sábado, 22 de junio de 2013

Las Escuchas


Mis colegas de la Comisión LIBE, a la que pertenezco, están muy sensibilizados con las violaciones sistemáticas de la intimidad, de las que ahora se conocen datos terribles que afectaron incluso a los máximos mandatarios mundiales en las reuniones del G-8 y G-20. Se aducen tradicionalmente razones de seguridad, ¿pero alguien se imagina a los Jefes de Estado occidentales como colaboradores necesarios del terror para justificar las escuchas?
Antón Losada, que es tertuliano agudo, decía que antes se escuchaba si había sospechas y que ahora para encontrar algo sospechoso. 
”Algo huele a podrido en Dinamarca…” es una de las afamadas frases de Shakespeare para aludir  la crítica directa/indirecta que formulaba a su propio país. Ya antes de que se conociera el escándalo levantado por el cotidiano “The Guardian” en Libe estábamos muy exigentes con la protección de datos hasta cuestionar  los acuerdos comerciales y culturales con los Estados Unidos.
En las visitas turísticas guiadas al Capitolio, en Washington, se muestra el viejo escaño de un diputado, que, por efectos mágicos de la acústica, como sucede en la Alhambra, en Versalles, o en un salón del burgalés Hotel de Landa, y ocurría en Oviedo en la desaparecida cafetería “Ronda”, de la Jirafa, se oyen conversaciones inopinadas al otro lado de grandes espacios. Aquel congresista americano tuvo noticia privilegiada de los ardides de sus oponentes y, para no ser descubierto, al salir al lavabo, colocaba, en todas las estaciones del año, un paraguas mojado que nadie se atrevió a desplazar. Su treta no se descubrió hasta su jubilación. Además del indudable ingenio y de la anécdota que trascendió los contenidos de sus discursos, los parlamentarios se ofendieron justamente por práctica tan abrupta.
 A mí, personalmente, me resultó indignante cómo el régimen del libio Gadafi controlaba con micrófonos las habitaciones del hotel de Bengazhi en el que se alojó una misión de la que formé parte ya en 1979.

Esto del control masivo de hogaño no va a quedar impune por mucha tinta del calamar; digo de los servicios secretos, que no tienen poco de moluscos de tentáculos y ventosas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Controlar es mera rutina para todos los servicios secretos.Es su razón de ser y no les importa a quién.si es amigo o enemigo se decide en otras instancias.