antiguas construcciones que se cargó el legendario Alcalde anarcosindicalista Avelino G.Mallada, durante la guerra civil. En el Sur de Inglaterra, están próximos los dos tipos de playa, de arena o grijo; jamás imaginé en mis tiempos de estudiante estival en aquellos lares que un día pudiera predominar la fealdad de las pedregosas negruzcas, tan presentes en el novelista de moda-¿futuro Nobel?- Ian Mcwan, y antes, en Greene. A la cantante Madonna le gustaba, no obstante, pasear descalza por esas playas que para mí no son tales.



¡Y todavía apenas conocemos de cerca los saqueos masivos de esta Apocalipsis que publicita Delastrac! La 2 de televisión ya se ha hecho eco contando la desaparición de islas de Indonesia y el cambio de actividad de los pobres pescadores del Estado fallido de Cabo Verde que de su actividad tradicional se pasan a la extracción y tráfico de arena.



En otro orden, estos días pasados salieron, en estas páginas de La Nueva España, las protestas ponderadas de dos antiguos y queridos concejales vetustenses, Pedro Quirós sobre los agujeros que se abren en Las Regueras, y Carlos F. Llaneza perorando acerca del Naranco y otras caleras indiscriminadas. Son arenas, canteras, que hieren, ya no la piel costera, sino las entrañas paisajistas interiores que rompen el equilibrio de ese lugar común edénico que llamamos Naturaleza.



Leopoldo Calvo Sotelo, que desplegaba fino humor, desde su atalaya del Eo, solía resaltar el sinsentido de la draga arañando arenas y fangos del puerto ribadense ampliado de Porcillán, que vomitaba luego en la parte asturiana de la ría. Se devolvían los lodos, Leopoldo dixit, de nuevo al otro lado en evitación de acrecer el descomunal tapón del canal que amenaza el astillero figuerense.



No había relacionado yo la unidad de todas esas depredaciones de signo diverso.



Tarde es mejor que nunca.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por la cita.CLL

Anónimo dijo...

Muy bien el artículo de "Playas sin arena"
Un abrazo.
C

Anónimo dijo...

Dublín está comprando la arena de todas las islas de alrededor y arrasándalas

Anónimo dijo...

No es Dublín sino Dubai

Anónimo dijo...

Ya llevas dos columnas sin colgar.¿van en tu libro?II.J