sábado, 5 de octubre de 2013

¿Existió el padre del "hombre que nunca existió"?


Se acaban de cumplir setenta años de un audaz engaño a los nazis por los servicios secretos británicos del MI-5, que sigue teniendo referencias en los medios internacionales.

El cine se sumó con una cinta magnífica que bien recuerdo, "El hombre que nunca existió", de Ronald Neame. La operación ("Mincemeat") consistía en hacer flotar cerca de Punta Umbría, el cuerpo muerto de un supuesto oficial con planes de desembarco en Cerdeña y Grecia, en lugar del objetivo real de Sicilia. El guión, no obstante, introducía pinceladas de ficción, algunas de las cuales me repican aún la memoria. Así, la inteligencia naval recibía el cadáver en un hospital de Londres, lo que fue cierto, cuyas vetustas dependencias conocí, pasando los años, pues Eloína, mi mujer, practicó en su servicio de rayos, pero en el diálogo se oye allí la voz impostada del padre del "hombre inexistente", que no acepta el agradecimiento para una operación de Estado ,"pues soy escocés". 

Fue la primera ocasión en que escuché las profundas desavenencias políticas entre Escocia e Inglaterra. Era un mero recurso narrativo ya que nunca se supo la familia de un vagabundo de Hyde Park, muerto de una pulmonía y jamás reclamado, lo que venía perfecto al ardid. Hay quien sostiene que se trataba de un galés que había ingerido un raticida.

Fue enterrado en Huelva con nombre falso y las lacónicas palabras de su padre cinematográfico se me reavivan cuando en el Parlamento oigo a varios colegas escoceses dispuestos a despegarse de Londres, de la City y aun de la libra esterlina. "Estén tranquilos- asegura, con reflejo en acta, un liberal-. Nos uniremos al euro sin pasar por la City londinense". No terminará siendo pero es innegable el marco de una tensa, en ocasiones silenciosa, convulsión social. En parecido sentido independentista intervino una diputada galesa, también del eurogrupo liberal (Alde). Y no poco llamativa es la munición que da esta agenda a los secesionistas catalanes por más que las diferencias resulten, por otra parte, abismales. En cualquier caso, el ejercicio del derecho de autodeterminación solo se reconoce en la práctica internacional cuando concurren circunstancias (dominación colonial, ocupación militar, agresiones graves contra minorías nacionales) que, salvo para mentes delirantes del mundo ultranacionalista, no se dan en Cataluña ni en parte alguna de la llamada piel de toro. 

Cuidado con tomar Barcelona como un El Cairo, sin sujeción a normas, y a Cataluña como una inapreciable República de Montenegro sin apenas transacciones económicas y comerciales y una errática circulación del euro, a que conducen el discurso de un tal Artur Mas, de indudables acentos cairotas y montenegrinos.

No existió nunca aquel hombre, ahogado en la costa onubense, que quizá tanta influencia tuvo en el resultado bélico, pero su padre, sometido a la doble ficción, literaria y del propio montaje de la inteligencia británica, pudo ser real. Es lo que Vargas Llosa, Stephen Vicenzcey, Gonzalo Moure y varios más, consideran superior el recurso de la licencia literaria para hacer más real la realidad.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estupendo.CRF

Anónimo dijo...

Me recuerdas a Italo Calvino.Antolín

Anónimo dijo...

Muy buena memoria.Julian G