lunes, 11 de marzo de 2013

Juan Álvarez, amigo del alma


Se nos ha muerto Juan Álvarez.

Era un personaje cuya íntima amistad conmigo sorprendió a muchos.

Cuando por todas partes se lamenta la corrupción del urbanismo municipal y surgen escándalos palmarios y aun  prácticas aberrantes son todavía secretos a voces de la ignominia, yo tuve la suerte de tener unos colaboradores honrados y leales al servicio público

El pasado lunes, tras retrasarse mi vuelo semanal con el imponderable de la razonable huelga de los trabajadores de  IBERIA tuve la última oportunidad de visitarle en el hospital.  Se emocionó y me emocioné pues ambos pensábamos que podía ser la postrera y simbólica vez que nos viéramos. A él, como profundo creyente, no le faltaba la esperanza, que alimentaba con un profundo conocimiento de la teología de vanguardia y una práctica muy tradicional. En un momento dado dirigiéndose a Carlos Fernández Llaneza, a nuestra común amiga Dra. López,  a mi mujer y,  sobre todo, a mí, pronunció las que recogí como sus últimas palabras sobre la colaboración de tantos años: “Casualmente me han traído a una habitación en que se divisa La Florida, la obra de la que me siento orgulloso y que deberías reivindicar mucho más”. En efecto, bien recuerdo su empeño de abrir el bulevar para lo que me hizo visitar el éxito de calles semejantes en otras ciudades. No en vano, Alberti y Neruda asociaban las grandes avenidas a la Libertad, como la canción de Labordeta al que ambos conocimos cuando luchábamos en el tardofranquismo. Lo cuento en mi “Con vistas al Naranco”, monte totémico que a la manera de nuestro admirado moscón Valentín Andrés Álvarez, era la otra obsesión de Juan.

También era un tipo desesperante en sus lentitudes gestuales, pero tan entrañable que a todos convencía por su ilimitada bonhomía.

No solo practicó un urbanismo moderno en Oviedo sino que antes en Gijón, como asesor del alcalde Palacio, tuvo grandes éxitos con unas negociaciones atípicas por la que acuñó el nombre de “el Coralín”, por un tratante de feria, famoso en ese tiempo.

De esos corales sin tacha vive su ciudad de adopción y no puedo menos de evocarlo aunque me consuma en lágrimas y vaya a estar ausente de su despedida en Grao por cumplir mi deber, como le hubiese gustado siguiese haciendo, a muchos kilómetros.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Todos dicen de él que era un político honrado, que pasa que los otros no lo son.Que descanse en Paz , pena que no hubiera muchos Juanes Álvarez en nuestra política tan apestada de corrupciones

L.L

Anónimo dijo...

Enorme persona, buen paisano, conversador incansable, fiel amigo, buen cristiano y sobre todo pertenecía a una especie poco común, era un político HONRADO con una impresionante visión del desarrollo urbano, descanse en una merecida paz y esperemos que esta ciudad lo recuerde con su nombre en alguna de las obras que el imaginó y llevó a cabo.

I.R

Anónimo dijo...

No era un político al uso,no,,,,él era un técnico que le "metieron" en política, que es distinto. Afable, muy trabajador, justo,honrado y que recibía a todo el mundo, vamos, de lo que hoy carecemos. Es una pena y una gran pérdida. Mis condolencias a la familia. Descanse en PAZ.

H

Anónimo dijo...


Justo, merecido y... emocionante.
Gracias!

C.Ll

Anónimo dijo...

Es el elogio fúnebre más bonito y sentido, que he escuchado-digo bien,porqué al leerlo te estaba escuchando-desearte mucho ánimo en el dolor que se estás pasando. Un fuerte abrazo. A. Alonso.

Anónimo dijo...

Juan Álvarez, político

La frase «todos los políticos son iguales» resulta tan injusta y grosera como la que dijera «todos los seres humanos son iguales». El político del que hablo se forjó en los movimientos precursores de la democracia, fue asesor principal, durante años, de la Alcaldía de una gran ciudad y luego concejal de Urbanismo en una capital, cargos desde los que administró con decencia indiscutida intereses públicos de importancia en zonas de muy alto riesgo. Después del tiempo largo de gestión pública directa, hacia la que mostraba tanta entrega como falta de apego, siguió comprometido con los asuntos de la polis, participando, opinando y escribiendo. No parecía saber lo que era la vanidad, intentó hacer razonar a todo el mundo y jamás insultó a un adversario. Sabrá disculpar que, al proponerle aquí como ejemplo de político, le haga prestar, tras haber muerto anteayer, este último servicio.

Pedro de Silva

Anónimo dijo...

El concepto Juan Álvarez es sinónimo de honestidad y verdad.

Conocí al fallecido ingeniero don Juan Álvarez, con quien hablé en distintas ocasiones y motivos. Destaco, sólo destaco.

Cuando se estaba fraguando, a nivel municipal de Oviedo, el hacer un ensanche o prolongación de la ciudad hacia lo que hoy es la zona de La Florida, paseando con él por la calle que conduce al Hospital Monte Naranco, contemplando la abundancia de fincas de muy diversa extensión, me dijo que era necesario citar a los muchos propietarios para que formaran una asociación de propietarios, para facilitarles toda la información necesaria, expusieron sus ideas en pro de conseguir para ellos la necesaria seguridad y para Oviedo lo que ya es la magnífica organización de La Florida.

Ocasión distinta fue defenderme en una asamblea pública, numerosa, porque llamé la atención a un ponente, falso socialista que me respondió ásperamente, ocasión que aprovechó don Juan Álvarez no sólo apoyándome, sino advirtiendo al ponente «los que se colocan en el puesto que usted ocupa necesitan oír y escuchar las críticas o preguntas que se les haga».

Finalmente, el día de San Mateo de 2011, acabados los actos litúrgicos, entré en la capilla de Santa Eulalia con la única intención de una breve visita e intentar leer algún escrito sobre la historia de la misma; me encontré con un hombre que estaba en actitud de reflexión, el cual me reconoció, saludó, me recordó quién era y me dijo: «Ya sabe que yo soy socialista, pero cristiano antes que socialista». Fumata blanca para don Juan Álvarez.

Mis respetos a su familia.

J.M.H. González

Anónimo dijo...

. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
EN LA CONDUCCION DIARIA

Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

Ejemplo:

Ceder el paso a un peatón.

Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

Poner un intermitente

Cada vez que cedes el paso a un peatón

o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


Atentamente:
Joaquin Gorreta 55 años