sábado, 7 de septiembre de 2013

El azul muere en las mariposas y resucita en Chao Samartín



Al sur de Manhattan, en Tribeca, hay un restaurante, cuya decoración mucho me recuerda al ovetense Naguar, en el que ofrecían miel de colmenas propias, denominadas "neoyorquinas", pues se vanagloriaban de sostenerlas en sus enjambres en el mismo piso de arriba, casi frente a Wall Street. Desde hace tiempo, leales los angloamericanos a la práctica protestante radical de decir verdad, el establecimiento ya no se promociona con exóticos productos autóctonos y lo hace hogaño vinculando la propiedad al nombre de un famoso actor italoyanki.

Las abejas se mueren en toda la piel del mundo, desterradas por la contaminación, probablemente de los pesticidas. Lo que no sabía es que también desaparecían las mariposas, especialmente las tocadas por colores azules. En alguno de mis libros, rememoraba el "caza mariposas", que siento extraño a mis nietos, y en el que se detiene deliciosamente Julián Ayesta en "Helena, o el mar del verano".

Donde el azul resucita es en las pinturas romanas del castro Chao Samartín, en Grandas de Salime, en plena y encomiable euforia investigadora. La magnífica planta didáctico museística que visité ha reproducido con mucho mérito el puzzle del mural pintado de la mansión de un patricio romano, derribado por un seísmo. Fue en la transición de una potente cultura latinizada al Reino de Asturias/España, que explicaría, dicen, la clave de muchas cosas. Esa catástrofe natural, sufrida en el Salime asturromano, que generó el abandono del castro, nos está valiendo para conocer el hábitat de diecisiete siglos como sucede, en otras latitudes, tal los restos de Pompeya, que acabo de ver en el londinense British Museum. Todo el lapislázuli utilizado en la antigüedad de Euroasia se obtenía en minas de las montañas occidentales de Hindu-Kush (Afganistán).Es un azul "matisse", muy anterior al que hiciera exclamar, en su apoteosis, al artista fauvista:"¡El paraíso existe!".

Rubén Darío consideraba el azul color del ensueño, del arte, helénico y homérico, oceánico y firmamental. Los Vaquero, padre e hijo, tan arraigados en Grandas, eran parientes del poeta modernista.

Muy rico, exquisito e influyente debería ser el personaje romano que se hizo servir en Italia el azul afgano, y que lo exportó al Suroccidente de Asturias, por tierra, o por mar, vía Gijón (Noega), desde la actual Aquitania francesa. En Somiedo, tierra tan vinculada, lo mismo que Salime, al ingenio de la saga (Hernández) Vaquero, junto al lago, había constatado yo mismo días antes que abejas y mariposas, eso sí, ninguna azul, cumplían su papel de polinización y aleteaban ajenas, parece, a la plaga exterminadora. Se comenta, y ya me hice eco aquí, que la biodiversidad somedana supera la del Amazonas. Lo que, desde 2007, se manifiesta en el Chao Samartín, supera aún más todo lo imaginado. ¡Qué lástima del castro de Llagú, en el Concejo ovetense! También escucho, en mi Brubru, que las nuevas orientaciones de la PAC (Política Agraria Común), -sobre cuya aplicación, en manos de Arias Cañete, tan escéptico me hacen-, pudieran favorecer la lucha anticontaminación y el progreso del agro astur. Como ha acuñado Miguel Ángel Aguilar: ¡atentos!



4 comentarios:

Anónimo dijo...


Gracias Antonio, que artículo tan bonito, que agradable leerlo. B

Anónimo dijo...

Fenomenal tu poesía a Luis Yañez

Anónimo dijo...

Maravilloso azul cobalto en la luz de la Iglesia gótica de St.Denis Francia.S.I

Anónimo dijo...

Nos gustó mucho el museo. Muy instructivo pensando en generaciones como las de tus nietos que se pueden quedar embobados con los objetos expuestos.

A.A