lunes, 21 de octubre de 2013

En su luna 14, Neptuno emergió en bellas artes




Por todas partes ojos bizcos.
Ángel González

Hay dioses del Olimpo para todo. Neptuno es de los más populares. En Berlín, se alza junto a Alexander Platz, y en Roma, en Piazza Navona. En Madrid, los atléticos sueñan con pompas blanquirrojas de neptunitis. Con cuidadín, pues Julio Camba, para Ortega la más elegante inteligencia española, se fue contemplando al dios náutico desde la 383 del Palace. En el Sella lo invocan en ancestral juramento, y no falta en La Chalana para el descenso grotesco. La obsesión por el efecto purificador del agua es común a mandeos, que con rigor estudia el sabio canónigo don Enrique López, y a los árabes de la Alhambra y otras maravillas. El planeta Neptuno tiene su núcleo formado por diamante, que, de frío, jamás se derretiría.

En Oviedo, ciudad de la simbología azul del planeta, teníamos nuestro Neptuno particular, colocado antaño en la fachada trasera consistorial y que yo ya conocí en espacio prominente del Campo San Francisco pero escasamente topadizo, el estanque recogido en promontorio de seto, discreto sobre el aguaducho, los patos y la inolvidable osera. Eran aguas mansas, a las que, en el despertar de la sexualidad, nos acercábamos, sorteando a los inquisitoriales «vallaurones», que, a inspiración del madrileño Retiro, recibían su ovetense denominación de Julio Vallaure, concejal que los creara. Paz de lugar propicio al amor, que diría nuestro Ángel González, pero indefenso al gamberro de turno que también se cebó en el mármol de maestros, cuyo sufrido desmán iconoclasta impune lamentó Manolo Avello -Manolo Oviedo, decía Carantoña-, que ahora se ha quedado, en efigie, también muy cerca.

Nada comparable, nuestro Neptuno, por ejemplo, como forjador del almario de Vetusta, a la fuente de las ranas o al Angelín. Hace poco escribí para el entrañable boletín de la Fundación Emilio Barbón cómo Julián Besteiro se acercó a esos batracios mitológicos, tomados de la parisina fuente de Leto, y, en alguna otra parte, tomando el libro de Adolfo Casaprima, debí arrepentirme, tras escuchar en plena fronda francisca el magisterio oral de José Ramón Tolivar Faes sobre la defectuosa restauración de ese Angelín de mis tiempos municipales. Si Neptuno estaba en otra categoría del «baúl de los recuerdos», de la pegadiza canción, o mejor del armario lleno de sombras, de Antonio Gamoneda, no dejó de sangrarme su desaparición y el truculento itinerario de su emergencia del que voy erráticamente enterándome. Cuánto echo de menos el ejemplo profesional de Luis Arce Monzón, funcionario extraordinario, al que debo no haber caído en charco alguno, que en mi ciudad los charcos son elementos consustanciales, como tan bien canta el poeta Fernando Beltrán. A la nueva Nobel, Alice Munro, los charcos del Ontario de su origen también la siguen salpicando.

En mi otra mitad semanal, Brubru, Neptuno es simple restaurante, pues la municipalidad no quiere competencias con el Manneken Pis, que solo permitieron la réplica feminista del Jeanneke Pis.

Hace mucho, cuando en Salinas pertenecía a una andarina pandilla juvenil, emuladora de las aventuras de Enid Blyton, encontré un fósil marino en San Cristóbal, desde donde se dominaban el pueblo y la playa embravecida, en la que no te podías bañar hasta que por el Carmen el párroco hubiese bendecido las aguas, como testimonia el poeta Víctor Botas. En la zona de Arnao, entre Santa María y los peñascos de La Ladrona, que Santiago Blanco evoca en su magnífica «El inmenso placer de matar un gendarme», era habitual encontrarse una huella así. La conclusión primera fue que aquel suelo habría sido un día inundado. Ramón, uno de los gemelos de Rojo García-Conde, llegó a asegurar el emplazamiento de un antiguo puerto, que Germán, de los hermanos Cabrera, situaba en Raíces. No obstante, un espabilado que apuntaba modos de geólogo nos advirtió que podía tratarse de una capa formada por elevación y no de antiquísima marea. Oí por primera vez entonces una elíptica referencia a los neptunianos que todo lo explicaban desde el dios de las aguas, contrarios a los plutonianos de astrales explosiones volcánicas.

Todo puede ser de Neptuno menos qué pasó con aquel Neptuno del San Francisco y el porqué de la impunidad, penal y/o administrativa, de los que comerciaron con sus armoniosas carnes de verdín y sucia blancura, barbas luengas de mago Rey Melchor, gesto de tancredo, tridente, testa coronada y valor sentimental incalculable.

