jueves, 6 de septiembre de 2012

Mira qué luna




Ya me he referido en alguna ocasión a "Un pequeño paso para el hombre, pero muy grande para la Humanidad" divisa que mucho me sugirió, en los tiempos en que volví a andar tras mi segundo ictus de Octubre de 2006.



Comprendo y admiro, pues, a Neil Armstrong que acaba de morir.



Eso de los pasos, aunque sean los irresponsables principescos, sujetos al cielo, de la calderoniana "La vida es sueño", obsesionan todo mi ser. Diariamente veo a muchas mujeres en zancos, cuyo equilibrio parece bien inestable. Todas son más o menos jóvenes, pero inmunes han de creerse a una lesión, que precisa prótesis, como la mía. Me consta que ninguna de esas cotidianas equilibristas, cada vez más osadas, ha padecido mis males. Sí los ha sufrido Dimitri Atapine, recuperado con maravilloso esfuerzo, primer cello de la Orquesta Sinfónica de Asturias (OSPA), al que encontré subiendo las doscientas escaleras de la Cuevona de Ribadesella para el magnífico, de voces y escenario, concierto estival de Moisés Molín y Dolores Granados.



De Armstrong y su paso alegórico se ha ocupado de nuevo medio mundo. Poco se ha recordado, sin embargo, el doble saltito, agarrado a la escalera, de E. Aldrin, el segundo astronauta, que mereció un comentario de Jesús Hermida sobre su entusiasmo heterodoxo. En su blog de colaboradora de La Nueva España, Esther García, siempre atenta a lluvias de estrellas y "Nueches Blancas", aunque, en ocasiones, me resulta difícil de seguir, se plantea, tal el mismo medio mundo, Ónde taba yo.



En cualquier caso, fabuloso me ha parecido, ahora y siempre, Ladislao de Arriba- Ladis o Juan Azcona- al que Armstrong contó personalmente, su accidente en la ducha casera, para quitarse el olor lunar, donde se habría fracturado el brazo de un resbalón, sin, por supuesto, la atenta vista universal que tuvo, horas antes, en el satélite.



Armstrong quizá debió ducharse sentado desde la semana que siguió a su Luna, como lo hago yo, después del ictus; Dimitri, por su cuenta, toca su música maravillosamente en esa posición, antes y después del suyo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta muy bien. Hay una errata. El tio se refiere a Vladimir Atapin. El hijo también cellista vive en Usa y es el director del certamen de Ribadesella es el que se llama Dmitri Atapin.

Joy

Anónimo dijo...

lo que más me emociona es imaginarme la Tierra desde el espacio y ver la imagen del primer amanecer terrestre desde el Apolo VIII. También creo que era lo que más les impresionaba a los astronautas. Cuenta Oleg Makarov, tras escuchar las grabaciones de las comunicaciones que los astronautas tiene en las misiones, que apenas hablan: bastan cinco o siete segundos para expresar las ideas más complicadas, pero cuando la Tierra aparecía por primera vez ante sus ojos, las explosiones emocionales provocaban intensos comentarios "de promedio cuarenta y dos segundos”.

JAR