sábado, 28 de julio de 2012

Llambiadas pravianas

El dulce de guinda brillaba...
(comienzo de Helena o el mar del verano)


Pravia, que tan buen alcalde dirige hoy, es para mí un mito infantil, asociado al jeroglífico del Rey Silo. Si Oviedo fue capital de España, se superponía a que lo habían sido Cangas de Onís y Pravia. Es conocido el camino de la capitalidad española: Cangas-Pravia-Oviedo-León-Valladolid-Madrid-Valladolid-Madrid, que un día quise se desandara de nuevo en salto a León, lo que no sólo hubiera descentralizado la corte, al margen del pernicioso «café para todos», sino que buscaba incidir, por mi parte, en reclamar general compensación para el noroeste por el ventajismo ancestral del triángulo del desarrollo, escorado en exceso al Mediterráneo.


Hacer de Bruselas/Estrasburgo capital, concesión de parciales soberanías nacionales, forma parte de la música ambiental, no siempre de manantial sereno, que diría Machado, de mi trabajo cotidiano, como razono en mi último libro en tándem con Pablo Sánchez, «La chica».


Ahora mi gran amigo Jesús Arango, ese sí siempre clarividente, acaba de recopilar sus trabajos socioeconómicos y un libro entrañable sobre los postres pravianos, con el solvente sello KRK.


Bien recuerdo la praviana Casa Sagrario, que Jesús destaca, pero la filigrana del libro es inmensa y detallada en la labor de las reposteras de su infancia y adolescencia que ahora recupera con su fino sentido investigador, cuajado en tantas peroratas sobre la economía, que no deja de ser la mejor utilización de la cocina y de la despensa y, cómo no, de paso, los ingredientes para un buen postre o llambiada.


Jesús hizo armas políticas como consejero del primer Gobierno autónomo, de Rafael Fernández, en el que le acompañé, y en el segundo, de Pedro Silva; luego pasó por los ministerios de Agricultura y Trabajo, como alto cargo, siendo titulares Carlos Romero y Luis Martínez Noval.


Entonces, y siempre, me ha parecido que es personalidad de calidad y referencia, «à la page», que dicen mis colegas de la dulce Francia. ¿Dulce, he escrito? La situación francesa no es esa clásica exactamente, pues a la aparente estabilidad de su economía y de su política le afecta un negro nubarrón interior en su enorme -¿hasta cuándo controlable?- gasto público en su errática Administración tan pagada de sí misma. A reconocer, en cualquier caso, que vislumbra mejores esperanzas y arrestos políticos y económicos que los nuestros.


En pleno verano, bien recuerdo, sin embargo, que mediado el invierno suelo esperar la noticia de los cerezos y los almendros de Somao y de Muros de Nalón que Jesús y su mujer, Clemen, me remiten invariablemente por la red. Felicidad fugaz y relajada que no deja de inquirirme si personas de esa altura pueden permanecer en su solar praviano sin influir decisivamente, al menos en apariencia, en los complicados vericuetos de hogaño.


Me he de acercar a Pravia, quizá a Casa Valdés/Balbona, con el libro de las llambiadas a mano. También a algún amigo francés, pues sé que allí están, como decía, hambrientos de dulzura necesaria, y nosotros, a su vez, de lo mucho que necesitamos a Francia como socio que ponga en su sitio a Merkel, que quiere las llambiadas sólo para sí.

1 comentario:

Anónimo dijo...

1. Hollande está siendo agua bendita.... ojalá lleguen a un acuerdo bajo la unión política+fiscal que desea Merkel para ceder soberanía y la unión bancaria y los eurobonos de Hollande.
2. Además del triunvirato (Margallo, Guindos y Montoro) no hay que olvidar a Soria. Es Técnico Comercial del Estado y estuvo en el gabinete de Carlos Solchaga en el ministerio. Está poniéndose de perfil, pero también quiere jugar sus cartas (yo creo que en clave sucesoria...)
J.