lunes, 17 de septiembre de 2012

El cabinista siempre todavía



Tuvo que morirse Armando Méndez Magadán para que la necrológica de Luis J. Ávila me revelara el autor de la columna El Cabinista en Región, periódico ovetense desaparecido hace ya mucho.



Hasta ahora pensaba que ese artículo diario, lleno de surrealistas diálogos con anónimos comunicantes, quejosos siempre de menudencias de la cotidianeidad, se debía a Segoma, otro periodista que firmaba con acróstico su colaboración llamada "Paella".



A Segoma lo veía yo escribir el mediodía anterior en la barra de Alvabusto, luego Logos, en la calle San Francisco. Llegué a suponer que era una forma de distribuir doble juego del director Ricardo Vázquez Prada, "Tomasín", desde su trono de "Gotas de tinta", en la última plana.



Una vez más me confundió mi exceso de imaginación. En cualquier caso me acordé de El Cabinista cuando llamé a Eon, la empresa que distribuye la red eléctrica a mi distendido Castropol.



-Quiero que el recibo figure al nombre de mi mujer, o al mío, pues el banco lo ha rechazado y ustedes amenazan con cortar la luz.



-De acuerdo, caballero. Esta conversación se va a grabar para control si no tiene inconveniente.

-Sin problema, solo quiero el cambio de titular que llevo reclamando quince años.

-Nombre del titular anterior.

-Creo que C...T...P...

-¿Cómo cree?

-Sí, porque nunca la conocí. Compramos en el siglo pasado a sus herederos.

-¿Me decía usted Castropol, Asturias?

-Pues yo había avisado al Banco y siempre se pagaba, pero hay nueva interventora y me ha dado los datos rogando vaya a mi nombre o de mi mujer, pues ni siquiera pueden encontrar ahora el recibo rechazado el mes pasado.

-Verá, caballero, nosotros funcionamos con normas y no podemos dar de baja a esa titular sin su consentimiento expreso.

-...pero si está fallecida...

-En ese caso proporciónenos certificado registral de defunción.

-Mire soy abogado, sé que el Registro Civil es público, pero Doña Carmen, a la que jamás conocí, falleció probablemente en la zona de Valencia, desde luego el siglo pasado.

-Pues la norma es la norma. No interesa ni vale certificado del Registro de Propiedad si no me trae el de Defunción y su D.N.I.

-El mío, lo tengo.

-No el de Carmen T.

-¿Y qué pasa si no los consigo?

-Pues que corre el riesgo de que le cortemos el suministro.

-Por favor...

-Es que usted será abogado pero se niega a cumplir la norma y no lo quiere entender.



Y el lacónico final de El cabinista/Magadán:



Y colgó.



Un par de horas luego, para aproximar el sucedido aún más a André Breton y Compañía, llegaron hasta mí unos operarios, encargados de las emergencias de Eon, que amablemente preguntaron por Doña Carmen T...Como quiera que uno de los hijos de esta buena señora es un notable escritor le llamé para hablar del fugaz resurgimiento de su madre, de aparición necesaria aunque fuese en búsqueda de alta para luz ajena.

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