sábado, 9 de marzo de 2013

Intervención en la Agrupación Socialista de Oviedo


Compañeros y compañeras

Gracias, compañero Secretario General, por la invitación a perorar sobre el instante europeo, junto a personas tan cualificadas y amigas, autoridades encomiables que son Paz Andrés y Leopoldo Tolivar.

Esta Agrupación está saliendo de un sueño ensimismado, largo y excesivo.

Lo celebro;  a la vez que te lo agradezco Secretario General, a ti, a la Ejecutiva y a todos los comprometidos en tan loable objetivo.

Estamos ante una Conferencia Política abierta, que es tanto como decir que nuestro periodo de reflexión se aproxima a una reformulación de nuestro pensamiento, adaptado a los requisitos de la nueva hora. 

Lo dice Ángel González, nuestro gran poeta y amigo, en los versos que nos cedió para la entrada de esta Casa del Pueblo.

Se precisan palabras nuevas antes de que sea tarde.

Hemos estado hablando hasta el hartazgo de que Europa era la solución, jamás el problema.

Nos guiaban, de consuno, Ortega y Felipe González.

Y llevaban razón.

Lo dice muy bien Ricardo García Cárcel en “La herencia del pasado”, pues el ánimo por normalizarse con Europa de la sociedad española hizo más por la democracia y la libertad que todas las organizaciones clandestinas españolas.

Y os lo asegura quien desde muy temprana edad ha trabajado todos los días de su vida por esa ansia de democracia y libertad. Un compañero vuestro que ha visto vivir, y hasta morir, a cientos de militantes y luchadores admirables.

Lo decimos Pablo Sánchez y yo mismo en nuestro "Europeos pero incorrectos”: "Felipe González tiene muy claro, como Ortega y otros regeneracionistas, que Europa es la solución, aunque las condiciones de entrada no van a ser ventajosas para nuestras frutas y hortalizas. Jacques Delors, un ministro de economía más bien gris de François Mitterrand, va a dar un impulso sin precedentes a la agenda europea desde la Presidencia de la Comisión. Jacques Delors, siguiendo los principios de Schuman, va a plantearse dos grandes proyectos concretos que mejoren la vida de los ciudadanos europeos y en dos mandatos, lo que lleva Barroso por ahora, va a dar el salto de gigante que supone pasar de un mercado común defectuoso a un mercado interior más sencillo y de una sistema monetario europeo (en torno al ecu) al nacimiento del euro en una unión económica y monetaria en ciernes perfilada en el Tratado de Maastricht de 1992. Delors, al contrario que Barroso, no va a dejarse doblegar por los intereses nacionales y va valerse de su prestigio para defender el interés comunitario. Barroso, en cambio, cuya elección apoyamos los socialistas españoles como baluarte de los intereses de la Europa del sur, va a presidir una Comisión débil que pierde su autoridad y su fuerza de tanto plegarse a las demandas de los gobiernos y es ninguneada repetidamente, hasta el punto de que Alemania, seguida por Francia, se permite amenazarle con su desaparición y la supervisión desde Berlín de las políticas europeas." 

Estamos en completa crisis.

Hace unos días leí, en la prensa local, una declaración de José María Maravall, preocupado porque la crisis política es aún mayor que la gravísima económica.

 Claro que sí.

 Ni Ortega ni el Felipe de 1982 hubieran podido predecir lo que está ocurriendo y la atribución social de tantos ciudadanos libres con Europa de muchos de los problemas que nos acechan.

 Tuvimos razón todos en España identificando Europa con la solución; porque Europa era la solución para una España exhausta por la falta de libertades.

Pero nuestro error es que sigamos identificando aquella Europa idílica de la libertad formal con los nuevos retos de la globalización y la crisis total que sufrimos.

 La receta ya no es, ni puede ser la misma.

El mundo ha cambiado.

Entre 1939 y 1941 el escritor judío austriaco Stefan Zweig escribió sus memorias que se publicaron bajo el título de “El mundo de ayer”. En ellas hace un recorrido por la sofisticada Viena de su infancia; la Viena de Klimt, de Freud, de Mahler. Retrata también la crónica del ocaso de aquel mundo que creía firmemente en el Progreso; en el imparable avance de la Humanidad.

Un mundo de recuerdos que, para Zweig, ya no existía. Había sido borrado de la Historia por la barbarie. Tal vez por eso, en un último esfuerzo, trataba de atrapar al genio europeo que creía moribundo para que, al igual que el efrit, el Genio de las Mil y Una Noches, permaneciese discretamente agazapado en la lámpara a la espera de ser llamado de nuevo. De una nueva oportunidad. Con un guiño de complicidad subtitula su obra “Memorias de un europeo”. Un europeo que nunca quiso dejar de serlo. Se suicidó en 1942 convencido de la victoria del Eje.

Creo que, como vivió la generación de Zweig y otras muchas anteriores, estamos ante un momento en que sabemos que hemos dejado atrás un mundo. Ahora es ya un mundo de ayer. Un mundo que no existe. 

