sábado, 29 de diciembre de 2012

Rilke en la hora de la patente


AQUÍ, BRUSELAS


¿Es Rilke el poeta europeo más influyente?

Hay, en efecto, quien sostiene que Rainer María Rilke es el más característico del siglo XX.

Pudiera ser, ¿pero un germano simbolista cuya lengua es barrera para españoles y muchos otros, que tardó en traducirse aceptablemente?

Si fue poco conocido en España, sin duda por esa dificultad lingüística, el escritor,  no obstante, sí pateó nuestro país, cuya experiencia sensible incorporó a su poética. Hace unos meses estuve en Ronda, ciudad maravillosa, que frecuenté antes como abogado. El Alcalde de aquellas calendas finiseculares, mi amigo, luego eurodiputado, Juan Fraile,  me llevó hasta el Hotel Victoria, que fue del poeta alemán y praguense. El Victoria rondeño de hogaño pertenece a la Cadena Catalonia que me acoge, con sumo afecto de su personal, en Bruselas todas las semanas.

En Ronda estuvo Rilke, encerrado, escribiendo en un ambiente que le llenaba, por más que hizo un intento de suicidio.

Toledo también le interesó mucho. Además de El Greco le privaba Zuloaga, del que, por cierto, se da en Francia ahora como gran noticia, lo que yo ya conocía en fuentes originales, que la familia de este pintor vasco medió para que se acogiera en España al escritor, colaboracionista y filonazi, Céline; asilo en Zumárraga (Guipúzcoa) que impidió un ultimátum de De Gaulle a Franco.

El paso de Rilke por Ronda es de Diciembre 1912 y  Enero siguiente. Hace, pues, el siglo exacto.

No puedo sostener una conversación con mis colegas alemanes sobre la deificada gloria  de sus letras. En España los seguidores de Rilke fueron, entre otros, Cernuda, Vivancos, Panero, Valverde, Rosales, Ridruejo...Y, más cerca por el tiempo, el paisanaje y la profesión de abogado, Alberto Zurrón, que ha dado a la estampa varias publicaciones de calidad y presidió una asociación española rilkeana.

Ya bien siento no gozar del poeta en toda su matizada dimensión pues, aunque las traducciones hayan mejorado mucho, hay una frontera idiomática rítmica de arduo franqueo, que es naturalmente mucho menor con su prosa, también de extraordinaria calidad.

Alemania es incuestionable país líder europeo y se dice con metafórica propiedad que nos está ganando una guerra financiera sin divisiones militares, cambiando muertos y heridos de los tradicionales campos de batalla por los no menos numerosos parados, heridos con la gangrena social del hambre, el malestar social y la desesperación.

La lengua que el imperio imponía en la guerra convencional, como ocurrió con la propagación forzada del español, el inglés o el francés, en los tiempos del colonialismo, ha dejado de ser una divisa obligada. Alemania manda pero el alemán retrocede.

Nos acaba de ganar, no obstante, la batalla de las patentes, quizá sea ésta una victoria en retirada para la lengua de Goethe; la última, o de las últimas. El ponente parlamentario, mi amigo Rapkay, ha reconocido, en el debate, que, como bien sabemos le ocurriera también a Mozart, le gusta más el italiano que su propio idioma. Incluso el que hayamos tosido por las arbitrarias preferencias del alemán y del francés, con  la vehemencia que lo hicimos de consuno los españoles del PP y el PSOE, revela que ese dominio está en crisis. Antes, los filósofos, los  teólogos, los profesores de Economía y Medicina, los juristas, los críticos, querían comprender mejor, en su escritura original, a Marx, a Kant, a Karl Rahner, a Savigny, a Ihering, a Kelsen, a Adorno, a Freud, pero esa moda ya no es, o ya finiquitó ha poco...

Cuando en 2004 vinieron a la UE los primeros países del Este pude constatar contra las informaciones, o deformaciones, previas que los nuevos europeos tenían escaso interés en la lengua alemana.

Somos menos españoles europeos que alemanes, o franceses, o italianos, aunque la pujanza del español en el mundo, fuera de Europa, es evidente, incluso el portugués emerge con esa retaguardia tan mallada de Brasil, y también de Angola; no así el alemán, en total recesión, pese a ese gran poeta, Rilke, cuya escritura sigue con fuerza y que me gustaría leer y conocer mejor.



5 comentarios:

Anónimo dijo...

No hagas por mí milagros.
Da la razón a tus leyes
que de generación en generación
se tornan más visibles…

Gran poeta, mi padre lo leía en alemán.

Decía don Ignacio de la Concha que los españoles éramos afro/europeos, posiblemente sea cierto. Yo, que poco he salido de España, me siento cosmopolita, europea, pero no siento lo mismo en lo que me rodea, más bien siento africanismos…

S.P

Anónimo dijo...

Mucho más influyente que Rilke es Baudelaire,aunque sea del XIX su gran influencia es en el XX. También St. John Perse.

JIGN

Anónimo dijo...

Sin duda escierta la barrera delidioma para comprender toda la sensibildad De Rilke que a mî también me interesa mucho.JPB

Anónimo dijo...

Es 2004,no naturalmente 1904,la fecha en que los primeos paîses dl Este entran el la UE(Polonia'Hungría,Chequia,Eslovaquia,Eslovenia,letonia,Lituania y Estonia)

Anónimo dijo...

yo no pondría a Cernuda como seguidor de Rilke.Lo conocía y estimaba,pero como poeta iba por otros rumbos.En cuanto a Luis Rosales,era demasiado burro para ser rilkeano.Sí daba mucho la murga con Rilke el impresentable Torrente Ballester,que era un pedantín de enseñanza media con pretensiones.JIGN