viernes, 13 de septiembre de 2013

Ratas en Llamaoscura



No me lo puedo creer.

!Con la de facturas que pagaba el Ayuntamiento de mi tiempo por desratizar el Municipio!

Al muy cordial edil Benjamín Cabañas, un vecino indignado, de Llamaoscura, le quiso entregar una rata  y el Ayuntamiento condena al pago de 900 euros por infracciones y gastos diversos.

Con un sentido del humor, rayano en la genialidad, el sancionado pidió, según el apreciable relato de Marta Pérez, a la secretaria de Cabañas que no se asustase pues el animalito estaba muerto.

Ya dediqué un capítulo de mi "Desde mi ventana" a cómo Catherine Deneuve ni se inmutó cuando en el parisino Hotel Lutecia, mientras firmaba el contrato que yo le extendía, entregó un azucarillo de su servicio de té a un ratón que le subía por la media blanca .

!Y era en un Hotel de lujo, afamado por haber sido cuartel general de la ocupación nazi!

Guardo la factura que pagué y que, incluidos los cafés de otros tres caballeros españoles que fueron testigos conmigo, alcanzó los ochenta francos, que me pareció una enormidad, pero bastante menos que lo que ha de satisfacer en euros Don Roberto Villar Díaz. En esas condiciones, no puedo por menos de solidarizarme pues la diferencia fáctica, Lutetia y Deneuve aparte, fue la muerte violenta de la rata pues viva la funcionaria habría reaccionado quizá con la misma frialdad que Catherine y no habría objeto para la sanción.

Cerca del Lutetia hay una brasserie en la que James Joyce también se topó con otra rata de ciertas dimensiones a finales de los años veinte.

Para mí, la mejor novela del gran Delibes es "Las ratas", con dos personajes irrepetibles, el Neni y el Tío Ratero. Bueno, irrepetible no es la palabra, pues en Llamaoscura, oxímoron tan literario, el escritor vallisoletano hubiera encontrado motivo de inspiración

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ratas en Llamaoscura y el bueno de Benjamín Cabañas

Isidro Fernández Rozada

Leo con atención en LA NUEVA ESPAÑA el artículo que escribe mi amigo Antonio Masip a propósito de la multa a un vecino por entregar un roedor a un concejal. No conozco al vecino indignado de Llamaoscura, pero sí a Benjamín Cabañas, preciándome de ser su amigo desde hace ya más de 35 años, cuando él y yo, entre otros, luchábamos por implantar en toda Asturias el proyecto político de Alianza Popular que Manuel Fraga lideraba. No es por tanto el señor Cabañas dudoso de su trabajo honesto en el Ayuntamiento de Oviedo en cuanto a dedicación y eficacia en beneficio de los ovetenses. Su temperamento jamás le hizo estar al margen de los problemas de los vecinos y tengo la seguridad de que, habiendo abordado con él cualquier problemática, siempre encontraría una salida airosa sin llegar a situaciones como la creada con el vecino indignado. No entro en el fondo porque ni siquiera sé las competencias que asume cada concejal y por tanto me refiero exclusivamente a la forma con la que se producen los hechos.


Lamento que el señor Masip esté de acuerdo cuando asevera con sentido del humor considerar ese hecho como un acto rayano en la genialidad. Más bien para mí se trata de una guarrada rayana en la repugnancia y la golfería. Quien premeditadamente va en un autobús con una rata muerta en una bolsa para lanzarla en el despacho de un concejal no merece más que el peso de la justicia y el rechazo absoluto de actos de esa naturaleza.


Hablé muchas veces con Masip de la importancia de las pequeñas cosas en política y sobre todo de las formas. Sigo pensando que, cuando éstas se pierden, todo lo demás se va al traste. De ahí que mi responsabilidad como cargo político sea también pensar en colaborar para que actos así no queden impunes. Y si además el agraviado es una persona limpia, transparente y trabajadora como Benjamín Cabañas, uno puede tener la firme convicción de que está haciendo un acto de justicia.


No me imagino a Masip hablando de genialidad si a alguien se le hubiese ocurrido hacerle lo mismo a él sin estar presente en el despacho y ni siquiera tener conocimiento de los hechos que el vecino quería denunciar.