viernes, 18 de octubre de 2013

"Si a alguien no le gusta una gran ópera como "La Traviata" es que es muy burro"



"Veo mejores funciones en Oviedo que en Bruselas, y me dicen que la temporada del año pasado del Campoamor fue mejor que la del Real"



La Nueva España 17/ 10/ 2013

Javier NEIRA

"La función fue fenomenal; la soprano Ailyn Pérez, que no conocía, estuvo excelente". Así vio la primera representación de "La Traviata", de Verdi, Antonio Masip, eurodiputado -ex alcalde de Oviedo, ex consejero de Cultura...- y, para el caso, aficionado a la ópera desde hace más de medio siglo.

"Al principio se apreciaba cierta apatía en el público y algunos decían que el barítono no era buen actor, pero, a mi juicio, daba el papel de Germont fenomenalmente. Cantó "Di Provenza" sentado cuando, yo al menos, siempre la vi cantar de pie. Me gustó muchísimo. El juego de luces en la segunda parte, en el campo, no funcionó. El contraste con los salones de París fue dudoso. Tampoco me convenció la coreografía. Pero, claro, en una ópera tan conocida siempre estás recordando otras representaciones".

Ciertamente, los recuerdos siempre están ahí. Antonio Masip evoca su "Traviata" iniciática. "Fue la primera vez que fui al patio de butacas. Fue un 21 de septiembre, fiesta de San Mateo. En 1958. Yo tenía 11 años. En la fila dos, los números 2 y 4, con mi hermano. Eran las butacas de nuestros padres que ese día tenían invitados a varios alcaldes de Asturias y estaban en el palco".

La representación "la dirigió Franco Patanè, habitual en la ópera de Oviedo. Lo que más me impresionó fue la partitura, metida en una caja azul, que ni abrió. Dirigió todo de memoria". Vamos, que "el empleado de la casa Ricordi, la editora de la partitura, la recogió al final tal cual, sin que se hubiese abierto. Delante de mí estaba el crítico musical Antonio Fernández-Cid. Hacían sólo medio ensayo. Qué distinto todo de ahora".

Masip recuerda que vio una vez a "Ángel Muñiz Toca dirigir también sin partitura a la OSA, antecedente de la OSPA actual. Tenía carisma. Calvo, con cuatro pelos. Fue en un concierto que dio en el patio del Colegio de los Dominicos, donde yo estudiaba. La partitura era sólo unas hojas sueltas, no como la que tenía delante y no usó Patanè".

El eurodiputado, entonces niño, repitió patio de butacas "al año siguiente para ver "Don Pasquale". También asistí a una "Marina". El resto las seguía desde general, desde las entradas de ciego. Oía, pero no veía".

De aquella "Traviata" seminal le viene a la memoria también la actuación del tenor Giuseppe Campora y de la soprano Rosanna Carteri. "Los estoy viendo. Mi hermano y yo llegamos de los primeros a los camerinos. La mujer de Campora nos dijo, al vernos, que no tenían fotos. Pero cuando entró mi padre que era el alcalde sí aparecieron fotos y firmadas. Mis tíos Fontana, que tenían palco en el Liceo, eran muy amigos de la soprano Gianna D'Angelo. Se alojaba en su casa de Barcelona. Y también en Oviedo. Y al verlos notamos que Carteri tenía un poco de celos por esa amistad privilegiada. A mí me impresionó más Giuseppe Campora que Rosanna Carteri, aunque no sabría decir por qué. Yo estudiaba solfeo, pero no me gustaba. Por eso tenía cierto rechazo a la música. Sin embargo, aquella "Traviata" me fascinó".

Con el tiempo asistió a representaciones de la ópera de Verdi en otros teatros y circunstancias. "En 1990, en Nueva York, en el Met, de Zeffirelli. La función del domingo no tenía nada que envidiara la de Zeffirelli. Volvimos en 1991. El dólar estaba barato. Era más barato ir al Metropolitan de Nueva York que al Liceo de Barcelona. Seguían poniéndola, con Kraus que llenaba la escena. Logramos las entradas a través de Aquiles Tuero".

No hace mucho vio otra "Traviata" en el teatro de la Filarmónica de Oviedo, "una producción presentada con dignidad, pero el teatro no se llenó. Y es que la clave son los abonados y la continuidad que da una temporada. Son los mecanismos para mantener la fidelidad del público. Y hace poco vi otra "Traviata" en el teatro Jovellanos de Gijón, que estuvo muy bien. Con el tenor Moisés Molín, que es pariente de mi mujer. Muy buen cantante, casi desconocido en Asturias".

La forma de presentar la ópera de Verdi varía con el tiempo. "Hace cincuenta años el preludio se tocaba a telón bajado. Ahora, lo acabamos de ver, no se hace así y ayuda a entrar en la obra inmediatamente con la presencia de Violetta. En el último acto también se tocaba el preludio a telón bajado y ahora no. La verdad es que si a alguien no le gusta una gran ópera como "La Traviata" es que es muy burro. Entonces desde la fila dos no veían las manos del apuntador, de Anglada, un tipo enorme que venía desde el Liceo. Ponía el libreto en el suelo del escenario y gesticulaba. Sí se veían sus manos desde los pisos altos. Como apenas había ensayos tenía que dar las entradas paralelamente al director de la orquesta".

Eran tiempos de claque. "Mompou, un actor de cine, iba de esmoquin y pasaba en los descansos de un piso a otro. Sabía cuándo había que aplaudir y arrastraba al público. Era la época de Diego Monjo. Dirigía la escena, se ponía una peluca y cantaba. Algunos ensayos se hacían en los camerinos. La temporada se centraba en la ópera italiana, ¡lógico!, ¡por supuesto que sí! Veo mejores funciones de ópera en Oviedo que en Bruselas. Y Monchu Bances me ha dicho que la temporada del año pasado de Oviedo fue mejor que la del Real de Madrid".

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola tío. Precioso el artículo y las experiencias que cuentas. Es importante que la gente pueda disfrutar estos espectáculos que como bien dices le gustan a cualquiera que los ve.

M.M

Anónimo dijo...

Bien pero te pasas menospreciando a quien no le guste.D

Anónimo dijo...

¡Qué tiempos!Yo también guardo el autógrafo de la soprano.Era Cartieri no Carteri.C.F.

Anónimo dijo...


Totalmente de acuerdo con poner en valor la gestión de los teatros que han apostado por la cultura de los abonos.
M.M.

Anónimo dijo...

Debo arrepentirme de haber tachado de “burro” a quien no le gustó la sublime representación de La Traviata como también, antes, haber dicho que no se podía ser concejal sin leer La Regenta y otras novelas ovetenses. Ambas espontáneas afirmaciones mías son incoherentes con mi línea de respeto y de buscar el progreso sociocultural sin provocaciones estúpidas ni elitistas.
Masip