sábado, 6 de octubre de 2012

El bidé de la emperatriz Sisí



Mucho me presta leer a Juan José Millás, al que conocí compartiendo homenaje universitario vetustense con Ángel González, cuando el poeta se nos terminaba. También lo ví un poco antes, creo, mientras popularizaba un valiente libro en defensa de una concejal ponferradina acosada.

Es un tipo que bien merece la Academia por la prosa de sus columnas, como sucediera con Umbral, aún más si cabe que por su novelística. Ahora se ha fijado en los retretes casi a la vez que Sosa Wagner, mi buen amigo, colega bruselense, los hace protagonistas de otra genial elucubración literaria. No recuerdo si leí en Gómez de la Serna, Camba u otro de semejante ingenio, el contrasentido, visto con ojos de hoy, de que la Granja de San Ildefonso tenía no sé cuántos cuartos sin retrete. José Bono, en su excesivo libro de comidillas, asegura que Pujol le consideraba por haber conseguido retretes para todas las casas manchegas. Preocupación muy catalana pues el Alcalde Clos recomendaba a los barceloneses que salieran por las mañanas "bien pixats y bien cagats".

Recomienda Juanjo una exposición donde se exhibe el bidé de Sisí, que, para los españolitos de mi tiempo, se asocia a Rommy Schneider, con su carita traviesa y rompedora de la encorsetada monarquía imperial de Francisco José. Precisamente en el vienés Palacio de Schönbrunn, que fue de Sisí, representé tiempo ha al Parlamento Europeo en una reunión de trabajo de ministros del interior. Entré al servicio, antes y después de mi turno de palabra, pero no recuerdo el bidé, que quizá se lo habían llevado a peregrinar de exposiciones, como me descubre la columna que no por horizontal y tumbada pierde su carácter pedestal en la mejor tradición periodística.

Según me refiere Rafael Fernández Tomás, Rommy quiso asistir, en México, a la fundación/presentación del Partido Socialista de los Trabajadores, hoy en el PRD, acompañando al escritor Carlos Fuentes, pero increíblemente el guarda no sabía quien era y no pudo franquear la puerta.

El artilugio del bidé parece que tiene su aquello, pues con el Código Hays, precedente del obseso senador McCarthy, se evitó, que en el atrezzo figurasen camas, si había cerca amantes, y ¡bidés!

En un clásico Hotel de Coral Gables, frecuentado, decían, por fantasmas y artistas, los bidés desaparecieron de repente.


En André Maurois y en tantos franceses, escritores y establecimientos, el retrete y el lavabo están en piezas diferenciadas.

También resulta ahora cómico que hayan adquirido valor los retretes subastados del solitario  J.D. Salinguer y del escabroso y siniestro Céline, genios de ambas orillas del Atlántico. Como reclamo se llega a afirmar que "El guardián entre el centeno" se escribió en el toilet, que igualmente fue lugar para inspiración de Rimbaud, que pasa por el mejor poeta de todos los tiempos y las literaturas.

En el Museo de Estrasburgo ví la obra de Marcel Duchamp, cuya representación mayor es el retrato del retrete.

La Sisí contemporánea fue Diana de Gales con sus sufridos y públicos desamores. Puedo dar fe de que, en su famosa finca de Highgrove, que visité junto a Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, el Príncipe Carlos, cuando vivía aún Diana, tenía al lado de la taza toda una pila de cómics de cómo ha de usarse cada elemento de tan escatológico lugar (cadena, escobilla, tapa, papel, bacinillas...).




twitter: @Antonio_Masip

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