sábado, 20 de abril de 2013

El mínim que es pot dir



Obiols, compañero de travesía parlamentaria, acaba de publicar sus memorias políticas, lo que llama "El mínim que es pot dir", magnífica edición de RBA.

Desde ha mucho que sé cómo Raimon se afanaba en la escritura de este libro sistematizando recuerdos que le producían el dolor lacerante de la desaparición de tantos amigos en el largo camino hacia la libertad. Porque Raimon es demócrata y militante de siempre y puede decir, como el personaje shakesperiano, "Las cosas que hemos visto".

Aquí, en mi Brubru, se le tiene por sabio de la política internacional que sin duda es por criterio ponderado, pleno de lo que Cándido Riesgo, santo laico que tuve el honor de tratar a fondo, calificaría de Cultura y Humanismo totales. Como es muy de gesto serio, no pierdo oportunidad de bromear con su antigua profesión de geólogo. Así me ha dado por especular sobre una antigua maquinita con la que salía a detectar piedras por el campo y que valdría para esta otra naturaleza enrevesada de obstáculos que nos sale en la piel de Europa. Sería como el mito legendario del andarín ilustrado que encontró la filosofal mientras los demás seguimos buscando para la crisis de la economía y la civilización.

Sin pedruscos, hemos contemplado esta semana los magníficos ciruelos y magnolios que, flor de unos días y de la larga invernada, adornan la entrada del Parlamento en Estrasburgo, tal como sucede chez  Obiols, en la calle de su modesto apartamento bruselense.

Me gustaría que el libro se tradujera al español, pues, a diferencia del más famoso aforismo dicho por un político que necesita alzas para seguir fastidiando, no hablo catalán en la intimidad. Raimon tampoco; aunque pocos habrá tan leales a Catalunya: Raimon y su mujer Mercedes se entienden entre sí en castellano. Y es lógico que personalidad tan renacentista, intelectualmente poliédrica y rica, vea con desdén a quiénes hacen del conflicto linguístico arma arrojadiza a estallar en los rostros de España y Cataluña.

Si a Raimon le causa dolor rememorar compañeros idos, a mí me ha avivado la nostalgia. Bien recuerdo a Joan Reventós, que tanto quería a Asturias y a esas cuencas mineras que malamente superviven tantos zarpazos, y a un menos conocido Alexander Cirici i Pellicer, cuyas ideas de arte y vanguardia me interesaron mucho. Cirici, luego senador, tenía muy claro que el PSC, del que era él mismo máximo exponente catalanista, carecía de sentido sin el PSOE, e incluso, me decía una tarde en la soleada Pechérie del Argel de Camus, mirando a su Mediterráneo, en el que reina siempre Barcelona, "hay que estar con todo lo que significa Felipe González, pues de otra manera seríamos una elite al margen de nuestro pueblo".

Joan Brossa, el gran poeta y artista, dijo, en su día, aquello de que entre "Pujol y Obiols, no había color".Algo parecido oí a José Agustín Goytisolo en la Encaramada de Valdediós, entonces de Lola y Juan, hogaño de Silvia y Joaquín. Además de diferencias políticas, está la proverbial opuesta concepción del gusto por el dinero.


Lo mínimo que puedo decir, es que confío mucho en Obiols, en su maravillosa memoria política, para la reconstrucción del pensamiento socialdemócrata europeo, y aún más cerca, para que en la próxima Constitución Española todo se redacte, en su día, con la ponderación y galanura que en él es imagen de marca.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡¡ASI SEA¡¡¡

Anónimo dijo...

Muchas gracias por tu artículo, Antonio. ¡Un gran abrazo! R