Un mundo que no volverá.

Y, al igual que ocurre en el caso de Zweig, eso nos produce una mezcla de melancolía y miedo. Miedo que se transforma en punzante angustia cuando contemplamos, y sufrimos, las consecuencias que está teniendo este cambio sobre el modelo productivo y nuestro sistema económico basado en el consumo y en una expectativa de crecimiento permanente.

Sin embargo una de las conclusiones que pueden extraerse es que, a diferencia de lo que creía el autor austriaco, Europa no sucumbió a su viaje al final de la noche totalitaria. Antes al contrario, fue capaz de sobreponerse. Y lo hizo de forma heroica.

Cómo no recordar el Berlín de Germania Anno Zero o la Città Aperta que era la Roma de Rossellini.

Europa fue capaz de fundar un proyecto político que cristalizó en la Unión Europea, que ha traído paz al continente y al mundo, y prosperidad a los pueblos. Una utopía que ha conseguido equilibrar la protección de los derechos individuales y colectivos. Un éxito. Pero un proyecto inacabado, que debe avanzar.

No debemos caer en la desesperanza de Zweig, aunque la zozobra ambiental anime a ello...

Dante ya nos advirtió que el abandono de toda esperanza es la máxima que enmarca las puertas del Infierno.

 Uno de los aspectos que se pueden comprobar en el Mundo de Ayer es que, pese que se trate de una búsqueda de un tiempo perdido, nos es posible apreciar una constante melodía europea en la que nos reconocemos. Ideas y valores que identificamos como europeos y que sabemos presentes. Al igual que en la Scheherezade de Rimski-Kórsakov, pese a los paisajes extraños o las exóticas aventuras de los personajes, las voces del Sultán o de la Princesa nos resultan siempre reconocibles.

En este sustrato europeo, fruto de una cultura común, la fraternidad ocupa una posición destacada.

Es importante. Porque este es, en mi opinión, el tiempo de la solidaridad.

No de una simple solidaridad de hecho a la que aludía la Declaración Schuman que condujo a un protagonismo excesivo a los mercados. Sin duda ha sido este exceso el que, en parte, nos ha enredado en la situación en la que ahora nos encontramos. Hablo de una solidaridad más profunda entendida, como dice la Real Academia, como la adhesión a la causa o a la empresa de otros. Una causa, una empresa que no es sino Europa. Y que, mediante la adhesión, hacemos nuestra.   

Esta solidaridad está en nuestra identidad como socialistas y es lo que, en mi opinión, determinará que Europa sea capaz de afianzarse no ya como una entidad cultural sino como un actor político al mundo del siglo XXI. Y no olvidemos que, sin caer en el proselitismo, que lo que Europa representa merece ser escuchado en el mundo que viene. Sin temor a equivocarme creo que, como Zweig, es imprescindible que lo sea.

Debe destacarse especialmente la perspectiva intergeneracional de esta fraternidad.

Es por todo ello que los socialistas no podemos consumirnos siendo los meros comparsas de esa Europa absorbida por los mercaderes.

Alguno sabe, sin duda, de la carta que personalmente entregué a Ángela Merkel, acusándole expresamente de su nefasto papel de Shylock, el mercader shakesperiano de Venecia, reclamando el precio de su usura, la libra de carne más cerca del corazón.

Al denostar, como incluso llegó a decir premonitoriamente el canciller Kohl, padrino de la Merkel, "Una Europa alemana" cuando ha de ser una "Alemania europeizada", hemos, no obstante, de tomar todo lo positivo que aporta ese gran país al conjunto y no solo como el país más rico y poblado.

Ahí están los logros en participación social

Ese diálogo social y sindical que se está quebrando en España y que es clave para evitar la inestabilidad social.

Modelo alemán, y europeo, que no es el del Reino Unido ni el de los Estados Unidos.

Por eso hay que tener mucho cuidado cuando crece exponencialmente el antigermanismo, que no ocurra como pasó otrora con el “Yanquis, go home!” que las diferencias con la política alemana, que no con Alemania, nada tienen que ver con aquel imperialismo, déspota y nada dialogante precisamente.

Ha llegado, en cualquier caso, la hora de que un cierto baile festivo haya terminado.

Los socialistas, y más ampliamente los socialdemócratas y los progresistas, tenemos que jugar nuestro papel de siempre, ponernos a la cabeza del descontento de los depauperizados.

Hacerlo con clarividencia, tacto político, pero radicalidad y lealtad a nuestros orígenes y a nuestra razón de ser, críticos y militantes consecuentes.

Y en ese momento nos encontramos con que nuestros yerros políticos nos han desprestigiado ante nuestros pueblos y no se escucha nuestra voz. Ni poco ni mucho.

No es audible.