Carlos F. Llaneza, que fuera tan buen edil, entiende que igual debería justificarse lo sucedido con las auténticas columnas del Fontán y las bañeras marmóreas de Las Caldas. En cualquier caso, como ya apenas se conoce la leyenda de Neptuno, parece que hubo quien desafió su cólera de la que, aun de la ondulación tras una pequeña piedra, puede surgir tempestad justiciera.

En la ovetense Facultad de Ciencias un encomiable grupo de profesores y alumnos conecta, cada año, con visión de la Luna, a la misma hora que otros colegas de universidades del ancho mundo. Saben que a Neptuno le ha salido la luna número 14, que desorbita, pues cambia de posición, como el Neptuno ovetense.

Quizá me confunda, pues, siguiendo la greguería de Ramón Gómez de la Serna, que me precedió en la panda veraneante de Salinas, las conchas de la playa no son más que las sobras de los arroces que se comió Neptuno.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Recuerda Antonio de cuando en vez escribir para los mortales y no, como en este caso, para los dioses.
La buena amistad seguro que le quita melindre a esta lisonja campoamorina .
Abrazos.
JCFR

Anónimo dijo...

A veces me cuesta entenderte.O

Anónimo dijo...

Muchas gracias, Antonio. Me emociona encontrarte de pronto en este tren hacia Barcelona. El charco compartido de la amistad es el más bello de todos, y el que mejor salpica y nos refleja al mismo tiempo, y créeme que siento hacia ti y he sentido siempre esa devoción cómplice y una admiración que no deja de crecer. Como tengo un inmenso cariño hacia esa hija tuya que siempre administra generosa las palabras más entrañables cada vez que la encuentro por Oviedo, la ciudad en la que nací y en la que hasta los charcos tenían nombre...

Un abrazo muy fuerte. F

Anónimo dijo...

Escribes muy guapo y menos político estos dos últimos artículos molan.SUSANA


Anónimo dijo...

Esta bien cierta altura intelectual pero sin pasarte.O.Ya sé que hay que resumir mucho

Anónimo dijo...

Está identificado el vendedor al Museo

Anónimo dijo...

Resulta q se me pasó q en una página de Juan de Avalos se da como referencia a "Oviedo y Neptuno" una parte del conjunto encargado como monumento a Franco y que el propio escultor desde el primer instante desviaba a la PAZ, hasta el punto que cuento en el número 26 de unos Pliegos Ovetenses que editaba el Ayuntamiento de tiempo temprano de Gabino,que cuando se inauguró,ya muerto el Caudillo,el escultor aseguraba que no habría problema para quitar simplemente el medallón.

MASIP

Anónimo dijo...

El Ayuntamiento de Oviedo y el Principado de Asturias han iniciado varias investigaciones en paralelo sobre la estatua del "Neptuno". La primera, fruto del intercambio de información entre el alcalde y la consejera de Cultura, permitirá saber si, como parece, la estatua es la misma que desapareció y a quién le corresponde su titularidad.

Pero en el Ayuntamiento han puesto en marcha otras vías de investigación para poder detallar el itinerario de la obra. Así, Patrimonio ha puesto en marcha una investigación encaminada a descubrir el recorrido del "Neptuno". A través del particular que se la vendió al Museo de Bellas Artes en 2006, se trata de averiguar dónde la adquirió y si alguien a su vez se la vendió. El descubrimiento del "Neptuno" podría arrojar luz sobre uno de los grandes misterios que ocultaba hasta ahora la historia reciente del Campo de San Francisco.

Anónimo dijo...


no seria mas facil acudir a la fiscalia o policia?
FH

Anónimo dijo...

Si están identificados ladrón,comprador del objeto robado y encubridores,además de la hipotética prescripción seguramente todos los delincuentes alegarán que no estaba acreditado que estuviese registrada como tesoro español.

Anónimo dijo...

Saludos desde las orillas del Mandeo.Antolín.

Anónimo dijo...

Desde entonces, el "Neptuno" se da por desaparecido, sin poder fijar con exactitud la fecha en la que se desmontó o se extravió. Las investigaciones municipales indican que en 1965 ya no existía el "montiquín", según plano del Campo de San Francisco de ese año. Casaprima asegura que cuando se deshizo el promontorio ya se había retirado con anterioridad la estatua. Algún testigo afirma, no obstante, que puede garantizar haber estado en ese espacio, protegido de la vista de curiosos, mediada la década de los sesenta.

Anónimo dijo...

Carmen Ruiz-Tilve Cronista oficial de Oviedo Es evidente que Oviedo es ciudad de mucha escultura al aire libre. Figuras que nos salen al paso por todas partes, buenas y malas, guapas y feas, colocadas a ras de suelo, porque ya no se llevan los pedestales. Están bien ancladas y son pesadas, y por eso, que se sepa, no falta ninguna de las del periodo último. Cosa distinta es la de la desaparición, que ya teníamos olvidada, del Neptuno del Campo, que pasó vida oculta y emergió discretamente