sábado, 8 de diciembre de 2012

De Sandy, Escocia y Cataluña



Aquí, Bruselas

Ha desaparecido un gran islote llamado Sandy en los mapas más detallistas. A este topónimo de nuestras antípodas no le sucedió como a Riaño, el pueblo leonés sepultado por las aguas del pantano, ni a la Atlántida, enterrada en el mito literario, que tanto propaló Platón.


Sandy era una isla de Oceanía que salía en cartas marinas y hasta en la precisa Google Earth, pero fue solo mera ilusión virtual, esfumada luego cuando unos aventureros quisieron realmente poner el pie colonizador sobre su piel, inexplicablemente aparecida y desaparecida, pintada y despintada, como los ángeles bíblicos y los espejismos. El escritor francés Jean Cau, taurófilo, habla de un matador legendario llamado Frasquito del que varios limpiabotas sevillanos le aseguraban haber sido su mozo de estoques pero que probablemente no haya existido.

Hace semanas hubo el revival de una película que se proyectó en el entrañable Cine Ayala, "El hombre que nunca existió", una magnífica leyenda/realidad, denominada en clave "carne picada", de un supuesto aviador que la Royal Navy hizo caer sobre las costas onubenses con documentación, destinada a despistar a los espías alemanes, sobre el desembarco, en preparación, de Sicilia, que haría pensar en Cerdeña y Balcanes. El guión era apasionante y aleccionador en la España de entonces. Retuve de aquella que el  cadáver del que la Marina británica se había servido era el de un joven fallecido de pulmonía días antes en St. Barts, el hospital londinense, en que Eloina, mi mujer, médica, hizo prácticas de resonancia nuclear magnética, y que también sale con Sherlock Holmes. Cuando el protagonista, un soberbio personaje, circunspecto, da las gracias, en nombre de Su Majestad, por la cesión del cuerpo del "Hombre que nunca existió", recibe del entristecido padre una lacónica respuesta, que durante años me resultó enigmática e inolvidable: "No me agradezca nada: somos escoceses". Ni siquiera esta referencia del texto narrativo es cierta, pues  parece que se trató de un solitario vagabundo galés.

En los ascensores de Brubru/Estrasburgo, en los que siempre obtengo información nada desdeñable, David Martin, mi buen amigo escocés, me refiere, lo mismo que me había dicho Ed McMillan Scott, sobrino-nieto de Lawrence de Arabia, que lo más probable es que Escocia no vote por la secesión, en la convocatoria de 2014,pero siempre existe el riesgo.

Los referéndums están cargados por el diablo como ocurrió, contra pronóstico, al gran De Gaulle o al miserable Pinochet. Un joven del que mucho me fío me concluye seguro,"si hay referéndum es porque a los ingleses les importa un bledo Escocia", algo de eso sucedió también con la separación entre Eslovaquia y Chequia, que aún no estaban, ni Bratislava ni Praga, en la UE.

Ojalá que la sombra de la secesión catalana se haya difuminado, más si cupiese que Sandy o Riaño o "carne picada" aunque el único eurodiputado convergente, de Mas, -pues hay otro, de Durán, que no quiere seguir a su colega en sus constantes exabruptos-, permanece según él mismo me dice, mientras no recuerdo si subíamos o bajábamos, más animado que nunca "en la consulta soberanista"

En "La Vanguardia", que tan buen producto periodístico era, antes del actual vergonzoso control censor de la Generalitat, se ha colado, no obstante, la avocación de Joan Sales, un intelectual republicano y del que, autor de Incerta glòria, reproducen dos citas; impactantes, viniendo de un escritor nacionalista moderado:

-"Desde hace 500 años, los catalanes hemos sido unos imbéciles.¿Se trata, pues, de dejar de ser catalanes? No, sino de dejar de ser imbéciles"

-"Es deplorable que nuestros estados de ánimo dependan tan estrechamente de algo que, como el hígado, es bueno como máximo para hacerlo con cebolla de cerdo"

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy buenas las dos referencias finales a Cataluña