sábado, 19 de mayo de 2012

Un punto de Justicia para Manolo Ponga


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Hace años convoqué a mi despacho bruselense a Javier Moreno, entonces representante de El Musel en Bruselas-Rotterdam, con el que mantuve una productiva y bonísima relación. Mi pretensión de aquella mañana era sondear la incorporación de los cruceros, además de la Autopista del Mar, que ya vislumbrábamos, a las ofertas del puerto gijonés. Supe de aquélla que las iniciativas de viajeros se orientarían hacia Avilés, donde el gran impacto del Niemeyer se intuía imparable. Ahora leo que un consignatario hace justicia a Manolo Ponga, que propugnaba para su puerto esos cruceros en los que yo soñaba también.

Enseguida, me acordé también de una antigua reunión de Cadasa en que Manolo planteó que la ría de Avilés debería discurrir limpia en menos de 20 años. Sería en 1983 y a mí, que había conocido el baño en San Balandrán y la pesca infantil de panchos, me pareció una idea maravillosa pero utópica. Manolo, sin embargo, había vivido junto al Támesis de Dickens, y se pronunciaba con la seguridad de quien tiene fuertes convicciones, que, desde entonces, seguí silenciosamente pero muy de cerca, lo mismo que con Santiago y Pilar, sus sucesores.

Avilés como puerto limpio y cultural, además del necesario trabajo vocacional y fabril, es una esperanza para la actividad y la innovación europeas y bien me gustaría fuese un firme objetivo de mi querido pariente Raimundo Abando, al frente de la Autoridad Portuaria, por encima de todas las sombras y polémicas que tanto han dolido en el mismo ser de una Asturias que despuntaba. Lamento, en cualquier caso, que a presión de CiU, en 1996, el Gobierno Aznar cedió los nombramientos de las Autoridades de Puertos del Estado, que hoy se ve como auténtico atraso descoordinador.


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