sábado, 11 de agosto de 2012

Panorama desde el Puente


¡Merkel/Draghi, ya les vale!
En el reciente curso europeo de La Granda recordé el título de Arthur Miller, Panorama desde el Puente, frase que mi buen amigo José Ramón Herrero Merediz utilizó para definir mis nuevas tareas europeas cuando fui elegido diputado por primera vez, en un puesto que él mismo ostentó con tanta dignidad en la legislatura provisional de  1986.

Por supuesto, nada que ver el drama de Miller con mi trabajo, aunque no dejo de contemplar el panorama de la inmigración que está más que complicado en tiempos de crisis.

El Puente, mi Puente, nada que ver tampoco con el de Brooklyn, común a Miller y Woody Allen, que, no obstante, se conocieron en Oviedo, por los buenos oficios de Graciano García. Mi Puente, que veo constantemente estos días, es el que separa, o mejor, une a Asturias y Galicia, cuyas bodas de plata acaban de conmemorar los Alcaldes de Castropol y de Ribadeo en las páginas de este periódico. Sencilla pero trascendental efemérides con la presencia de su autor técnico, Ignacio García Arango, que se acaba de jubilar.

Nacho pertenece a la última estirpe de ingenieros humanistas en cuyo clan bien conocí antes a personalidades como Don Salvador de Madariaga y Juan Benet y aún Leopoldo Calvo Sotelo, que tan vinculado está al logro del Puente. A no olvidar que el primer premio Nobel español, Echegaray, era también ingeniero de caminos.

En mi primera semana como Alcalde bien recuerdo la entrevista que me reclamaron conjuntamente Luis Galguera, San Martín, Paco García Mata, Suárez y algún otro para despejar los accesos de la ciudad, todavía pendientes de circunvalaciones, rondas interiores, circuitos y suministros de agua y caminos de hierro. Rumiaba entonces yo el sueño de mi padre con la autopista y un Oviedo sin cortes de agua agosteños. Faltó Nacho aquella mañana pero he seguido siempre muy de cerca sus ideas y desarrollos con esa nota de jovellanismo, incluso clarinismo, que siempre puso en su trabajo de vanguardia.

Estamos en tiempos de restricciones pero, sin oportunismo, hay que saludar los 25 años del Puente de los Santos y del inicio de los viaductos que siguieron, y siguen terminándose, para superar la ancestral incomunicación del Occidente astur. A la vez no deja de hacerme sonreír aquel ridículo acuerdo, por unanimidad, de la Junta General del Principado de suprimir el nombre de La Regenta, a un puente que, con escultura alegórica de Miguel Ángel Lombardía, es otra magnifica obra ingenieril.

Europa, cerca o lejos, no es la única cuestión, pero ayudan los Puentes y los ingenieros.

Mejor, que sean humanistas si cabe.

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