sábado, 21 de septiembre de 2013

Longevidad entre Béjar y Nueva York.


En los amenes del tráfago mateín me topé con mis buenos amigos Concha Escalante y Julián Ariza.

Julián, legendario dirigente de Comisiones Obreras, se volvía a Madrid a ultimar estudio y debate, en el C.E.S.(Consejo Económico y Social), sobre la reforma de pensiones que tan en vilo nos tiene a todos los que frisamos cierta edad.

Un componente ineludible es la longevidad venturosamente ganada a la luciferina tánatos. Claro que sí, pero ese triunfo, social y científico, de la vida prolongada como término medio no puede propiciar recortes siniestros. Ese objetivo, la reindustralización versus deslocalizaciones (Tenneco y demás) y la neutralización del endémico paro son tres luchas del horizonte europeo.

La proverbial longevidad viene resaltada por la noticia de un español, de Béjar, que ha muerto a los 112 años, junto a las cataratas del Niágara, al norte del Estado de Nueva York.

En el otoño de 1966 estuve en ese extraordinario paraje, frontera de Estados Unidos y Canadá,  y me topé con una comunidad española de emigrantes de los años veinte, alguna de cuyas integrantes no había aprendido jamás inglés. Ignoro si Don Salustiano, el longevo bejarano del record guiness, pertenecía entonces a esos compatriotas que cultivaban nuestras raíces de manera admirable.

Hace medio siglo, ParisMatch daba la foto de un egipcio, que había visto a Napoleón en las Pirámides, y al que se le suponían casi doscientos años. Ese tipo de yerro casi pudo sucederme a mí también, de alguna manera, en las consistoriales ovetenses, cuando al interesarme por el decano de los ovetenses me dieron, en el Servicio de Estadística, un trubieco de 154 abriles: ¡menudo partido que le hubiéramos sacado universalmente!.

En definitiva, sí me despedí con un ramo de flores de una mujer de 107 años, en mi último día municipal. 

Ya no siendo yo Alcalde esa bendita cifra de 107 la alcanzó un canónigo, que me había dado la primera comunión, que creía en la visita frecuente de los marcianos y que, lavianés de origen, hice hijo adoptivo de la ciudad, tan familiar que eran sus paseos de teja y manteo. Próximo ya a esa edad, este periódico tuvo el buen olfato profesional de ofrecer una foto de Don Luciano García Jove consultando la exhibición pública del censo en una  actitud cívica de quien debía seguir votando en la siguiente convocatoria, sin que le pesaran los muchos años.

La edad no es limitativa de deberes, pero tampoco de derechos. Creo que Ariza lo tiene claro, y abogará en buena línea; el problema, sin embargo, está en unas directrices económicas vergonzosas que olvidan la imprescindible solidaridad intergeneracional. 

Así lo veo desde Brubru, donde constato la necesidad de  no pasos atrás, aunque los de la Troika opinasen lo contrario.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Siempre tan ameno y tan certero, mi querido Antonio.
Un fuerte abrazo,
A.V.