sábado, 15 de junio de 2013

"No soy de color, soy negra"



Cuando a mediados de los sesenta estudiaba en el Sur de Inglaterra la lengua de Shakespeare, no se debía  llamar a los negros “negros” sino “coloured people” (personas de color). Era el inglés del Reino Unido que suprime  la “u”, colored, en la grafía americana. Fue aquel mi primer verano en la gran isla de frecuentes acontecimientos reivindicativos. Coincidí con la visita a un barrio incendiario de Londres del líder radical Stokyl Carmichael, pareja de la cantante Miriam Makeba. Los medios, incluso el conservador  Times, estaban plagados de posicionamientos en línea informativa con acentos neutrales o levemente hagiográficos, entre los que recuerdo los extractos a los libros de Eldrigde Cleaver, que editaba, traducido, Nacho Quintana, en Siglo XXI, y del un tanto extraño y esotérico Malcom X; ambos pretendían superar al gran Martin Luther King, pronto asesinado en Memphis. Eran, en cualquier caso, para mí un giro de tuerca en el conocimiento a lo que había leído en la poesía de Leopold Senghor y en “Escucha, blanco” del inolvidable Franz Fanon. Poco después, ese mismo año, estuve en Chicago y en el neoyorkino Harlem donde se habían producido estallidos muy violentos. ¡”Nada de negros”!, lo decían, en distinto  sentido, a ambos lados de la barricada, aunque Carmichael insinuaba ya orgullosamente la nueva semántica del “black power” y el “gandhismo  americano” del Dr. King lo tenía claro de otra diferente manera en su sueño histórico. Luego vinieron los puños y guantes de la olimpiada mexicana, los “black panthers”, la objeción de Cassius Clay  y la escandalosa desposesión de medallas de un COI discriminador. Ahora, como si la Historia hubiera pasado una página enorme, una Ministra italiana, Cécile Kyenge, denostada por la xenófoba Liga Norte, declara “no soy de color, soy negra” y algo parecido su homóloga francesa de Justicia, Christiane Taubira.

El país más importante del mundo tiene Presidente negro y el ejemplo generoso y calmo de la Humanidad es el sudafricano Nelson Mandela, hogaño ingresado en su enfermedad terminal. La foto de Nelson, junto a Eloína, mi mujer, y mi gran amigo Juan Álvarez, cuando salíamos del Teatro Campoamor, preside desde mi primer día de diputado la pared de mi despacho bruselense. 

No más “coloured people” casi cincuenta años después de que en la Escuela Anglocontinental de Bournemouth me corrigieran delicadamente, de forma muy british, haciéndome sentir que no diciéndolo así caía en yerro impropio, incluso hiriente contra una raza.


4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡y lo terrible de una mujer de esa Liga Norte pidiendo que alguien violase a la ministra negra!

Anónimo dijo...

Buen recuerdo

C

Anónimo dijo...

Magnífico.

G

Anónimo dijo...

Gracias, Antonio, por mi aparición en tu firma del sábado. Abrazos. Nacho