domingo, 11 de agosto de 2013

Depardieu y las grandes fortunas



Parece que el actor Gérard Depardieu abre un café en Mordovia.


Además de una pequeña inversión en una región rusa que le da toda clase de facilidades, busca cotizar a la Seguridad Social de ese país y convertirse en pequeño contribuyente, huyendo precisamente del impuesto francés a las "grandes fortunas" para lo que ha renunciado en su autoexilio, incluso, a su nacionalidad.


Le conocí personalmente hace años en una cena que tuvimos en el mítico Maxim´s, tras la inauguración, en Versalles, de un establecimiento español, cuya firma era cliente de mi despacho. Depardieu estuvo chicharachero pero apenas daba opiniones sin consultar a Catherine Deneuve que me lo introdujo. Me recomendó la producción de "La viuda alegre" que se daba en la Ópera de la Bastilla, a la que mi mujer y yo asistiríamos al siguiente día. Era simpático y con indudables tablas, como persona y gran artista, que le llevó a solicitar el piano del restaurante para interpretarnos sin ruborizarse la fácil "Las hojas muertas". Aunque había tenido algunos altercados de tráfico sonoros era un pacífico ciudadano, con cuyos personajes de Cyrano de Bergerac o "Matrimonio de Conveniencia" se identificaban muchos franceses medios. Era un galán antigalán, cercano, insisto, a sus compatriotas hasta que un buen día se disgustó violentamente con el pago de sus impuestos, por los que huyó primero a Bélgica y hace poco a Rusia.


Bien recuerdo a un buen amigo, ya fallecido, al que mucho quise, que se enfrentó con el Gobierno socialista francés de los primeros ochenta por ese impuesto a las grandes fortunas. Mi amigo estaba seguro de que en el momento en que Jacques Chirac llegase al Gobierno, y aún a la Presidencia de la República, suprimiría el epígrafe y hasta el concepto mismo. No fue así. El impuesto, sin embargo, sigue, resistiendo la natural alternancia en el poder, con algunas reformulaciones, hasta el enfado desmedido de Depardieu.


La sublevación, en grados diversos, contra los impuestos es común a los países del Sur de Europa, en cambio, resulta sorprendente, cómo los nórdicos- Suecia de forma paradigmática- de todas las ideologías, aceptan un fuerte nivel impositivo como algo natural. Entre los dos extremos psicosociales convendría que se ajusten no solo los impuestos sino el control de los mismos pues los ciudadanos tienen derecho a evitar dispendios y a jerarquizar gastos, sin que sea tolerable el abandono de los colectivos más vulnerables (parados, dependientes, refugiados por la persecución política...)


No he vuelto a ver a Depardieu ni sé cómo exactamente le va en Mordovia, aparte de las gacetillas de la prensa, En cualquier caso, su insolidaridad no es tolerable bajo concepto alguno.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Será simpático,pero,como dices, un jeta,con morro que se lo pisa