sábado, 21 de julio de 2012

Matute en Semana Negra

Cuánto me ha alegrado que la gijonesa, pero internacional, Semana Negra, tan en globo el pasado año, no haya desaparecido.
Un nuevo tanto de Taibo II y Cía (Paraja, La Calle, Fajardo…) fue la presencia estelar de la siempre grande Ana María Matute, mujer que ha sufrido mucho frente al reaccionario machismo acosador. Sentí, en su día, que su primer intento de acceso a la Academia fuera contra Ángel González, con el que yo estaba más aún. El paso del tiempo la recuperó luego para la noble casa del español. La novelista barcelonesa reitera que su obra tiene poco que ver con el género negro al que, no obstante, considera. Y entre las anécdotas que ilustran la muy buena entrevista de J. L. Argüelles, la escritora se refiere a un muñeco que conserva sin ojos, que me conmueve especialmente. Mi padre, por miedo a que sus hijos tragáramos los ojos nacarados cosidos de los juguetes de trapo, los arrancaba haciéndolos desaparecer preventivamente. Así llegué a creerme que la paternal mutilación de aquellas representaciones lúdicas no era para evitar la invaginación, sino para resaltar que, en efecto, por doblemente ciegas, debíamos cuidarlas con mayor atención y piedad.
Nada que ver con la dura ceguera generalizada que noveló Saramago, o aún con la de algún pasaje del torturado Miguel Strogoff, personaje de la cuadra Verne, y menos con la antagonista de Sinfonía Pastoral, de André Gide, en apariencia sencilla, que nunca comprendí del todo.
En este mundo ciego, sin Reyes ni juguetes tuertos, parece que, esta vez al menos, las decisiones últimas no nos llevan a camino alguno. El trino superministro de la cosa económica, transformado por revuelta fusión fría en Don Cristobita de Guindos y Margayo, antes de meterse en supuestas adaptaciones europeístas convendría se hubiera leído “Alicia en el País de las Maravillas”. Así cuando el gato, a la pregunta de “¿Podría decirme el camino que debo tomar?”, contesta “Eso depende en gran medida de dónde quieras llegar”, a lo que Alicia continuaba “No me preocupa mucho dónde…” y el gato de Cheshire sentencia en plan Séneca: “Entonces, poco importa el camino que tomes”.
Ana María ha fabulado maravillosamente sin desconocer la deliciosa obrita filosófica de Lewis Carroll; lo que pongo en duda, en este instante errático de nuestra España, víctima de otro tipo más agresivo de negras semanas y viernes de dolores, es el plan de ruta de recortes sobre ajustes anteriores. En cualquier caso, aborrecible que el equipo de mando no cese de inmediato a la diputada palmera que grita soez y sádicamente a quienes más sufren esta ausencia de brújula.
Salpimentar de novela negra para desenmascarar tanta intriga y desatino sueltos podría ser balsámico para, por lo menos, atar cabos que enderecen la trama de semanas de negra… agenda.

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