sábado, 28 de septiembre de 2013

La izquierda ganó en Alemania



ACERCA DEL "INCONTESTABLE" TRIUNFO DE MERKEL


El primero de septiembre intervine, en el Orfanato Minero, de tantas reminiscencias sociales y aún socialistas, con motivo del Día de la Rosa. Adelantaba entonces que, según la radio alemana, la suma de SPD, Verdes y Die Linke o "Partido de La Izquierda" estaba a un escaño de la mayoría. Me equivoqué en la difusión de la credibilidad del dato pues el resultado fue de tres por arriba (319), frente a los 311 de Angela Merkel (CDU/CSU).

Ya me quejaba, en los jardines de la histórica institución que fundara Manuel Llaneza, de que machaconamente los medios insistían con el esperado abrumador triunfo merkeliano y en eso no me equivoqué ni un ápice: MERKEL ARRASA, fue lema de toda esta semana. No obstante, con terca sangre baturra en mis venas, insisto en que la cuestión es más compleja. La izquierda ganó, sin explicitar su triunfo ni asumir la responsabilidad del resultado.

 La Merkel ha perdido por número de votos y escaños, pero, con evidente carisma político y colaboración mediática, logra el juego malabar de ser considerada vencedora incontestable. Y todavía quiere, para gobernar, arrodillar al socio que se le ponga a tiro.

 Los líderes de los tres partidos parlamentarios progresistas Peer Steinbrück (SPD), Katja Kipping y Bernd Riexinger (Die Linke) y Katrin Göring-Eckardt y Jürgen Trittin (Alianza 90/Los Verdes) regalaron con total gratuidad la reelección de Doña Ángela mucho antes del domingo 22. Ni balbucearon luego exhibiendo el veredicto de que había más diputados en el Bundestag contra Merkel que a favor. Esas formaciones no querían gestionar la posición unida antimerkel por la que tanto suspirábamos en la Europa del Sur. ¿Cómo han podido llegar a esa incapacidad de entenderse? Mis fraternos compañeros del SPD, a los que tanto trato, aquí en Bruselas, fueron los primeros en desmarcarse inequívocamente de cualquier alianza gubernamental o parlamentaria con la llamada Die Linke, que, por su cuenta, tampoco estaba interesada de forma inconfesable. Los socialdemócratas aceptaban la colaboración de los verdes, cada vez más edulcorados, y jamás el acuerdo de los comunistas del Este y de los antiguos socialistas, escindidos del SPD tras la figura de Oskar Lafontaine, expresidente  y ex candidato del mismo SPD, antiguo Ministro-Presidente de Sarre y Ministro federal de Finanzas, autor de una conocida obra sobre el Estado del Bienestar que fue libro de cabecera de la socialdemocracia europea...Así las cosas, Merkel tenía el partido ganado sin bajarse del autobús que diría mi admirado Helenio Herrera, en sus más provocativos tiempos de entrenador del Barça.

Lo que ocurre en Alemania es, en efecto, muy complejo, como lo son sus raíces históricas de tiempos estalinistas, del Muro y la guerra fría, aunque a mí personalmente me parece lamentable esta falta de mínimo puente de triple arco entre la izquierda aunque sea con el simple objetivo de deshacerse de Merkel. Hay que precisar la importancia que un gobierno alemán progresista, sin Merkel, tendría para hacer una Alemania europeizada, como brisa refrescante y esperanzadora, contra la Europa alemanizada, rayana en la podredumbre moral de la falta de oportunidad y trabajo sureños, que padecemos. En las filas de Die Linke hay mucho euroescéptico irredento, lo que es, supongo, neutralizable, máxime cuando es más importante el campo social de crecimiento económico y solidaridad, tarea nada desdeñable a realizar, así como, a corto plazo, una nueva política bancaria que no va a asumir Merkel, sea cuál sea su aliado en el próximo gobierno. Quizá si los sumisos al nuevo gobierno fuesen los verdes, y aunque me preocupa su posición sobre el carbón autóctono, salvarían probablemente algunos presupuestos europeístas de la redención de deuda, imprescindibles hogaño.

Solo estuve unos segundos con Angela Merkel en mi mandato parlamentario. Fue el pasado noviembre. Pasó ante mí como una centella con apenas tiempo para pararla y entregarle un muy crítico escrito  (http://www.antoniomasip.net/2012/11/carta-angela-merkel_7.html). Sigo, desde entonces, pensando lo mismo, expectante, por tanto, con lo que suceda en la sucesión de la cancillería y en su gobierno. Nada, en cualquier caso, de incontestable.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

La actitud de los partidos de izquierda sobre todo del socialdemócrata es incomprensible, pero mas o menos como aquí, que con todo lo que esta cayendo casi ni se les oye.

Y todavía no hemos visto una actitud clara y firme frente a la corrupción, ni sobre medidas para mejorar la opinión de los ciudadanos respecto de los partidos políticos. Etc.

Anónimo dijo...


Fantástico Antonio. Es una pena que tan pocos en la CASA grande de la social democracia europea mantengan tus ideas, empezando por tus conmilitantes españoles que están aplaudiendo con las orejas la posibilidad de la gran coalición en Alemania....y en España.
Abrazos

A A

Anónimo dijo...


Estoy totalmente de acuerdo contigo. No se me escapa que los gobiernos tripartitos suelen ser difíciles de administrar, pero de lo que estoy seguro es de que, en concreto y para Alemania, una nueva "gran coalición" corre el riesgo de convertir al SPD en un partido sin identidad y con muchas probabilidades de retroceder aun más ante las urnas. Está claro que el ascenso de Merkel ha sido a costa de sus socios.
Un abrazo

J

Anónimo dijo...

Gran análisis, Antonio. Los medios pueden más, mucho más, que la realidad.

G

Anónimo dijo...

Cuidado con que Merkel os doblegue a los socialistas españolas cuando sobre montabais

Anónimo dijo...

Mejor fuera del gobierno que un SPD preso.LH

Anónimo dijo...

Vale,pero Lafontaine es agua pasada que no mueve molín.Dio

Anónimo dijo...

Mejor que todos los demás de tus artículos,puede que lo piense porque coincides con lo que me hubiera gustado expresar.Pedro

Anónimo dijo...

Die Linke querría salirse del euro.No apoyó el recate de Portugal y tampoco apoyaría la estabilidad de la banca española. (Palabras de Udo Bulman,portavoz europarlamentariodel SPD)señalando la complejidad del problema.