Todos habréis tenido esa experiencia en que vuestros habituales círculos de influencia. Rubalcaba ha pedido que escuchemos y que si escuchamos bien no nos va a gustar lo que oiremos de nosotros mismos

Él mismo Alfredo Pérez Rubalcaba viene diciendo desde ha mucho que los recortes no son la solución, que sin crecimiento, sin políticas de crecimiento, los recortes auguran más crisis y empobrecimiento.

Y ahora todo el mundo lo dice, incluso ya sectores de la patronal y de la más rancia derecha, pero nadie reconoce que alguien lo dijo muy clarito, porque no se nos oye.

Hemos perdido la credibilidad necesaria para que un político pueda compenetrarse en el liderazgo social.

Y no hay otra política que encarar los recortes y a su mayor exponente de política antisocial, la Señora Merkel, la usurera que reclama el ahogamiento de los países del Sur de Europa para que paguen a sus bancos que prestaron irresponsablemente su dinero, fomentando la burbuja inmobiliaria y otros males hoy detectados pero que nosotros mismos no tuvimos el valor de pinchar.

  Recortes y recortes; y los bancos privados que prestaron a Grecia a manos llenas no tienen deudas, o no las van a tener del deudor griego, pero se la han traspasado a la Banca Pública y a los sacrificios en algún caso insufribles. Portugal es también, como le he oído decir a Rubalcaba, también el paradigma del ejemplo paneuropeo.

Y es que la política sigue teniendo mucho de maniqueísmo. Se está como falderos de la Merkel -lo ha dicho claramente hace unos días Salvador Garriga, él (leamos ellos) está a favor de la Merkel sin lugar a vacilación- o estamos a favor de otra Europa, que sin desdeñar sus valores de libertad y de cultura, cambie de tercio, en contra de los recortes, al menos de ciertos recortes que nos hunden, y en pro del crecimiento.

Rubalcaba fue el primero en decirlo en el páramo, insisto.

Y ahora Francois Hollande afronta un frente dentro de la UE, que no es ninguna quimera y que ha de pulirse.

Anteayer mismo estuve con Moscovici, el Ministro de Economía francés, en el Parlamento europeo, al que, por cierto, bien conozco como compañero del grupo en la legislatura anterior.

Esta mi reflexión ya la expuse, dentro del partido, a los compañeros de las Juventudes de Oviedo y a los de Langreo que tuvieron a bien invitarme a perorar estos días pasados sobre esta misma cuestión

Como dice muy bien Enrique Barón en su libro, "Más Europa, ¡unida!", el Parlamento en el que hago armas políticas en la representación que habéis tenido a bien encargarme, es una "escuela de ciudadanía compartida". Y yo quiero aprovechar la Conferencia política, vuestra invitación y la recta final de la legislatura para aportar un grano, que no hace granero, como digo en la primera página de "Europeos, Pero Incorrectos", que apoya al compañero en la búsqueda de una alternativa definitiva, que dejando el servilismo al mercado y a los mercaderes, nos convierta en acicates para una gran transformación en la salida prevista para junio del 2014. Para entonces hemos de estar al frente de la gran marea de descontento que acabamos de constatar por doquier; también en Italia, escuchando para ello, humildemente a los que sufren como debimos hacer siempre.

  En Italia salvo castigos como el de Monti, no se ha estado contra Europa, sino que se vota con la espada encima, en el pecho, de la crisis.

Nos corresponde desbrozar el camino.

Nos es exigible la clarividencia para sacar a Europa adelante, haciendo frente con un programa y un liderazgo.

Y en cuanto a este, parece que el nuestro será el del actual Presidente del PE, Martin Schulz, con unas formulaciones muy contrarias a la política Comisión Europea/Barroso/Merkel.

El más reciente pronunciamiento de un parlamentario popular en Asturias, es que ellos siguen a Merkel (Garriga, dixit).

Evidentequerido Watson.

Es la tradicional dialéctica. Los españoles deberán ver con quien han de estar, pero ojo también nosotros mismos cuál es la aportación, pues he hablado de Schulz, pero, desde aquí, desde mi Agrupación, digo desde ya, que no podremos aceptar al amigo Martin si tras las decisivas elecciones alemanas de Septiembre se produjera el más mínimo atisbo, que espero que no, de resolver la gobernabilidad de ese gran país con un Grosse Koalition que algunos propugnan.

Espero que esto esté claro. Nada de mamporreros en la reconstrucción de una Europa solidaria

El liderazgo socialista y socialdemócrata europeo debería ir, entonces, por otros derroteros, quizá Paul N. Rammussen, el danés que conocemos bien y que no se entregará.

Gracias, compañeros.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Deberïas añadir lo hablado en el coloquio sobre la persecuciòn a todas las operaciones con los paraísos fiscales,no reducir lo a la tasa de transacciones financieras sino la ilegalidad de todo el dinero lavado en paraísos como ocurre,en teorïa,no el nieto de la droga q coincide muchas veces

Anónimo dijo...

Parece que Rajoy intenta, al fin, rectificar http://www.europapress.es/economia/noticia-rajoy-pide-socios-europeos-mejores-medidas-crecimiento-20130314150754.html